Lirica libre, el lugar de las letras de un escritor novel que día a día, trata de ser mejor...

Esta es la historia de un hombre que continua luchando contra su destino... Y confia en que vencera.
Mostrando entradas con la etiqueta Novela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novela. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de febrero de 2013

Simplemente. Cap. 1: Inconcebible

Capitulo Uno: Inconcebible.


Él se encontraba tamborileando con los dedos una tonada de batería de un grupo de Tijuana. Esta clase duraba una hora nada más, y aunque aun estaba en el llamado “tronco común”, no le parecía del todo vital para su formación académica-profesional. Con la diestra llevaba el ritmo de la melodía, la izquierda hacia segundas nada más, realmente no era lo suyo, pero claro, no se iba a poner a tocar un “bajo de aire” en medio de la clase. No importaba que estuviera sentado hasta atrás, se le hacía muy bajo (valga el termino tan multifacético) estar “jugando a ser músico” a cada rato. El tocaba por amor, no para llamar la atención. Por eso había elegido ese instrumento y no la guitarra.

No se dio cuenta de cómo, mágicamente y sumido en sus pensamientos musicales, la clase ya tocaba a su fin. Reconfortante. Una hora que se iba volando sin mayor esfuerzo, ojala así fueran las cosas aburridas de la vida: siempre.

Se levanto de su asiento. “Escupió” la pluma que era prisionera en su boca, por cosa de centímetros no se cayó de la paleta de su banca. Todo está empezando a marchar bien atino a pensar al ver que el día, de algún modo, se acomodaba nuevamente. No empezó del mejor modo, pero mejoraba. Alegre de que tal vez no fuera otro días gris, se estiro con ganas y emitió un gruñido seco, cruza del movimiento y la satisfacción. Incluso cerró los ojos, complacido. Habiendo estirado todos los músculos que pudo unos instantes, languideció para terminar, como si solo su columna vertebral lo sostuviera, como una especie de espantapájaros. Una vez hecho el estiramiento matutino, se rasco el cuello con pereza y se dirigió hacia la puerta del aula.

Al salir el aire le dio de lleno en el rostro de una manera refrescante. El sol brillaba con dulzura, no quemaba pero si daba el calor, perfecto simplemente. Con media sonrisa dibujada en el rostro se acerco a la barda para poder observar hacía el patio central y sus jardineras. Justo al poner ambos codos en la barda de cemento, se escucho un timbre (tal vez campana, ya no entendía cual era la diferencia, al menos no con los aparatos modernos). Con movimiento lento, saco el celular de su bolsillo. El celular le servía bien poco para las nuevas tecnologías que estaban en boga, pero algo muy importante para él y su celular con 16 GB de menoría, era la música. Realmente a veces pensaba que más que uno de esos celulares modernos con montones de aplicaciones sin sentido, era solo un walkman/disckman enorme, a veces un reloj, y en una que otra ocasión un celular.

—Vaya, ya son las diez —dijo para sí mirando la hora en la pantalla de su teléfono—. ¿Qué clase tenemos ahora?
—Ninguna —le contesto a su lado una voz de mujer.
—Oh, tenemos hora libre entonces…
—Así es Marley.
—Bueno, creí que ya había comentado que no me agradaba que me dijeras ni tú ni nadie así…
—Los apodos nos lo eliges, esa es la idea en primera —replico ella con voz socarrona—. Además es mejor que el otro. ¿Qué prefieres? Marley o ben…
—¡Para ya! —Exclamo el chico mirándola a los ojos—. El otro suena todavía peor.
—No es nuestra culpa que seas…
—Dafne —le interrumpió—. Por favor, dejémoslo en Damián —desvió la mirada con molestia y dijo casi en un susurró—, o en Marley.
—Mira, yo no te puse Damián. No está mal, es un buen nombre chico —al halar se acerco más a el y le puso una mano en el pecho—, pero, era inevitable que viniera acompañado del “apellido” —al decirlo, hizo comillas con la otra mano—, y más si eres músico. Piénsalo, es lo lógico —de manera juguetona deslizo la mano del pecho hasta el cuello para juguetear con sus rastas.
—Creo que ya habíamos hablado de eso… y de esto —con delicadeza tomo la mano que estaba entre su cabello y la puso en la barda de cemento.
—Eso dices ahorita —dijo ella con una sonrisa burlona—. Pero después vendrás corriendo a mi Marley.
—No niego que seas una mujer hermosa —aunque sus palabras trataban de ser halagadoras, sin querer, el tono era burdo y carente de sentimiento—, pero no eres…
—¡Sí, sí, sí! —Exclamo haciendo los ojos en blanco, molesta—. “No eres la mujer que estoy buscando”. Nada más falta que me des las gracias, que manera de ser tan poco sensible Marley.
—¿Insinúas que debo tratare con más dulzura? —pregunto mordaz.
—Solo digo que, darle pan a quien tiene sed, no se vale —dijo la chica apartándose un poco de él.
—Bueno, yo solo digo, que es incomodo pedirle peras a un olmo.
—Siempre debes de tener palabras tan creativas para responder a todo ¿No?
—Espero no interrumpir nada.
—No, no te preocupes Bea. Ya me iba yo de todos modos —dijo molesta la chica.
—Discúlpame Dafne, solo me lo llevo un rato para que me pague un favor y es tuyo —la morena sonreía al hablar.
—No, de verdad ya me iba —paso junto a ella y suspiro resignada—. Todo tuyo Bea, como siempre.
—De verdad no me tardo Dafne. Gracias.

Amigo y amiga vieron como la otra mujer se alejaba por el pasillo. Ella pensó justamente, que solo otra mujer entendería esa manera de andar, decaída, derrotada. No era su intención vencer a nadie, y menos por los motivos que ella se imaginaba, pero tampoco sentía justo el tener que mantenerse a la distancia. Realmente ningún camino llevaba a un final feliz para todo, tal vez por eso en el fondo, no se preocupaba.

—Bueno, vine a recibir lo que merezco —dijo ella mirando su amigo a los ojos.
—En el fondo me agrada, pero es muy rara —tenía la mirada perdida, la cabeza en otro lado, estaba ausente, como siempre.
—Damián —dijo con voz cantarina. No de esas que hacen burla o que suenan hirientes, más bien parecido al trinar de un pajarillo. Era alegre, casi como para despertar.
—¡Ah! Sí, aquí estoy Beatriz —entonces el chico clavo su pupilas en las de ella—. Gracias, me la quitaste de encima, una vez más.
—Lo hice sin querer, realmente no pensé que interrumpiera algo, después de todo ya le habías quitado la mano de tu cabello —una mujer honesta, quizá la única de mi vida atino a pensar Damián mientras veía en el rostro de su amiga, algo parecido a la vergüenza.
—No pasa nada —sonrió al ver que ella se relajaba un poco—. Y gracias por cierto.
—Me parece grosero que me agradezcas eso.
—No. Te agradezco que me llames por mi nombre y no por… uno de mis tantos apodos.
—Bueno, Marley no está nada mal y Bendito…
—¡No lo digas Beatriz! —más que exclamar parecía suplica.
—Ese apodo es como de tú banda para contigo —dijo ella inmutable ante las palabras de su amigo—. Además, te conozco desde hace más tiempo, no creo que puedas dejar de ser Damián para mí, es como imposible —dijo encogiéndose de hombros.
—Por eso gracias —la sonrisa de su rostro era honesta, ella y él lo sabían y eso, era lo que importaba.
—Bueno, no perdamos el tiempo —dijo como si nada hubiera pasado y lo remato todo con su característica sonrisa perlada—. ¡A comer! — al gritarlo alzo ambas manos, llena de energía y alegría.
—Estas totalmente loca —dijo divertido y le paso el brazo por los hombros, cual camaradas—. Anda, vamos a comer.
—Y tú vas a invitar —señalo la muchacha morena, sin quitar esa sonrisa radiante de su rostro.
—¿Tú nunca cambias eh? —cuestiono el de rastas, mirándola a los labios, a sus perlados dientes, a la emoción que le causaba verla tan contenta siempre.
—Pues tal parece que no —dijo ella alzando sus cejas—. Al menos aun no.
—Está bien, yo invito —espero que en verdad nunca cambies. Realmente eso era lo que quiso decir, pero le bastaba con lo de la comida.

Realmente aunque el edificio formaba parte de los lugares a los que podían ir y estaba justo enfrente de su aula, jamás se habían tomado la molestia en voltear la mirada siquiera a sus ladrillos y bardas de cemento. Siempre le había parecido a ella tan distante, tan lejano, sobre todo tan sin importancia en su vida y sin la necesidad de ser tomado en cuenta.

Y ahora estaba allí, subiendo las escaleras, temerosa y con la vergüenza dibujada en todo el rostro por estar teniendo una “aventura” así de loquilla.

—No te quedes hasta atrás —espeto la líder—. Ivette, tenemos que apurarnos el descanso no es eterno.
—Tenemos clase de historia, el profesor es más tolerante con los retrasos…
—¡Ay Camila no importa! Tenemos que aprovechar lo más que podamos.
—Es un poco exasperante, pero es una buena chica —dijo Mariana a Ivette con un volumen confidencial.
—Está loca —respondió Ivette sin tratar siquiera de modular la voz—. Y aun así se que tienes razón
—¿Dónde carajos es psicología? —dijo desesperada la líder.
—Apenas es el segundo piso Melissa, por favor —le recrimino Ivette, algo irritada—. Este lugar es de 4 pisos…
—Psicología es más arriba morrita —dijo una chica que iba bajando las escaleras, y casualmente pasaba a su lado—. Bueno, los primeros semestres son allá arriba, hasta el tope —no detuvo su andar, es más ni siquiera volteo a verlas, simplemente señalo con el pulgar hacia arriba.
—Vaya perra —dijo en un susurro de furia la líder.
—Disculpa —la tímida Camila se le acerco—. ¿Ustedes llevan estadística?
—Pues sí, los primeros semestres —para sorpresa de todas, la muchacha se detuvo y les prestó atención—. ¿Por qué?

Fue hasta ese momento que Ivette se percato de ella realmente. Era una mujer de tez clara apiñonada. De un rostro atractivo y de rasgos suaves, no era precisamente hermosa, pero era sugerente, muy atrayente. De complexión delgada, de pechos discretos y de amplias caderas. Aun así todo resaltaba en ella. El pelo largo a la cintura tenia rayos rosados y azul metálico desperdigados por toda su extensión. En la nariz llevaba un piercing brillante como diamante. Un pantalón a la cadera mostraba su mayor atributo y claro, para compensar la discreción del otro una entallada ombliguera, no tenía un abdomen plano, pero aun así lucía increíble.

—Como una especie de rockstar —dijo Ivette para sí, justo cuando acabo de analizarla.
—Necesitamos la ayuda de alguien que sepa estadística —Camila seguía al mando de la investigación. La líder claramente se había apartado en un desplante grosero. Típico de la lucha de poderes entre mujeres… sin mediar edades.
—Bueno, supongo que cualquiera podría ayudarlas —curioso, la chica mostraba interés y no solo eso, sino disposición—. Ahora si lo desean también puedo darles el nombre del profesor, porque bueno —se rio con ganas—, no todos somos buenos con los números y las formulas.

Por un pequeño intervalo y de modo inconsciente las tres voltearon a ver a la líder, fue algo natural, algo muy espontaneo y sin querer realmente. Incluso Ivette se sorprendió haciéndolo. La líder sin decir palabra alguna, hizo un ademan apenas perceptible con la mano, que rápidamente identificaron como un “no”.

—Preferiríamos la ayuda de un eh, estudiante, para sentirnos más cómodas.
—Definitivamente lo de Camila son las palabras —dijo Ivette a Mariana.
—Es una chica muy lista y de voz suave —respondió Mariana, pero sin perder de vista a las otras dos.
—Con que eso es… ¿Eh? —La rockstar sonrió de una manera cómplice—. Claro yo entiendo de esas cosas —al decirlo les guiño un ojo—. Yo las ayudaría, pero no se me da a mí, aunque puedo recomendarlas con…
—¿Conoces a Beatriz? —pregunto de golpe Ivette. Tonta. Como si fuera la única, además, que grosera manera de hacer las cosas ¡Ah! Se riño en su cabeza.
—Vaya —el rostro de la rockstar cambio. Ahora la expresión que tenia, si se asemejaba más a la de una perra molesta—. Sí, sí conozco a Bea. No está mal, yo les iba a recomendar a Damián Marley, pero es lo mismo, de todos modos siempre están juntos…
—¿Uno de rastas? —pregunto de nuevo, casi se ahogaba al decirlo. Él no.
—¡Oh vaya! —nuevamente la expresión y ahora el tono de zorra, del que tanto hablaba la líder—. Estas mejor informada de lo que aparentaban tus amiguitas —¿Porqué el cambio tan repentino de actitud? Atino a pensar mientras se hacía poquito atrás, ya que la chica mayor se le acercaba demasiado, como si quisiera intimidarla—. Supongo que querrás que te diga donde esta él…
—Ella —respondió. Justo al decirlo su cuerpo choco contra el barandal de las escaleras. La sutileza murió en ese momento.
—¿Bea? —Cuestionó con un dejo de confusión en su voz, como si no diera crédito a lo que la niña le dijo—. Esto es un giro aun más inesperado —dijo más para ella misma que para las niñas, que ya estaban también cerca de ellas dos. Por instinto de conservación, se había acercado las otras tres para proteger a su compañera—. De cualquier manera, Damián y Beatriz sieeeempre están juntos, jamás veras a uno sin la otra —dijo con los ojos en blanco y sin ocultar su molestia—. Como sea —de repente, se suavizo nuevamente su expresión, su voz incluso regreso al tono de partida, neutral—. Los pueden encontrar en la última aula, del último piso en horas de clase.
—Y ahora… —preguntó todavía algo intimidada Ivette.
—Si corren a la salida del lugar, puede que todavía los alcancen… iban a ir a desayunar supongo, ya que ella dijo que se lo iba a llevar —al hablar de Beatriz, se notaba un tono de desprecio. Tal vez si sea una perra, aun con ese estilo tan genial pensó la chica de secundaria.
—Bueno, pues gracias por la ayuda —hablo la líder, con el mismo tono que le hablaría a alguien que le desagradaba. Tratando de parecer condescendiente, pero para humillar.
—De nada nena —dijo con falsa alegría la rockstar.

Sin mediar mayores palabras la chica bajo las escaleras con el mismo paso desinteresado y cansino del principio. Como si por su fuerza de voluntad, mágicamente las otras chicas desaparecieran de los escalones. Mariana se acerco a Ivette y se quedo ahí a su lado. No dijo nada, no suspiro siquiera. Simplemente se puso a su lado, la miro a los ojos y le sonrió y solo con eso basto para tranquilizarla. La líder se cruzo de brazos y frunció el seño, estaba molesta, pero se podía ver que se sentía satisfecha de no haberse doblegado ante esa muchacha. Finalmente, Camila bajo el tramo recorrido y se acerco a la barda de ese piso. Desde allí empezó a “otear el horizonte”.

—Y bien ¿Esperan una invitación o qué? —rompió el silencio la líder.
—¿Qué?
—Ivette —al pronunciar su nombre lo hizo irritada, como si se le escapara algo evidente a la chica en cuestión—. Vayan a la salida a buscar al tipo de rastas —clásico. El interés de la líder siempre estaba delante, en este caso un hombre—. Camila y yo buscaremos desde aquí —Inesperado. Ella no iba a ir con ellas, se quedaría en la retaguardia—. Si lo vemos les mandamos un mensajito —el diminutivo en su boca sonaba extraño. Como si fuera una chica distinta. No es que fuera mala, pero, no le quitaba lo raro.
—Está bien —Mariana la tomo de la mano con fuerza y la jalo para bajar las escaleras— ¡Vamos Ivette! —Exclamó con una sonrisa en sus labios. De cierto modo todo concordaba en ese instante en el que en físico bajaba las escaleras, pero en mente, como muchas veces, estaba en otra parte. Por eso Beatriz le daba un sentimiento cálido, Mariana seguía esos pasos. Era el preámbulo de lo que Beatriz era. Ahora de golpe lo entendía—. ¡Atenta, no quiero que te caigas y lastimes! —le llamo la atención su amiga.
—No me caeré —atino a decir, al tiempo que “regresaba” a ese lugar. Ya estaban por bajar al nivel de las jardineras—. Que rápido —dijo sorprendida y abriendo grandes los ojos.
—Te fuiste mucho tiempo, no fue tan rápido.
—Vaya… —en la bolsa de su falda sintió una vibración, antesala a un tono de celular meloso. No era muy su estilo esa tonada, pero era la que más fuerte sonaba. Lo saco con su mano libre y con un deslizamiento de su dedo se desbloqueo la pantalla dejando ver un pequeño icono de una carta al centro de la pantalla—. M líder —dijo en voz alta, escucho como se reía Mariana y decía algo así como “que ingenioso” —. “Rastudo a las 6”. No entiendo —dijo mirando confundida la pantalla.
—Creo que aún estamos a tiempo —dijo su amiga mientras volteaba a verla y sonreía.

Damián caminaba a su lado con las manos dentro de los bolsillos de la sudadera. Ella iba a su lado izquierdo. Platicaba alegremente sobre varias cosas, esa era una característica femenina de la que ni siquiera Beatriz era capaz de salvarse. No importaba. Le gustaba mucho escuchar a Beatriz, no era música precisamente pero su voz le endulzaba el oído. Además, le parecían graciosos los gestos que ella hacía al hablar. Era muy natural. Fingía voces, hacía caras de todo estilo e incluso los ademanes de sus manos o movimientos de cuerpo completo. Él procuraba no interrumpirla. Primero que nada por el simple hecho de que le encantaba verla y en segundo término, porque no tenía nada mejor que aportar a la plática.

Beatriz siempre lo reprendía. “¿Cómo que no tienes que contar? Solía decirle molesta, inflando un poco sus mejillas y poniendo los puños en sus caderas, con una leve inclinación hacía él, violando su espacio vital. “Damián el bajista, Damián el estudiante, Damián el dibujante, Damián mi amigo de años… Con esas vidas, más de un solo Damián y como es que nunca tienes nada que contar. ¿Eh?” Escucho tantas veces eso el último año que se lo aprendió de memoria. Incluso sospechaba que ella lo repetía tantas veces justo para eso, para que lo recordara, para tenerlo presente siempre, de alguna rara manera.

Pese a todos los esfuerzos de su amiga, y de bastante tiempo, no de unos meses, sino de años, el no era muy dado a charlar. Claro que hablaba con Beatriz, pero muy pocas veces. Por eso en parte le gustaba estar con ella, porque entendía sus silencios, sus comentarios secos, incluso sus gruñidos o resoplidos. De repente le salto a la mente estar sin ella, recordó su vida antes de que Beatriz entrara a ella…

—No estaba mal, pero no se compara a lo que es ahora —dijo de la nada.
—Otra vez estabas en otro lugar —dijo Beatriz aminorando el paso y mirándolo con una sonrisa. Ya no le molestaba como antaño. En el fondo, aprendió a vivir y convivir con un Damián más ausente que presente. Después de todo, el era más artista que otra cosa, pensaba que era natural que a veces se alejara del mundo—. Pero no entiendo tú comentario, ni siquiera suena a una canción —al decirlo hizo una mueca de incredulidad y arqueo una ceja.
—No estaba creando nada —Damián desvió la mirada al piso. Se le quedo mirando a sus zapatillas, o como se llamaran esa especie de zapatos bajos que usaban las mujeres. Rojos, el color de la pasión. Perfectos para ella—. Estaba recordando el pasado —Se percato de que se detuvieron. Sin decir otra cosa reanudo su andar y ella le acompaño nuevamente.
—¿Qué no estaba tan mal? —pregunto curiosa y abriendo un poco más sus ojos. La misma Beatriz de siempre atino a pensar al verla actuando como era ya su costumbre.
—Mi vida… —dudo unos instantes. Lo medito una fracción de segundo y tomo una decisión. Se encogió de hombros, miro a su amiga a la cara y prosiguió—. Mi vida antes de conocerte no estaba tan mal.
—Entonces… esa vieja vida —Beatriz se llevo la mano izquierda a su barbilla y la acaricio. Con su mano derecha se hizo a un lado un poco de cabello que le cubría el rostro, los ojos en concreto—, no se compara a la de ahora porque… —dejo sus palabras al aire. Miro fijamente a Damián y mostro la dentadura mientras la “e” se extendía a través de sus labios. Lo mismo de siempre, ella quería que el terminara la frase. Apenas media sonrisa se dibujo en el rostro del chico. No podía evitarlo. La misma Beatriz pensó nuevamente.
—Porque estas a mi lado. Porque somos amigos tonta —dijo el sonriendo completamente. No podía evitarlo. Su vida tenía más color gracias a que Beatriz estaba en ella—. Solo querías que lo dijera para saciar tu orgullo malsano —la empujo con suavidad, apenas y la toco con su palma en el brazo.
—¡Obviamente! —Con habilidad sujeto su brazo y lo jalo. De ese modo cambiaron de lugares.
—Chica lista —dijo él irguiéndose.
—Siempre —Con un orgullo y dignidad propia de una reina, la muchacha alzo su rostro resaltando su barbilla y la sonrisa burlona coronada por sus dientes. Al mismo tiempo, se acomodo un mechón de cabello entre la oreja y la otra mano la poso en su cintura con un aire de alta cuna. She’s like a rainbow pensó al verla, recordando esa pieza maestra de los Rolling Stones. Por eso su vida tenía tanto color…

Sus cavilaciones fueron interrumpidas. Saliendo directo a su encuentro dos niñas se estrellaron con Beatriz. Su cara embelesada se transfiguro. Las tres iban directo al piso y solo él estaba allí para detener su caída. En otro instante decidió ir por las dos niñas. Ágil incluso para su sorpresa, esquivo a Beatriz. Con la siniestra sujeto a una chica de pelo negro escurrido y piel morena. A la niña rubia no podría agarrarla tan fácil. Mierda. Entonces opto por llanamente abrir lo más que pudo el brazo derecho y aguantar, como si se tratara de un abrazo efusivo.

Obviamente los tres cayeron al piso de manera estrepitosa. Beatriz solo planto firme un pie en el piso y recobro el equilibrio. En el fondo, agradeció que Damián no la hubiese tratado de salvar. Ellos dos tenían bien presente que él era un bueno para nada en lo referente a actividades físicas, tal vez solo por eso, trato de agarrar a las otras dos niñas. También decidió callar que por su culpa, realmente se habían ido al suelo… de no haber intervenido él todo habría sido diferente.

—El mismo tonto con buenas intenciones —susurro para sí Beatriz, sin poder ocultar su sonrisa de orgullo.
—Diablos me duele la pinche espalda —dijo molesto el de rastas. Claro, por lo menos sirvió para amortiguar la caída de las niñas—. Por favor… quítense de encima —exigió.
—Discúlpanos —dijo la chica de pelo negro parándose ágil—. Nos distrajimos, fue nuestra culpa.
—Pero tampoco tienes que gritarnos gruñón —dijo la niña rubia quitando su peso de encima de él y sentándose en el piso, a un lado—. Patán.
—¿Tú de nuevo? —dijo sorprendido el chico mientras se incorporaba y veía a la rubia con pecas. La misma de la mañana—. Qué manera de vengarte…
—¡Cállate Damián! —Le reprendió Beatriz y le dio un golpe en la cabeza—. No seas un patán.
—¡Pero Beatriz!
—Ya se disculpo contigo ella, fue un accidente además —le extendió la mano a la rubia y de un tirón la puso de pie—. No seas una reina del drama Damián…
—Tiene razón fue un accidente. Discúlpanos —la chica de pelo negro le tendió la mano para ayudarlo a ponerse de pie. ¡Como si de verdad pudiera aguantarlo!
—Ya, no pasa nada — su tono era de molestia. Además hizo a un lado la mano que le ofrecían. En un pestañeo nuevamente le dieron un golpe en la cabeza— ¡Mierda porque!
—Tú mamá se decepcionaría de ver cómo te comportas —le dijo con un tono frio la morena.

Cuando todo lo demás fallaba, esa frase, esas malditas palabras, lo desarmaban. Su madre, una madre soltera. De esas que trabajaban hasta tarde y llegaban hechas polvo y aun así sonreían. La clase de mujer abnegada, amorosa y trabajadora. De esas que aparentemente ya no hacían en esos días. Su madre que daba todo por él, se sentiría decepcionada… ¡No podía permitirlo!

Beatriz siempre sabía donde patearlo, donde poner el dedo y en automático podía sentirse el peor ser humano del mundo. Esa era una de las consecuencias de que ella estuviera en su vida, que lo conocía tan bien como para hacerle eso.

—Creí que solo en los cuentos las “conciencias” estaban fuera de la cabeza del personaje —dijo el poniéndose de pie y sacudiéndose el polvo.
—Josefa grillo para servirte en tus momentos más obscuros —respondió burlona su amiga.
—Discúlpenme por cómo me porte niñas… —miro a la chica de pelo negro y ella le sonrió. Volteo a ver a la rubia y le seguía viendo molesta—. De verdad, las dos discúlpenme.
—Está bien, no hay problema —dijo sonriendo la niña morena, sin mayor problema.
—Sí, disculpado —dijo con fastidio la niña rubia. Él solo se mordió el labio para no responderle.
—Bueno, aclarado todo volvamos a lo nuestro —dijo mirando a su amiga y traicionando sus deseos de decirle unas cuantas palabras en tono golpeado a la niña.
—¡Esperen! —exclamo. La pareja de chicos mayores se detuvo en seco y la miraron. La morena la vio sorprendida, curiosa. El de rastas la miro hastiado, haciendo una mueca de molestia. Ella se sintió mal no solo por la mirada del chico, sino por otra vez, haber interrumpido de esa manera, como si no hubiese otro modo—. Quería pedir un favor a… —en ese momento sonó la campana, su campana, no la de ellos. Nuevamente la presión le recorrió el cuerpo. Se paralizo, ya no supo que decir. Su amiga debió notarlo pues se le acerco y le sonrió, tomando así la palabra, relevándola.

—¿A qué hora salen el día de hoy? —pregunto cortes, como si se tratara de lo más fácil del mundo. Ivette envidio a Mariana en ese momento, por como las palabras se deslizaban tan dulces y de manera tan sencilla de sus labios.
—No lo sé —dijo él chico de rastas de manera honesta, fue tal su espontaneidad que hasta el gesto le cambio a uno de duda.
—Tú estás totalmente perdido —dijo contenta su amiga morena, como si le hablara a un niño pequeño, con esa mezcla de diversión y ternura causada por las acciones del otro—. Hoy salimos un poco tarde, a las dos, si no mal recuerdo…
—¡¿Las dos?! —dijo horrorizado el chico de rastas. El gesto fue tal que la niña morena no pudo evitar reírse—. ¿Por qué Beatriz?
—Porque tenemos que ponernos de acuerdo en lo de la exposición de la semana que entra y tus amistades siempre se tardan mucho. Realmente Tú sales tan tarde… yo por ser buena amiga te esperare, aunque bien pudiera irme y dejarte a tu suerte —aunque sus palabras sonaban duras al vuelo, todo lo dijo sin dejar de sonreír.
—Gracias —dijo por lo bajo el de rastas, como si de repente se apenara.
—Bueno —la niña morena retomo la palabra, aun con una sonrisilla bailoteándole en la boca—, ¿podríamos verlos en su salón?
—Claro, no veo el porqué no y más si es que podemos ayudarlas en algo —dijo Beatriz con gusto.
—Solo una cosa —intervino la rubia, hasta ahora se había mantenido al margen por saberse incompetente social para esto— ¿Cuál es su salón?
—Ah sí claro —la morena mayor saco la lengua y se rasco la nuca. Le divertía haber obviado ese detalle y que se lo recordaran de esa manera. “Ella jamás pierde el buen humor” pensó Damián al verla tan contenta, tan lejana de todo lo malo—. Es en el último piso, la última del lado derecho.
—Así ya no hay manera de que nos perdamos —dijo sonriendo la niña morena. La otra morena asintió y sonrió a su comentario. Damián e Ivette en ese momento atinaron a pensar, que eran una especie de hermanas perdidas o la misma mujer en diferente etapa de su desarrollo.
—Está bien —Beatriz tomo del brazo a Damián y empezó a andar—. Las vemos allá, lleguen antes de las dos y nos encuentran sin duda alguna —al acabar de hablar se despidió con la mano y con la sonrisa en sus labios.
—Bueno —Mariana devolvió su mirada a Ivette. De reojo, pudo ver que sus otras amigas se acercaban al fin—. Todo salió bien, ¿No?

Ivette solo pudo asentir ante la pregunta de su amiga. De repente sentía que le faltaba el aire. Estaba sucediendo ¡De verdad! Todo ese plan descabellado salido de una mente infantil, para hacer más divertido un trabajo impuesto como castigo. No daba crédito a que todo pasara así, a que de verdad fuera realidad esa pequeña locura, y además pasara tan rápido.

—No lo creo —dijo en un susurro, aunque aun, asentía con la cabeza.

lunes, 28 de enero de 2013

Simplemente.

Simplemente es una historia de amor que concebí y escribí (al menos las primeras 3 hojas) hace 4 años o tal vez 5, no lo sé. Era mi manera de hablar de un tipo de amor diferente, de meterme con lo establecido de una manera muy sencilla y tímida. Lo he retomado por azares del destino y bueno... quizá esta sea la nueva "Historia grande" del 2013. Sin más, adentrémonos en esta historia de amor en dos partes.

Prologo: Encuentros.


Se le había hecho tarde para llegar a la universidad. Pasaban más de las siete con diez minutos de la mañana, era demasiado tarde, pero aun así todavía estaba a tiempo para poder pasar asistencia a su materia de primera hora y poder estar en paz un tiempo con el profesor que la impartía.

La Ciudad de México era conocida por todo el ajetreo que se genera en ella a las primeras horas de la mañana por la entrega de los niños a sus respectivas escuelas (ya fuera a sus guarderías, primarias, secundarias o incluso algunos vagos de preparatoria o bachillerato) y también por ser la hora idónea para que se armara el trafico denso por culpa de las personas que usaban siempre la misma ruta para ir a sus trabajos.

Se le había hecho tarde por que se había metido a bañar, pero antes que todo eso por que había desayunado algo más complejo que un simple pedazo de pan con jamón. Se había tardado demasiado preparándose la comida de la tarde, por que a pesar de que vivía con su madre, nunca estaba ella en casa, por lo tanto, tenia alguien mas que hacerse cargo de la comida, y ese alguien siempre era el.

También se le había hecho tarde por que fue irresponsable y se quedo ensayando hasta muy tarde en su bajo eléctrico (eso si, con sus audífonos para no perturbar el sueño de su madre) la nueva canción que estaba “covereando” su banda: “Simplemente” de la Maskatesta.
El siempre procuraba ser un chico responsable la mayoría de las veces que podía, pero simplemente, había momentos en que el retornaba a su edad real, dieciocho años y se comportaba como todos los jóvenes de esa edad: inmaduro, irresponsable, irreverente.

Ya era tarde, pero no había problema, ya estaba delante de la puerta que daba a su colegio. Era una escuela particular por que estaba cerca de su casa (a veinte minutos andando a pie) y además ahí estaba la carrera que le daría de comer cada día de su vida adulta de ahí en adelante: psicología.

Llevaba dos semestres apenas en la carera, pero aun así sabia que no estaba equivocado de camino. Una vez que acabara la carrera, se enfocaría al área de psiquiatría y así podría analizar mas a fondo a los pacientes y además recetarles medicamentos (o drogas) para ayudarlos aun mas a dar el paso decisivo en el cambio de sus vidas o de alguna conducta.

Corrió lo mas rápido que podía pero noto que estaría esperando un buen rato por una razón: los niños y niñas de secundaria estaban haciendo “bola” en la entrada y entorpecerían (si no es que hasta detendrían) su paso…No había manera de esquivarlos…al menos no hasta que vio un pequeño espacio entre todos los menores y decido irse sobre de ese espacio a toda marcha antes de que desapareciera entre el mar de pequeños chicos…

Ya tenía más de cinco minutos esperando a que la dejaran pasar. Ciertamente se le había hecho tarde a su padre por quererla pasar dejar hasta la puerta de la escuela. Lo cierto es que para estar viviendo a solo dos calles de la escuela sus padres (en especial su padre) hacían mucho revuelo para dejarla ir tranquila, aun así, ella estaba feliz de pasar tiempo con su papá, aunque eso costara tener que llegar tarde a su primera materia del día.

El problema de tener catorce años en la ciudad, es que no muchas personas te toman enserio, ni aunque llevaras a cuestas tu mochila y además una maqueta de una ciudad (para la clase de geografía) con su volcán y todas las demás maravillas incluidas…ni si quiera los que cuidaban la entrada de alumnos parecían prestar atención a que entre tanta gente, la maqueta de ella podía correr riesgo…

De repente sus demás compañeros abrieron un espacio para poder pasar. Ella lo vio y no dudo ni un instante en pasarse por ahí para poder librarse del temor de que le destruyeran la maqueta que con tanto esfuerzo y esmero hizo por cinco días con ayuda de su madre y su padre, mas que la calificación, ella estaba salvaguardando el trabajo en equipo que había hecho con su familia, así que quería mostrarlo altiva y orgullosa a toda su clase…y ese pequeño espacio era su oportunidad para hacerlo…

Él tenia mucha prisa, no podía darse el lujo de faltar a la materia de estadística por que si veían nuevos temas o explicaciones extras probablemente se perdería en el limbo de la ignorancia por no saber como aplicar alguna prueba, debía darse prisa…

Y entonces paso.

No pudo mirar que en su camino una niña de secundaria, con su gran maqueta de una ciudad con un volcán (“¿hay ciudades con volcanes a sus faldas?” pensó el cuando chocaba con ella) en sus manos se le atravesó en el camino. Hubo un gran choque. Por no fijarse bien en lo que hacia, el chico choco contra ella, haciendo que su pecho impactara en la nuca de la pequeña y se fuera de lleno contra el piso.

El no tenia los mejores reflejos de los estudiantes de psicología, sin embargo, tenia lo necesario para agarrar con una mano a la niña y atraerla a su pecho (esta vez para sostenerla) y con la otra como pudo trato de salvar la maqueta…que al final de cuentas termino cayendo peor al menos mirando arriba….no se había estropeado demasiado.

Fue hasta ese momento que se abrió un verdadero espacio de paso alrededor de los dos. El chico soltó con sutileza la cabeza de la niña (la había agarrado de la frente así que hasta le había tapado los ojos) y entonces se hizo un poco a un lado, no tenia tiempo para ayudarla a recoger sus cosas…aunque había sido su culpa, así que respiro hondo y se agacho…

Pero la maqueta estaba hecha un desastre, estaba toda revuelta y el volcán hecho con plastilina y algunos pedazos de cartón se había salido de su base, estaba perdido el volcán. ¡Y era la parte importante del trabajo!

Apenado a más no poder, el chico con más presteza se dispuso a recoger los pedazos de la maqueta. Arbolitos de plástico tirados por allá, un perro que había sido pisado por otro niño, un par de casitas fuera de su lugar y un volcán de plastilina que ya mas bien precia una especie de derrumbe de montaña.
Mientras seguía recogiendo la maqueta, pudo ver como una lagrima cayo sobre su mano mientras tomaba una casita mas y entonces (solo hasta ese momento) volteo a ver a la niña….

No había más que hacer. Su trabajo y el de sus padres estaba echado a perder. Todo por uno de esos tontos universitarios que creían que por que eran mayores ya podían hacer lo que quisieran con los demás. Para ella era una prueba mas de que la gente entre mas rápido crecía se olvidaba de que también fueron niños, y sobre todo, de lo fácil que era hacer llorar a una niña de apenas catorce años de edad…

—Mira…discúlpame no quería hacer esto yo… —el universitario titubeaba, no le gustaba hacer llorar a los demás—Horita lo recojo todo y te ayudo a componerla.
—Mi maqueta ya no sirve—Dijo conteniendo los sollozos—mi maqueta…
—Mira…no lo hice a propósito niña —se estaba poniendo nervioso —. No es como si lo hubiera hecho por que me guste molestar niñitas…
—Eres un tonto—Dijo ella con lágrimas de tristeza y voz de ira— ahora mi trabajo…
—No mira yo…

La situación ya se estaba poniendo demasiado tensa. El no era bueno para disculparse (ni para tratar con gente herida en general) y en ese momento estaba bajo la mirada inquisidora de todos los que aun seguían en la puerta (y en vez de ayudarle, solo le miraban feo). Tenia ganas de que un rayo cayera del cielo y lo eliminara de la faz de la tierra en ese momento, no por la pena, si no por que no sabia que hacer en ese momento…pero parecía que no estaba destinado a hundirse en ese momento.

Detrás de la pequeña niña un par de manos de tono moreno, se posaron delgadas y delicadas sobre sus hombros, a la par de que la dueña de esas manos rodeo a la niña, se agacho para verla a los ojos y le dijo:

—No te preocupes amiguita. Entre este patán y yo vamos a dejar tú maqueta como nueva— dijo sonriendo ampliamente—eso te lo prometo.

La voz de aquella chica era relajante y con un tono casi musical.

Las dos féminas se quedaron mirando unos instantes.

La chica morena tendría dieciocho años también; de pelo negro lacio largo que le escurría como una cascada por los hombres descubiertos, llevaba una playera blanca de manga corta entallada que hacia resaltar sus senos, un pantalón de mezclilla deslavado a la cadera que dejaba ver sus caderas, un par de hoyuelos en su espalda baja y su abdomen casi plano…ella le seguía sonriendo a la niña con sus ojos avellana algo rasgados semi cerrados, su perlada sonrisa bailando en sus labios finos pero carnosos y unos mechones de cabello juguetones en su frente…

La niña de secundaria la miraba incrédula. Sus ojitos verdes estaban posados en toda la chica que estaba tratando de consolarla, su blanco rostro estaba rojo (incluso las pecas) por el coraje que había pasado hacia unos momentos, pero su pequeña nariz respingada indicaba que ya estaba mas tranquila por su respiración y en su boquita pequeña y delgada se dibujo una sonrisa. Al asentirle a la morena mayor su pelo lacio corto se sacudió con candidez de arriba abajo haciendo que brillara aun mas rubio por la luz del sol.

—Muy bien pequeñita —Dijo sonriendo la morena con ternura—, ahora —Se alzo y puso una palma sobre la cabeza de la niña—. Deja que este babotas y yo arreglemos tu maqueta, mientras espéranos en una de las bancas de las jardineras, ¿quieres?
—Si —Dijo sonriendo nuevamente— ¡Esta bien!
—Muy bien, ahora anda y espéranos. —Su sonrisa se volvió en una mueca de desaprobación al mirar al chico apenado en el suelo—Tu siempre te las arreglas para hacer mal las cosas, ¿No es así?
—No es como si yo lo hiciera por joderle la vida al universo entero….
—Ya mejor no digas nada Damián —Dijo la chica mientras se ponía en cuclillas y recogía con él —. De veras que si no llego yo seguro le das una cachetada a la niña y sales huyendo…
—¡Sabes que no soy capaz de eso!—Dijo indignado—Si lo sabes… ¿verdad?
—Vaya…--La chica sonrió con dulzura—Claro que lo se Damián es solo que….deberías ser mas cortes con la gente que te rodea…
—Me disculpe con ella por si no te diste cuenta…
—Seguramente por eso estaba mirándote con cara de odio —Al decir eso se levanto y se acomodo la mochila que llevaba en hombros—. Anda ahora trae la maqueta y vayamos con la niña para arreglarla con ella…
— ¡Vamos a llegar tarde a la clase de estadística Beatriz!
—Damián… —la chica volteo a verlo con cara burlesca—. Ya íbamos tarde de por si. Así que trae ese manojo de Rastas hasta acá y ayúdame a consolar a la niñita que tu pasaste a joder este mañana…
—Está bien mamá —Dijo a regañadientes el joven—. Ahí voy…
—Así me gusta Mijo –Dijo la chica con tono sarcástico—. Así que andando.

Los dos se pusieron como pudieron a arreglar el trabajo, que un chico de Rastas llamado “Damián” había arruinado por la imprudencia de no haber podido madrugar aun mas, y querer compensar esa falta con la velocidad de sus piernas.

La niña de secundaria miraba con más tranquilidad a los dos universitarios que estaban ahí ayudándola a resolver aquel triste problema en el que se habían visto mezclados. El chico le desagradaba rotundamente, su pelo de delincuente no le gustaba y su cara de que estaba siendo forzado a ayudar le hacia enojar aun mas…después de todo ¡El tenia la culpa de todo eso!
Por otro lado la chica morena le caía bien. Ella se había mostrado mas que amable, accesible en ayudarla a el y a su amigo y lo estaba haciendo con una sonrisa y con bastante calma, podía notar que existía un gran contraste entre ambos universitarios.

Vaya que ambos eran muy diferentes.

Después de un par de minutos, varios gruñidos del sujeto y varias órdenes de la chica: la maqueta estaba terminada y como nueva.

—Ya esta —dijo con alegría la chica morena que respondía al nombre de Beatriz—. Nos quedo bastante bien —dijo con orgullo—, ni siquiera parece que algún tonto la hubiese tirado —al acabar de hablar cruzo los brazos sobre el busto y miro de reojo a su amigo, molesta—. Damián…
—Discúlpame por haberte causado tantos inconvenientes —dijo claramente a la fuerza—. No se volverá a repetir… al menos no contigo —lo último lo susurro.
—¡Damián! —le riño su amiga.
—Jamás en la vida ocurrirá de nuevo —dijo veloz el chico, temiendo la furia de su amiga.
—¿Te sientes mejor peque? —le cuestiono con ternura la muchacha.
—Sí, quedo muy bien, como si no le hubiese sucedido nada —al decirlo ella noto el entusiasmo en su voz, realmente le agradaba esa chica. Incluso pasaba por alto que le hablara de una manera tan familiar y tan infantil, viniendo de ella era como sentir el amor de su madre—. Muchas gracias… ¿Beatriz?
—Ese es mi nombre —dijo ella sonriendo de oreja a oreja mientras se señalaba con el dedo gordo de su mano derecha—. Pero, también agradécele a este cuate —con agilidad lo sujeto del cuello y lo acero, a su lado—, se que él nos metió a todos en este lio pero…
—No era necesario que te detuvieras a ayudarme —dijo molesto y con la cara roja de vergüenza.
—Oye, relájate. Soy tú amiga y eso es lo que hacemos —le dio un empujón de juego y le pego en el hombro.
—Gracias a ambos —dijo un poco a la fuerza la jovencita.
—Venga no puede ser que los dos tengan ese carácter huraño —la morena dio un hondo suspiro al tiempo que se encogía de hombros y recobraba la sonrisa—. Bueno, somos estudiantes de psicología. Si alguna vez necesitas algo, búscanos allá —al decirlo señalo un edificio que estaba tras ella—. Y pregunta por Damián Quiroz —al decirlo el chico estuvo a punto de negarse, pero un potente pellizco basto para que guardara silencio—, o por Beatriz Cosío .
—Somos muy fáciles de encontrar —dijo el muchacho con voz apagada. Claramente no estaba a gusto, pero bueno, no se habían detenido a divertirse.
—Si está bien —la menuda niñita sujeto con fuerza su maqueta—. Muchas gracias.
—Lo que sea, de verdad —dijo Beatriz con esa linda y cálida sonrisa. De verdad, le parecía el rostro de una madre, una muy joven, pero con la misma ternura.
—Si está bien ¡Nos vemos! —no podía evitar ser contagiada por la alegría y confianza de esa chica mayor que ella. Le había causado tan buena impresión, que pensó que tal vez todavía tenía esperanza la humanidad.
—Bye bye —se despidió alegremente la morena sacudiendo los brazos.
—¿Nos vamos Beatriz?
—De nada —dijo de sopetón— ¿Qué cómo puedes pagármelo? Ah muy fácil, hoy quiero desayunar en una fonda. ¿No es ningún problema? Y ¿Tú invitas? ¡Vaya Damián! ¡Te estás luciendo! —al finalizar su monologo le sonrío.
—¿Ya acabaste? —Ella asintió sin desdibujar la sonrisa—. Ay Beatriz… —doblo su antebrazo izquierdo a la altura del pecho, y le ofreció el codo en un acto caballeroso—. Solo te aprovechas de que jamás puedo enojarme contigo.
—Pues es tú culpa, por amarme tanto —dijo alegre mientras sujetaba con ambas manos el brazo del chico y además recargaba su cabeza en su hombro.
—¿Cómo haces para siempre acomodarte perfectamente donde sea? —dijo sonriendo.
—Es mi estatura —respondió ella—. Andando, no quiero llegar más tarde…
—Con suerte espero que no nos hayamos perdido nada…
—Sí, seguro —pronuncio ella mientras los dos subían las escaleras del edificio de psicología.

Ya eran las diez de la mañana. Caminaba al lado de sus amigas por las jardineras de la escuela. Todo era risas y alegría para las demás, para todos menos para ella. Por haber llegado tarde a su clase le habían quitado dos puntos de la calificación a la maqueta. ¿Cómo era posible que un trabajo de diez ahora solo valiera ocho puntos? ¡Tonterías! Era lo único que atinaba a pensar ella. El detalle es que el problema no terminaba así nada más. La profesora le había dado una oportunidad de subir la calificación, no de la maqueta, sino ya general en la materia, algo que le ayudaría, como abonar puntos o alguna cosa así. Como si entendiera sus raros métodos de dar la clase, o de calificar, o mejor… como si tuviera alternativas.

Ese trabajo en especial consistía en recabar un par de datos sobre asuntos demográficos de la ciudad. Eso era relativamente simple, al final de cuentas podía sacarlo de la red o hasta de algún libro de la biblioteca, por si le pedían las referencias. El problema ya empezaba cuando se trataba de la metodología y los procesos. Ella no tenía ni la menor idea de cómo funcionaba la estadística. Ese era el único, y “pequeño” problema.

—No deberías preocuparte tanto —le dijo una de sus amigas, notando claramente como estaba apartada, al menos mentalmente, del grupo de niñas y la conversación—. Nosotras te ayudaremos a hacer el trabajo y listo —dijo sonriendo.
—No se trata nada más de eso.
—Si todas te ayudamos podremos hacerlo.
—No lo creo, hasta donde sé, ninguna sabe nada de estadística y esas cosas numéricas —dijo conteniendo la molestia. Ella sabía que su amiga tenía la mejor de las intenciones, pero eso no la sacaría de su problema.
—Bueno, siempre podemos preguntar —agrego otra de ellas. El grupo era conformado por cuatro chicas, incluyéndola a ella. Ahora, así de rápido y fácil, el tema de conversación era ella y como ayudarla. Le supo mal haberse enojado.
—¡Claro!—dijo otra de ellas, con alegría—. Podemos ir con algún profesor y…
—¡No seas tonta! —interrumpió otra de ellas—. Esta es la ocasión para que preguntemos a algún estudiante mayor.

Ante ese comentario tres de las cuatro no pudieron evitar reírse con nerviosismo y emoción. Finalmente eran niñas y su cabeza estaba llena de todo tipo de sueños e ideas. Solo ella, la que tenía el trabajo encima, no compartió la alegría y risas de sus amigas. De donde diablos sacarían a un estudiante mayor con ganas y tiempo para ayudarle a un montón de niñitas…

—¿Entonces buscamos a algún chico de preparatoria?
—No —negó rotundamente la misma chica que propuso el buscar un alumno mayor para ayudarlas—. Esos son unos idiotas, nosotras no tenemos porque relacionarnos con simios.
—Entonces… ¿Una chica? —pregunto tímida la que hace nada había sido interrumpida.
—No —Hizo una pausa para ver a sus amigas a la cara, mientras negaba enfáticamente con su cabeza—. Ya saben la razón… —el silencio se apodero de sus amigas. La muchachita puso los ojos en blanco y no se inmuto por mostrarse fastidiada—. Son unas zorras ¡Por eso!
—Oh, claro —dijo otra de ellas, como si fuera lo más obvio del mundo.
—Tendremos que pedirle ayuda a alguien de los niveles superiores…
—Exacto —asintió satisfecha la líder de esa operación. Vaya que eso era involucrarse, aunque ya no se sabía si era por apoyo o la conveniencia.
—Pero… en que carrera buscamos —soltó al aire la que siempre era interrumpida. Claramente era la más tímida del grupo.
—¿Qué carreras tenemos a la mano para empezar?
—No tengo idea —dijo la líder, como si fuera una trivialidad que ella no debía o tenía porque saber.
—Vaya esto no creo que de un buen resultado —intervino ella. Como si se rompiera un hechizo, cayó en la cuenta de que ya estaban sentadas en la cafetería. Vaya que la plática la había absorbido ¿O se preocupaba demasiado?
—Tiene que funcionar. Somos chicas lindas que necesitan ayuda ¿Quién podría negarse? —su amiga que fungía de líder no le caía mal, pero en ocasiones, tenían ideas muy opuestas.
—Es seguro que la mayoría se negara —negó ella con la cabeza, pensando en el chico de la mañana—. No todos son buenos y caballeros —al decirlo, frunció el seño de manera inconsciente al recordar cómo se quejaba y gruñía con fastidio el tipo.
—Tonterías Ivette —desecho con ese simple comentario sus ideas—. Claro que podemos, solo necesitamos saber dónde buscar.
—Y a quien —dijo Ivette. Le molestaba que echaran a un lado sus comentarios así, después de todo ¡Era su trabajo, no el de ellas! —. Donde, cuando y quien. Si, esto va ser muy fácil.
—No te preocupes por los detalles, tienes una semana para hacerlo. Podríamos empezar a buscar mañana, o pasado mañana, pero lo haremos hoy —dijo su amiga, la primera en interesarse en ayudarla. La única que parecía tener más interés en ayudar, que en ver chicos—. Y todo saldrá bien ¿Si?
—Gracias Mariana —es una buena amiga, fue lo único que atino a pensar.
—No hay de que Ivette. Soy tu amiga y eso es lo que hacemos los amigos —dijo con una tierna sonrisa.
—Gracias aun así —respondió de forma automática. ¿Deja vu? La frase le resonó en los oídos como el redoble de una campana. De repente, en un instante estaba otra vez en la mañana, mirando a una morena de perlada sonrisa decirle eso a su amigo de rastas—. Psicología —dijo en un susurro.
—¿En psicología ven estadística? No ven la mente y esas cosas, más bien —dijo la líder.
—Puede ser, deben de tener algún tipo de medidas para determinar quien está loco y quién no.
—Bueno, supongo que ya tenemos el donde —dijo la líder, no muy convencida—. Ahora solo falta el cuándo y el quién.
—El cuándo puede ser ahora —dijo contenta Mariana, como si mágicamente los problemas empezaran a desaparecer.
—Puede que yo sepa de un quien —dijo, no muy convencida Ivette.
—Pero… esa carrera está llena de mujeres —la líder de repente reconsidero las alternativas, y no le gustaban los resultados—. Y todas las mujeres mayores son unas…
—No todas —interrumpió con voz firme—. Sé que no.
—No te molestes así Ivette —la líder lo dijo con sarcasmo, pero pudo sentir la rebelión de su amiga.
—Aprovechemos que tenemos tiempo y vayamos ahora mismo —Mariana se puso en pie y tomo de la mano a Ivette. Fue un buen gesto de su parte. Desvió la atención de esa pequeña querella de poderes, y aunque se levanto, estaba esperando a que ella diera la última palabra. Realmente Mariana sin esforzarse era una buena persona.
—Vamos —dijo Ivette poniéndose de pie.
—Está decidido —pese a no estar convencida de ello, la líder sonrió con bravuconería, como si ya hubiese ganado ese desafío. Tanta confianza le atraía a Ivette, suponía que era lo natural.

Tres de esas cuatro jovencitas salieron decididas. Confiando en que, a su manera, podían hacer rendirse al mundo y que se pusiera a sus pies sin rechistar siquiera. La otra, caminaba más por inercia que por convencimiento y no estaba segura de lo que estaba haciendo.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Aunque tome toda una vida - Capitulo Tres.

Capitulo Tres: Confianza.



El filibustero salió a su encuentro con el apostador. Su camarada de futuras trastadas y viajes estaba tranquilo fumando un poco de tabaco que aparentemente él había liado con sus propias garras.
El tahúr expulso lenta y elegantemente el humo de su tabaco por las fosas nasales. Estaba tan calmado y parecía tan alegre como siempre. Era raro tomando en cuenta que hacia menos de dos minutos había puesto al límite la voluntad de un joven que, sin duda alguna, a la menor oportunidad trataría de calcinarle su lengua y el rostro.

—Todo bien ¿Verdad amici? —pregunto el hombre que confiaba en su suerte.
—Me preocupa el viaje que haremos. Temo que gracias a tu evidente habilidad para hacer enemigos, la travesía sea más larga y pesada de lo que esperamos.
—Bueno, no deberías preocuparte de lo que aun no ha sucedido— exhalo un par de bocanadas de humo en forma de círculos.
—Me temo que si no me preocupo yo, nadie más lo hará—puntualizo.
—Por favor, de haber sabido que ya viajaba con una mujer— Donovan señalo a Flogging con su cigarro sonriendo burlonamente— nos pudimos haber evitado todos los problemas y preguntas de hace unos minutos.
—No me agrada tu tono. No me ofende la comparación —la voz del filibustero sonaba como una sutil amenaza—, lo que me preocupa, es viajar con gente que no es lo suficientemente precavida. No he sobrevivido en esta “labor” solo por suerte.
—Yo tampoco aunque no lo creas— el jugador lo dijo con un tono fastidiado, como el que usa justamente la gente que está harta de ser subestimada—. No te contare mentiras sobre mis habilidades para pelear o para disparar una pistola, pero, si te soy sincero, soy más que una cara bonita que va por el mundo acostándose con mujercitas ingenuas, embaucando a viejos idiotas y aprovechándome de los imbéciles en general. Del mismo modo se que tu tampoco eres llamado dedos de oro por tu habilidad con la espada, para el robo o la pelea a puños limpios. Sé que tú tampoco eres un mercenario marino a sueldo más. Así que me gustaría que nos tratáramos con el “profesionalismo” que merecemos, no te mentiré, me gusta llevar las cosas de manera cordial, tener un trato agradable y divertirme. No te ganaría sin duda alguna en combate si me pusieras bajo esa prueba, pero tampoco creas que no me atrevería a responder. No confundas mi cortesía —Donovan miro a los ojos a Flogging y le regalo una sonrisa de piedra—, con debilidad de carácter ¿Quieres? — el discurso finalizo al mismo tiempo que le posaba una mano en el hombro a su colega.
—Hasta que no me demuestres lo contrario—lentamente hizo a un lado la mano de su compañero—, me temo que tendré que poner en duda tus habilidades. No te lo tomes personal, pero es la manera en que me gano la vida.

La mirada que había hecho Donovan, la sonrisa, el tono de voz y la pose eran un claro ejemplo de un tipo que sabía que su palabra valía mucho y se ejecutaba a la orden. Era la manera en que una persona de carácter noble o de alto rango se dirigía a los demás.
En el acto todo eso pareció un vil teatro al momento que los ojos color miel del filibustero se clavaron en los del apostador. Lo que en ellos se leía no era la dureza de una actuación bien ensayada y perfeccionada con la práctica, nada de eso. En esos ojos Donovan observo un temple inquebrantable, como una voluntad y firmeza que prevalecería aunque costara la vida llevar a cabo la tarea.

Ese tipo de mirada ya se la había encontrado antes, es más, sin duda el también la había tenido recubriendo sus ojos. Se le solía ver en tres tipos de personas, o al menos, era en ese tipo de gente en que el tahúr la identificaba: en las personas que se jugaban la vida tratando de sobrevivir a la muerte en una de sus múltiples facetas, a los que amaban de una manera tan intensa que estaban dispuestos a retar al destino y a los desgraciados que creían que ya no tenían nada que perder.

En ese instante, el se preguntaba mientras observaba esos ojos color miel, a cuál de las tres opciones pertenecía el sujeto con el que forjo su alianza.

—Te compro tu idea—suspiro—, solo porque leo en tu mirada… honestidad—dijo despacio, tratando de medir la reacción de dedos ante esa palabra y el claro tono de duda y falsedad con que la pronuncio.
—No quisiera cuidar mi espalda de ti también —sorprendentemente, Flogging se relajo al decir eso—. Ya tendremos bastante de que preocuparnos en el viaje y quisiera poder utilizar tus servicios en el futuro, del modo en que ahora usas los míos en el presente.
—Ya me parecía demasiado hermoso para ser verdad—Donovan sonrió aliviado también—. Por un momento creí que estábamos a punto de darnos la mano en señal de amistad— dijo irónico.
—Me gusta ser claro—respondió secamente mientras arqueaba su ceja derecha—. Es así de simple.
—Bueno como sea. Sin resentimientos mein freund— la sonrisa de Donovan esta vez parecía nacida del alma—. Y para que creas en mis palabras, te agradezco que me salvaras la vida, dos veces seguidas allá adentro.
—Bueno, como te dije, quiero contar a futuro con tus servicios.
—Vaya que eres un tipo seco eh— la cara del jugador se volvió una cruza entre mueca de incomodidad y burla—. Bueno, dejando a un lado esto llego la hora de partir.

Al instante que dijo eso, el hechicero salió sudando por la puerta de la vieja casa. Se notaba realmente agotado y desganado, pero aun así, trato de mantener su aplomo lo mejor que pudo.
—No puedo creer que hayas salido tu primero stolto antes que tu amada.
—Estoy aquí—la voz carente de emoción de la mujer sobresalto al tahúr y al filibustero—. Salí detrás de dedos de oro.
—¿Qué tipo de brujería es esta? ¡Jamás percibí tu presencia! —Donovan estaba genuinamente impresionado.
—Yo tampoco lo note—Flogging se escuchaba menos sorprendido que shamrock, pero claramente también le había tomado por sorpresa.
—No es ningún tipo de magia—intervino stregone—, es una especie de habilidad natural que ella posee, así como el ser fría o carecer de emociones.
—Bueno eso es lo de menos. Pongamos en marcha— el filibustero le resto importancia a esa revelación con sus palabras.
—Ser invisible—Donovan miro a stregone con el semblante irritado ligeramente—, va más allá de ser una simple habilidad tonto.
—Realmente no es una habilidad—intervino la mujer—. Es fácil de entender tomando en cuenta que sus sentidos estaban focalizados en intimidar y discutir más que en lo que los rodea. Que como, dijo dedos de oro, cometas el error de no ser lo suficientemente precavido, no podría ser llamado habilidad.
—Supuse que estábamos en un lugar apacible —esas palabras sonaron más a disculpa que a explicación.
—Como dije, no puede ser llamada habilidad esa falta de pericia— finalizo la mujer.

Shamrock se molesto bastante al escuchar a la mujer refiriéndose de ese modo a sus “artes” de supervivencia. No le molestaba tanto el que señalara probables defectos, porque desde luego, el no daba crédito a que se equivocara. Lo que irritaba al pirata se encontraba en ese tono de voz carente de emoción. No podía saber si se burlaba, si lo decía para joderle, si le criticaba de modo positivo, es más, no tenía idea si era un comentario y nada más. Querer descifrar a esa mujer era como tratar de romper una piedra a puñetazos.
Controlando sus deseos de abofetearla para entender a que se refería, el tahúr opto por simplemente dedicarle su sonrisa zalamera más elaborada, darse la media vuelta, y atragantar en su garganta todos los improperios que se le ocurrían.
La mujer se quedo de pie, como estatua de pedernal mirando cómo se alejaba en el camino. Dedos les llevaba bastante terreno recorrido, Shamrock ya había marcado su distancia lo suficiente también.
En ese momento, stregone se acerco a su amada y la tomo con suavidad del brazo.

—Entonces, mi amada anam ¿Piensas que esos tipos se mataran a la brevedad?
—Tienen problemas. Combaten a sus miedos interiores, eso es todo.
—Pero, me gustaría sacar provecho de esta situación tensa que se les presenta, mi querida anima.
—Solo tienen problemas, eso es todo —la mujer comenzó a andar y alejo a su amado con gentileza—. Ellos tienen problemas, como todas las personas— dijo con un tono que por primera vez mostraba un brillo de emoción. Una molestia latente se palpaba en sus palabras—, mi amado hechicero.

Stregone se quedo petrificado ante ese último comentario. Fue tal su impresión que la fuerza en sus dedos se extinguió y sus pertenencias terminaron desperdigadas en el piso.
Y a pesar del ruido que sus objetos habían hecho al chocar con el piso, fue tal la impresión del hechicero que tardo unos instantes, no en notar que el piso parecía un improvisado puesto ambulante de rarezas mágicas, sino en regresar a la realidad y percibir correctamente el tiempo de nuevo.
Para alguien versado en el poder de las palabras y los pensamientos, como él justamente, un par de palabritas con el tono correcto, bastaban para hacer que deseara morir.

Después de caminar en silencio bastante tiempo, llegaron a los muelles, en concreto al atracadero siete.

—Vaya, de esto se trata la suerte —dijo el tahúr sonriendo con el cigarrillo en los labios—. The lucky seven mis amigos, es así y nada más.
—Es solo una coincidencia. No espero que bajes tu guardia por creer que la suerte te sonríe.
—Mi estimado dedos, así es como las personas de poca fe llaman a la suerte, azar. Yo en cambio, que por fortuna soy un hombre que forja su suerte, la llamo compañera y amiga. No bajare mi guardia, solo me he puesto de mejor humor.
—Yo a la única compañera que conozco es a la soledad —dijo seco y serio Flogging—. A pesar de todo, te agradezco que tomes en cuenta mis palabras y avisos.
—Bueno mi querido bandito, tu fama te precede después de todo, además, no tengo duda alguna de que la muerte a tratado de ser más que una amiga para ti.

Dedos dio la vuelta para verle a la cara. Se sostuvieron la mirada un par de segundos. El semblante del pirata no cambio ni un poco de esa cara alegre y animosa. No se notaba ni burla ni otra emoción en su cara. Flogging le sonrió de manera sincera y se dio la vuelta de nuevo.

—Tu nave es una urca —señalo la mujer de ébano.
—De todos me hubiese esperado que supieran, menos de ti mujer.
—Leo bastante de todo tipo de objetos, no te extrañe que conozca más cosas.
—Esa embarcación no es un objeto —la cara de Flogging mostraba cierto enojo por esa palabra—, es mi más preciada posesión. Su nombre era triunfo, así, a secas. El hombre que había destruido mi nave en ese entonces poseía esta belleza… fue de ese modo que mi vieja tripulación y yo lo combatimos a él y a sus hombres sin tregua y cuartel por tres noches. Fue una de las peleas más bestiales en las que he estado. Al final triunfamos. Le robe el triunfo y lo deje abandonado en una isla a él y varios de sus hombres, de acuerdo al maroon. Y este bello barco fue modificado un poco y se le rebautizo como el vendetta, en honor a la manera en que lo obtuve— finalizo orgulloso y cruzando los brazos en el pecho.
—¿Te enorgullece ese barco? —Donovan estaba genuinamente impresionado.
—Es un tesoro para mí. Cada tercer día venia a darle mantenimiento. A veces solo salía para eso. Lo cuido tanto como a mí mismo.
—Por lo que he oído de él, eso ya es mucho decir—dijo Stregone en voz baja a ánima.
—Tu fama sin duda alguna te precede amico.
—Eso es lo de menos. Este barco es muy valioso para mí. No solo ha sido una buena nave, me ha salvado la vida y me ha traído completo de muchos negocios, sino que además es una de las mejores embarcaciones que he capitaneado o incluso visto en el mar. De manera que, agradecería que no se refirieran a ella como un pedazo de madera cualquiera— su voz sonaba una orden más que una petición amable.
—¡Quién lo diría! Tú también tienes sentimientos después de todo— dijo sonriente Donovan.
—Nunca dije lo contrario— el rostro del filibustero se torno serio nuevamente—. Creo que solo he puntualizado que a los malos pasos debemos darle prisa, y que no creo todo lo que se dice en el mundo —finalizo mirando a la mujer de ébano.
—Al menos hasta no verlo, como las sirenas— dijo ánima mirándolo a los ojos.
—¡Touche voleur!
—Es un punto que no puedo debatir— dedos miro fijamente a la rabdomante.
—Sin importar todos los lugares que hayas visitado, las personas que te encontraras en el camino y las habladurías que pasaran por tus oídos, debes recordar que el mundo es muy grande y guarda grandes misterios todavía.
—¡Deja de aburrirnos stolto!
—Te doy la razón en parte—dijo Flogging ignorando al tahúr—. La mente es sin duda como el mar, siempre podemos expandir nuestra visión y encontrar nuevos horizontes.
—Aunado a ser un tontorrón emocional, ahora también eres un filosofo de mar ¡Cuantas sorpresas nos estas dando dedos de oro! O tal vez te vendría mejor lengua de oro, por tus elegantes palabras y pensamientos tan profundos…
—No recuerdo que te burlaras de ese modo cuando mi pistola salvo tu grasienta cara de niño de ser desfigurada por el fuego de ese tipo.

Para sorpresa de todos, el filibustero al terminar de decir su respuesta se rió con mucha alegría y chasqueo los dedos al dejar callado, ya fuese por la impresión o la respuesta, a Donovan.
Después de todo, el jugador ya no sabía a qué atenerse con ese sujeto. Hacía menos de una hora estaban discutiendo acaloradamente. Cinco minutos atrás miraba con ojos de amor a su embarcación y ahora se reía y seguía el juego de burlas como si fuese lo más natural. Era un tipo más raro de lo que se decía por los arrabales… o tal vez estaba muy loco.

Saliendo de su estupefacción, Donovan y stregone apresuraron el paso para subir al barco y ponerse al corriente de la situación.
Raudos como solo podían serlo ese desigual par, subieron a la cubierta a través de un tablón de madera y encontraron a todos los marineros contratados previamente haciendo un círculo alrededor de Flogging.

—Eso es lo referente a la paga— el tono de voz de Flogging sonaba autoritario—. Con respecto a las reglas—de uno de los bolsillos sustrajo un pedazo de papel—, que acataremos sobre la nave son las siguientes…
—¿Qué diablos esta haciendo? —cuestiono stregone en voz baja a shamrock.
—Les está leyendo el chate partie —miro al mago y suspiro—. Es algo así como un código a seguir sobre la nave, son las “reglas” de la nave.
—No tenía idea que fueran tan organizados los piratas.
—Dedos de oro es un filibustero. Ha navegado bastante tiempo y ha sido un reconocido capitán en diversos abordajes. Por supuesto que él es organizado. Lo que jamás había visto era que alguien leyera su tripulación el código…
—Bueno supongo que no todos sabrán leer…
—Exactamente stolto— dijo con fastidio y poniendo en blanco los ojos el tahúr—. La mayoría de navegantes abusa de que su tripulación es estúpida o carente de la instrucción básica. En cambio, ese sujeto les está haciendo conocedores de ellas… para que sepan a qué se atienen. No lo entiendo.
—Bueno, ese tipo de conducta habla muy bien de su persona—dijo stregone sonriendo instintivamente—. Eso demuestra que podemos confiar en él.
—¡Bah! Tal vez simplemente quiere hacerse el bueno para ganarse a la tripulación o evitar llevar en su conciencia el cargo de matar lentamente a alguien con el maroon.
—Sea la razón que sea. Esta es una manera sumamente honrada de actuar, lo mires por donde lo mires. Incluso si buscara obediencia… no se la está granjeando por la fuerza y el miedo.

El apostador abrió los ojos ante el hecho de que no pudo objetar nada más. Era verdad, pocos eran los navegantes del océano que se tomaban esas molestias. Usualmente la mayoría, igual que el mismo, pensaban en la tripulación como perros sacrificables por su beneficio. No los consideraban personas, sino viles monos que atendían una tarea determinada y que, como esos mismos animales, eran reemplazables.

Definitivamente, Donovan no sabía a qué atenerse o que esperar del filibustero.

—Ya ha terminado de leer—dijo el mago sacando de sus reflexiones al tahúr—. ¡Vaya, todos se dispersaron sin rechistar! Están de acuerdo entonces con lo que les dijo.
—¡Eh, shamrock ven acá! — le gritaba dedos de oro desde el alcázar.
—Te llama dedos de oro— le informo ánima.
—Ya le escuche, no soy ningún sordo— respondió molesto el pirata y se encamino a donde estaba el capitán.
—Dedos me pidió que clavara esto en el palo mayor— le extendió a su amado el papel amarillento—. Es lo que les leyó a los marineros.
—Que interesante. Déjame verlo que no tuve la oportunidad de escuchar de que trataba todo esto, al menos completamente.
—Yo si lo escuche, estaba a un lado de él cuando lo leyó.
—Quisiera leerlo por mi cuenta amada mía. Veamos… —con su diestra sujetaba el papel a la altura de su rostro mientras que con la siniestra se acariciaba el mentón—. Ron y comida para cada marinero. Se deja de beber a las 9 y se apagan las velas. Si alguien desea seguir bebiendo lo hará en la cubierta principal. No hay peleas en la nave, hasta llegar a tierra firme y se combate de forma honrada… vaya. Incurrir en una falta grave acarrea el castigo del abandono o maroon… ya lo he escuchado, pero no sé que es ese castigo… ¡Espera! — El hechicero agarro con ambas manos el papel y releyó lentamente, como si lo que había leído antes hubiese sido un juego de su mente—. Aquí, en la parte final donde habla de los pagos y los rangos de la tripulación…
—Estamos en calidad de altos puestos.
—Me doy cuenta…Dedos de oro Capitán, claro eso era más que obvio. Shamrock es considerado capitán, solo que por debajo del capitán de la nave. Stregone es el sub alterno de shamrock…que significa eso de subalterno—pregunto más al viento que a alguien en concreto.
—Tú respondes a shamrock y ustedes dos responden a dedos de oro. En concreto tú no tienes autoridad para mandar a nadie en sí, pero del mismo modo te hizo intocable ya que te dio un puesto de apoyo para otro capitán.
—Creo que siempre he amado tu manera tan analítica de ver las cosas—dijo con cara de tonto mirando a los ojos a la mujer.
—Si ya terminaste de leer, quisiera ir a clavarlo como me encomendó el capitán—dijo secamente y haciendo caso omiso del cumplido que le prodigo su amado.
—Aun no término —dijo confundido el pobre hechicero. Claramente no esperaba una respuesta tan fría por parte de ella—. Ánima, tú tienes un cargo especial, eres adivina.
—No es ningún cargo especial, a eso me dedico.
—No lo entiendes, y me sorprende. Después de todo habiendo leído tanto creí que entenderías más sobre lo relacionado a la tripulación. Tu cargo no corresponde con nada que tenga que ver con una tripulación pirata, es más, incluso yo puedo ser considerado alguien con un cargo, pero tú, eres un caso aparte… y respondes ante Flogging “dedos de oro” solamente. Vaya, nos ha dado esos puestos para que nadie se meta con nosotros, parece como si fuéramos importantes…
—Tengo que clavar ese papel en el palo mayor, dámelo por favor— su voz monótona adquirió un leve matiz de autoridad al pedir el papel amablemente.
—¿No lo ves anam? Dedos de oro de algún modo esta depositando su confianza en nosotros, o por lo menos nos está dando la libertad de ir por el barco como si nada, es maravilloso.
—Sí, me lo imagino. Ahora entrégame ese papel, no quiero incurrir en una falta con el capitán.

Stregone le dio el papel casi inconscientemente, de manera mecánica. La mujer de ébano, como aparentemente siempre solía hacer, no le prestó menor atención a su amante, simplemente tomo el papel y se retiro sin percatarse de nada. Lo cierto era que en ese momento, el hechicero quedo fascinado por la actitud del filibustero para con ellos tres, de tal manera que fue en ese instante, que la semilla de la confianza se planto en su ser.

Donovan estaba de brazos cruzados mirando a Flogging desplazarse por todo el castillo de popa. No sabía por qué lo había llamado, solo le dijo que observara, y eso es lo que hacía. No entendía por qué y tampoco le importaba.
El filibustero finalmente dejo de moverse de un lado a otro. Dio un hondo suspiro y sonrió mientras acariciaba el timón de rueda de su embarcación. Era como reencontrarse con una vieja amiga. Se sentía además muy contento porque a pesar de todo lo dicho y sentido, amaba el mar y volver a navegar le hacía sentirse vivo y completo.

Tal vez por eso tenía mejor humor y había dejado de ser tan taciturno y distante. O simplemente su alma consistía en muchas más facetas que solo la de viajero de mar, filibustero y mercenario. No podría decir realmente que es lo que hacía que su alma se sintiera tan plena, pero tampoco era tan necio como para tratar de definir una emoción así, el prefería disfrutarla que analizarla.

—Bueno espero que hayas prestado atención a todo lo que hice, porque la siguiente ocasión que zarpemos de un puerto, tú te encargaras de eso amicus— lo último fue imitando la voz del tahúr.
—A mi no me interesa navegar. Puedo ser muchas cosas menos un capitán o navegante.
—Pues te tengo noticias, de ahora en adelante tú y yo seremos los que dirigiremos esta nave, a donde sea que vayamos, llegaremos gracias a nuestras dotes de navegación.
—No tipejo, estas mal esta vez— shamrock se enfureció. Sujeto de la camisa a dedos y lo miro directo a los ojos—. Yo no soy uno de esos peones que están bajo tus ordenes, recuérdalo, somos socios y no acatare tu palabra como si solo tu voluntad importara. Si he dicho que no navegare esta nave, es lo que pasara ¿capisci?

Flogging sujeto con firmeza el brazo de su socio con ambas manos. Haciendo acopio de fuerzas le dio la vuelta por encima de su cabeza y de un solo tirón lo levanto y estrello contra el piso de la nave. Sin soltarle el brazo se puso delante de él.

—Escúchame Donovan. No te vayas por la ruta equivocada. Lo único que quiero es poder hacer esta parte del viaje tranquilo. Confió en que tu naturaleza no permitirá que te arriesgues a muerte innecesariamente. Por eso, porque sé que salvaguardaras tu vida como nadie, quiero que tú dirijas a la vendetta, así podre estar tranquilo y preocuparme de otros asuntos cuando no sea mi turno de capitanear la nave —con un nuevo tirón, dedos puso en pie a su compañero—. No me defraudes tan pronto, además, como puedes decirte pirata si no timoneas una nave de vez en cuando.
—¡Suéltame alimaña! —De un manotazo el pirata quito la mano del filibustero— ¡Soy shamrock y como tal hago lo que se me dé la gana!
—Quieres que pasemos de las palabras a los puños… ¿Eso quieres realmente?
—¿Qué tan difícil de entender es el que no quiero nada que ver con la navegación y curo de la nave?
—Para mí es bastante difícil— dijo seco el filibustero—. Honestamente creí que te agradaría la idea. Además, es mi manera de mostrarte un poco del oficio, es como dar algo a cambio por tus futuros servicios. También quiero saber que tan de fiar eres en una nave, en todo sentido y bueno, creí que te agradaría porque si tu y yo capitaneamos la vendetta podremos viajar más rápido a que si solo yo lo hago. Entiendes que no es solo un capricho sino parte de los negocios y del trabajo de “socios” ¿Verdad?

El jugador no se esperaba una respuesta tan sincera de parte de su camarada. De hecho, ya había buscado con la mirada una espada para combatir al filibustero, pero, dada la sinceridad del capitán, se sintió desarmado, al menos su ira se apaga y perdió el ardor de combatir.
Desarmado en todos los sentidos reales y figurados de la palabra, Donovan se relajo. Dio un suspiro lastimero, de esos que dan los que se rinden y se rasco la cabeza. Se acerco a Flogging y le dijo en un tono quedo.

—No se navegar. Jamás aprendí a timonear nave alguna, a duras penas puedo dirigir una balsa de remos. Por eso es que no quiero navegar tu barco, porque no sé hacerlo.

Bien había dicho Flogging. ¿Qué pirata que se preciara de tener cierta fama no sabía navegar? Era irreal, como hablar de un ave de alas hermosas que no supiera como emprender el vuelo.
Al tiempo Donovan confesaría que ese era uno de sus más terribles secretos. De esas cosas que no se le cuentan a nadie por temor a parecer tontos, a que los tomen con menos seriedad o a que se burlen de ellos.
Shamrock esperaba eso ultimo. Desvió la mirada cuando confeso esa oscura verdad de su vida. No quería ver la cara del Filibustero, no soportaría ver su sonrisa burlona y detestaría escuchar sus carcajadas. No podía ser el mejor en todo, pero era verdad, el si era llamado pirata y la gente en general, ya estuvieran en el gremio marino o no, esperaría que mínimo tuviera nociones de navegación.

Y obviamente carecía de la más mínima habilidad y empeño para este oficio.

A pesar de todo, la burla jamás llego. Donovan miro a los ojos a Flogging y el permanecía impasible. Cuando sus miradas se encontraron el filibustero sonrío y le dio unas palmadas en el hombro.

—Pudiste empezar por ahí Donovan. Anda, agarra un barril de galletas o recárgate para que puedas verme y te explique cómo se hace, nunca es tarde para aprender —le dijo tranquilamente y sin quitar la sonrisa del rostro.
—Creí que te burlarías de mi —confeso aun apenado el tahúr—. Si lo hubieras hecho te habría rebanado el cuello, pero no has dicho nada ¿Por qué?
—Me sorprendió un poco si te soy sincero, pero eso no implica que deba mofarme de ti. No me convendría hacerme de un enemigo en mi propia nave y que goza de tantos privilegios como yo.
—Ya veo, eres practico dedos—dijo el tahúr recobrando sus bríos.
—Tampoco me burle porque no sería correcto. No me hace más hombre reír de algo así, no le veo sentido.

Donovan se sorprendió por esa última respuesta. Con más razón que antes, no sabía a qué atenerse con dedos. Ahora parecía que su corazón también estaba bruñido en oro por ese pequeño gesto de nobleza.
No puedo evitar el sentirse bien y sonreír en ese momento. Haciendo caso de su capitán, fue por un barril de alimento.
Sin quererlo, le había dado una lección de confianza y educación, uno de los hombres de peor fama del viejo país y de la pista de baile del diablo.

lunes, 12 de noviembre de 2012

El gran trato.

Capitulo Dos: Stregone (El gran trato).


El par de aventureros estaban sorprendidos, no tanto por el ataque que se había perpetuado en el lugar, o el hecho de que la mujer que respondía al nombre de ánima no hubiese movido un solo musculo ante la inesperada interrupción.
Lo que más les sorprendía, es que el sujeto que jugaba con el fuego envestido en una capa de viaje raída y vieja, no señalaba a dedos de oro, sino a shamrock.

—¿Qué te he hecho yo para que quieras atacarme? —preguntaba aun sorprendido el jugador.
—No dejare que mi ánima se vaya de “viaje” con un bastardo jugador mujeriego como tú.
—¿Te preocupa más que vaya con un tipo como él a que vaya con uno como yo? —cuestiono bastante sorprendido Flogingg.
—Tú no tienes fama de mujeriego que me importe—dijo indiferente el recién llegado—. Tú no me importas.
—¡Pero no quiero tener nada que ver con esta mujer más allá de lo profesional!
—¡Te matare antes de que otra cosa se cruce por tu cabeza!

La mujer en ese instante se puso de pie y le dio un tremendo derechazo en el estomago al que usaba fuego.
El golpe había sido dado con tal fuerza que el sujeto solo se arqueo en el aire y se desplomo cual muñeco de trapo, había sido algo increíble.

—¿Cuántas veces te he dicho que no te entrometas en mi trabajo?
—Pero mi amor—el hombre desperdigado en el piso cual estropajo hacia un esfuerzo contranatural para hablar claro—, el es shamrock un peligroso sujeto…
—Que está dispuesto a pagar por mis servicios de rabdomancia. Solo seré un zahorí y nada más.
—Espera… él le dijo “amor” a la mujer ¿Verdad? — Donovan miraba asombrado a Flogingg esperando respuesta.
—Sí, al parecer son pareja— contesto carente de asombro—. Eso explica porque no teme que su prenda amada parta conmigo, pero si contigo.
—Yo jamás pondría un dedo encima a una mujer con la que estoy trabajando, que sea adivina y mucho menos que sea tan mayor—lo ultimo lo expreso el jugador con cierto aire de desprecio.
—No creo ser más grande que tú—dijo la mujer de piel de ébano seria, no por enojo o molestia, simplemente porque su carácter era hosco aparentemente—. Pero si eso hace que mantengas una sana distancia, es mejor. De ese modo hare mejor mi trabajo.
—¡Me rehusó a esto totalmente! —el practicante de magia se levanto y alzo su mano derecha—¡No lo permitiré!

Un “clic” metálico y que sonó secamente en la estancia hizo callar al hombre que se negaba a permitir que su amor viajara con aquellos hombres de tan mala fama.
Antes de que enfocara claramente a Donovan o de que abriera la palma de su mano, Flogging ya estaba parado a su lado y le había incrustado el cañón de la pistola en la cabeza.

—No tengo nada contra ti honestamente—el filibustero hablaba lentamente, enfatizando cada palabra más que la anterior—; pero, no es como si necesitara una razón para jalar del gatillo.
—El caería muerto antes de que pudieras finiquitar mi vida.
—No me dicen dedos de oro por tener bien cuidadas mis manos precisamente.
—Tomémoslo con calma—el tahúr intervino metiéndose entre los dos hombres lentamente—. Con un tipo como él, las palabras elegantes como finiquitar no sirven amigo, mejor simplemente hazle caso al hombre. O mejor aún, podrías hacer caso a la voluntad de tu mujer y esto se zanjaría de manera elegante y sin sangre—con movimientos acompasados de sus manos, al mismo tiempo bajo con delicadeza la pistola así como la mano con la palma abierta que antes apuntaba su pecho—¿Estamos bien entonces?
—No importa su opinión—la voz pausada y sin emoción de la mujer interrumpió la negociación—. Quien decide que trabajos tomar y para quien trabajar, al menos la adivinación y la rabdomancia, soy yo. Él es punto y aparte. Ninguno de los dos requirió tus servicios como mago, encantador o hechicero, ni siquiera se te pidió un sortilegio pequeño o una infusión de algún tipo.
—Partiremos a la brevedad—de mala gana dedos guardo en su espalda la pistola—. Sería ideal que partiéramos lo antes posible a nuestra nave.
—Pero no quiero que vayas tu sola, me preocupo mucho por tu bienestar y la aprensión que me causa tu ausencia de por si es terrible, pero si vas con estos barbajanes probablemente muera de la preocupación amada mía.
—Por como habla, no me extraña que no quiera dejarla irse, sin duda no encontraría a otra mujer en toda su vida—shamrock lo dijo a dedos fingiendo un tono confidencial, justo para que el hombre del que se burlaba lo escuchara.
—Siempre dices el mismo tipo de cosas y aun así siempre regreso sana y con dinero. No veo de que manera o con que argumento podrías continuar esto de manera coherente o sin caer en lo absurdo.
—Qué manera de hablar tiene esta mujer—dijo el tahúr a su camarada— ¿No lo crees?
—¿Por qué me sigues hablando como si me importara? —pregunto Flogging arqueando ambas cejas y con gesto de molestia—. Solo encárgate de que venga con nosotros.
—Pero ese tipo no la suelta…

Era verdad. Mientras la mujer escogía y guardaba con sumo cuidado libros, péndulos y demás artilugios en unas viejas alforjas; el aprendiz de mago se movía de un lado a otro con ella, rogando porque se mantuviera a su lado y que por la providencia no partiera con ese barbaján y su asesino compinche.
La mujer no le prestaba importancia, incluso si respondía de manera seca una o dos palabras, parecía que lo hacía más con la intención de hacer que se callara que de llegar a un genuino entendimiento.

—Vaya pareja rara.
—Pensé que no te importaba en absoluto.
—Lo que me importa es que si no nos vamos rápido, el viaje seguirá posponiéndose. Yo pensaba que navegaríamos esta noche.
—Veo tu punto—Donovan acariciaba un fino pelillo rubio en su barbilla que el pregonaba era su opulenta barba pirata— ¡A ver intento de enamorado! ¿Te callarías y dejarías a la mujer hacer su trabajo si vinieras en el viaje también?

Dedos abrió grandes los ojos ante la sorpresa. El si consideraba como una verdad las artes místicas, pero le resultaba algo irritable imaginarse a un perro faldero como el aprendiz que tenía enfrente viajando con ellos. De saber que esa era la solución que aportaría Donovan, dedos hubiese preferido jalar el gatillo de su pistola una y otra vez en lugar de haber sido racional.
La mujer se sorprendió también. No fue algo del otro mundo ni nada de escenas dramáticas. Simplemente al escuchar esa pregunta, su ceja derecha se arqueo con incredulidad y eso fue todo.

—C-claro. Mis servicios te costaran caros mujeriego, pero…
—No habrá peros mi amigo—shamrock sonrió triunfal, como si hubiese ganado una apuesta—.Déjame dejar las cosas en claro. Tu amor vendrá con nosotros, te guste o no—enfatizo—, pero, si tu quieres venir y protegerla de todos los males que pueda encontrarse en mar y tierra—el tono de burla con que lo decía resultaba incluso hiriente—; tendrás que aceptar nuestro trato y nuestro pago por tanto.
—No me convencerás con algo así, es una jugarreta sucia pero muy obvia.
—Que podía esperar su merced de alguien como yo—Donovan mostro sus blancos dientes en una sonrisa digna de un villano—. Además no es cuestión de hacer caso a mis palabras, sino a que tu dama amada, vendrá con nosotros, te unas a la aventura… o no, mi amigo.
—Eso no es verdad—si bien, la voz del practicante de magia era firme, su cuerpo delataba el temor y las dudas.
—Lo que se ve—shamrock señalo a la adivina—, no se juzga ¿Verdad?

Ella seguía empacando, sin importarle en absoluto el desenlace de ese “trato” tramposo. Realmente, parecía que nada le importaba fuera de haber sido empleada y que empezaba esa noche.
El joven dio un hondo suspiro y agacho la cabeza, la señal clásica de la derrota en una discusión.
Flogging sonrió también. La jugarreta había sido buena, pero lo que le alegraba era ver la cara real de Donovan y no esa mascara barata de hombre de mundo. Empezaba a entender con quien trataba.

—El nombre es stregone. Soy mago, tengo nociones de la magia blanca aunque mi fuerte son las artes del caos. Tengo solidas bases en la alquimia. También puedo fungir de apoyo para ánima por mis sortilegios. Por mi cuenta puedo hacer poderosas pociones o útiles encantamientos, tanto ofensivos como defensivos—el mago recito de manera cansina sus habilidades. Era claramente un discurso que tenia aprendido y estudiado de sobra.
—Estas a bordo maguito—el tono de shamrock era con toda intensión hiriente—. Ganaras una módica cantidad por cada servicio que hagas— la sonrisa burlona no demoro en aparecer en su rostro—. No te preocupes por el alimento, eso no te lo cobraremos, pero—la mirada del tahúr se torno seria y su voz firme—, con tus servicios, tienes que justificar que estés navegando con nosotros o no me tentare el corazón y te desecharemos en cualquier momento ¿Capisci?

El gesto triunfal con el que el pirata corto sus palabras fue el de agarrar al mago con la mano diestra del mentón y mirarlo fijamente a los ojos. Eso no se trataba para nada de un contrato de trabajo o algo así, era simple y llanamente una imposición que ultrajaba al joven.

Y este joven y enamorado mago, con el desprecio brillando en sus ojos pardos, asintió lentamente con la cabeza sin quitar la vista de los ojos del pirata ni aflojar la presión en sus dientes o en los puños.

El trato se había cerrado.

—Bueno, a mi me gustaría que partiéramos ya. —Dijo Flogging algo irritado a todos los que estaban en ese cuarto.
—Estoy lista.
—Bueno pues, vámonos de una buena vez. —La voz de Donovan era clara y alegre.
—Yo necesito empacar un par de cosas.

Flogging suspiro contrariado por la nueva demora que representaba stregone. Por su parte, ánima estaba quieta mirando a los dos navegantes. Aunque dedos estaba quieto mirando con fastidio al último miembro de su tripulación, Donovan no se había tomado siquiera la molestia de darse la vuelta y mirarle. Se detuvo en seco, se encogió de hombros y carraspeo.
—Está bien stolto, tienes cinco minutos para tomar todo lo que necesites y vernos en la entrada de este sitio, si te demoras me temo que te dejare atrás. —El tono del tahúr fue severo al hablar— Podrás ir detrás de nosotros, nadie te lo impedirá, pero recuerda: cinco minutos y nos iremos. Y entérate desde este momento que no eres el único que habla y entiende otras lenguas, pseudohechicero.

De nueva cuenta stregone se trago su furia conteniéndola en su cuerpo mientras temblaba victima de su ira. Esta vez a Flogging le pareció algo desagradable este suceso, no por que sintiera pena por el mago, sino por el hecho de que hacerte de este modo tan barato de enemigos le parecía una idiotez. Por lo menos, seguía entendiendo a su compinche y ahora entendía incluso la naturaleza del nuevo miembro de esta pintoresca tripulación.

Sin esperar una respuesta Donovan se fue por el pasillo oscuro de antes hasta la puerta. Flogging pasó junto a la mujer de ébano que miraba en silencio y con cierto aire perdido al hombre que “amaba”, según se decía, conteniendo su furia.
No tuvo más remedio que quedarse un instante observando a la extraña pareja y sentir un poco de confusión. No tenia cabeza para pensar como alguien podía sobajarse de la manera en que stregone lo hacía, y peor, que en vez de recibir el apoyo o por lo menos la comprensión de ánima solo obtenía por recompensa de la dama de su devoción una mirada perdida y un silencio que opacaba seguramente al de la muerte.

—No es mi problema —se dijo a sí mismo en voz baja—, será mejor que vaya allá afuera antes de que me reviente la cabeza por pensar de más, sobre todo de un asunto que no me incumbe.

El filibustero siguió su camino, y aunque dejaba atrás sus palabras y a la extraña pareja, no podía quitarse ese amargo sabor de boca de que se estaba mintiendo de una manera tonta. La gente decía que omitir, no era igual que mentir, pero él consideraba esa “diferencia” una justificación de débiles o cobardes. El mal sabor de boca se debía a eso mismo, a que sentía que al decirse que era un asunto que no le incumbía, había omitido en esa frase, tres letras, pequeñitas pero cargadas de significado: “un asunto que aun no me incumbe”.

Tembló solo de pensarlo y prefirió desviar su atención a menesteres mas prácticos como los requerimientos para zarpar, preparativos que hacer al llegar a la nave, las posibles sorpresas a las que se enfrentaría e incluso pensar que debería de hacer o como castigaría a algún miembro de la tripulación que se sublevara o no cumpliera su labor.

Antes de salir al encuentro con shamrock y la luna, Flogging pensó por última vez que en verdad, la omisión no había sido casualidad. Eso y el hecho de no querer pensar en ello, confirmaban su teoría de que solo los débiles o cobardes ponían en práctica esa treta.

jueves, 16 de agosto de 2012

Dos Caras

Tiene mucho que no actualizaba esta historia en ningún otro sitio que no fuese la Ventana Convergente y un poquito de ventaja de dA. De alguna manera, me gusta creer que esta es mi exclusiva para la venta, aunque realmente no lo sea. En fin.

Aunque tome toda una vida


Al día siguiente del encuentro con Donovan, dedos de oro se levanto con la habitual resaca por culpa de beber tanto licor. El problema no era si bebías mucho whiskey o si te acababas las reservas de ron o si acaso probabas algún tipo exótico de aguardiente. El problema no era ese, sino cuantos tipos de licores podías mezclar en una noche de bebida; desde luego, el filibustero había terminado tomando cinco tipos distintos de bebida, por eso al despertar sintió que el mundo daba vueltas al poner el primer pie en el piso, sintió que era como anclarse a tierra firme, o inmóvil cuando menos.

Flogging desde que había llegado a la última noche del mundo solía pasar al menos 20 de las 24 horas del día en el lugar. Había rentado una hamaca en la planta superior. Usualmente sus alimentos se le proveían en la barra del lugar, después de alimentarse solía regresar a la hamaca, sino a dormir, si a quedarse tirado en ella meciéndose al vaivén del viento del mar. Posteriormente salía a sentarse unas horas en la playa y contemplaba el horizonte. Regresaba y comía, nuevamente se subía a su hamaca a esperar la noche y bueno, por las noches bebía hasta entrada la madrugada, que era cuando subía a dormir. De vez en cuando por las tardes rara vez caminaba por la playa o en las noches había alguna pelea para sonsacarle sus grandes secretos de bandido (¿Qué secretos? Se preguntaba siempre mientras se batía en duelo) o simplemente porque algún borracho quería mostrar su acero.

Esa era su vida, su apasionante rutina desde que había vuelto de esa isla.

Por su parte Donovan despertó quejándose al lado de su nuevo compañero de mar. El odiaba las hamacas, por lo cual se había dormido en un intento de cama, le costó dos monedas de oro, era un lujo, pero en parte había valido la pena con tal de evitar el mugrero de cuerdas. El tahúr acostumbrado a un estilo de vida mucho más refinado no puso objeción alguna, finalmente, ayer por la noche había logrado comprarse a un aliado tan confiable como dedos de oro y eso hacía que valieran la pena tantas incomodidades. A diferencia de su nuevo camarada de mar, shamrock tenía una vida bastante ajetreada. Nunca dormía en la misma posada o hostal, incluso era rara la vez que dormía en la misma provincia o estado; incluso a lo sumo repetía 5 noches en un mismo país. Su estilo de vida de embaucador, de apostador compulsivo y de mujeriego no le permitía tomar tantos lujos, al menos de esa índole cotidiana que ya nadie considera lujos. Después de despertar siempre tenía listas sus pertenencias para partir, no importaba si despertaba solo o acompañado, al vestirse salía del lugar como alma que se tratara de llevar el diablo. Comía donde podía y cuando podía. Por lo regulara se le podía hallar en los lugares de apuestas más conocidos, ya fuesen giros clandestinos o sumamente reconocidos y aceptados. Por lo menos mentía y endulzaba orejas diez veces al día para salvar el cuello, el orgullo viril o conseguir un patrocinador o prestamista en sus apuestas. Dos peleas al día eran la cuota reglamentaria, a pesar de todo, el jamás llevaba arma alguna, no tenía un acero propio y lo que era aun más interesante, para ser pirata el contador de muertos no rebasaba la veintena a lo largo de su vida. Al anochecer y habiéndose librado de cobradores y perdedores furiosos, buscaba algún medio de transporte marino o terrestre y se largaba del lugar, justo a tiempo para embelesar a alguna mujer hermosa y convencerla de ir a un hostal de mediana calidad a divertirse por la noche.

Sin duda la rutina del jugador era más variopinta que la del filibustero que había atrancado en la última noche del mundo, pero a pesar de eso, no dejaba de ser una vida de rutina.

Se miraron a los ojos al momento que despertaron. El filibustero recordó el trato del día anterior, la cortesía del tahúr de pagar una botella de ese ron caribeño tan dulce y de haber apaleado a tres borrachos cada uno. Vaya noche. Todo se hubiese imaginado menos emparejarse con alguien con la fama de Donovan y es que eran sumamente distintos, desde el giro de su profesión hasta el cómo se veían.

Ambos eran piratas, filibusteros, ladrones del mar y demás sinónimos, pero a pesar de ello, no se dedicaban a lo mismo. El jugador era conocido por meterse en tremendos problemas, desde una correría de faldas hasta ir a los confines del fin del mundo para ganar una apuesta y el tesoro de paso.
Él en cambio, solía meterse en problemas que implicaban asaltar puertos, perseguir, secuestrar o robar navíos en medio de la marea de la pista de baile del diablo, incluso algunas veces hacían él y su vieja tripulación de mercenarios en tierra firme.

A Donovan solía motivarlo la aventura, el reto, los desafíos, el dinero y las mujeres.
A Flogging solía moverle el dinero que pagaran por sus servicios y una que otra vez, algún interés personal.

En toda la extensión de la palabra, el tahúr era ese sueño romántico que tienen las muchachitas cuando piensan en un pirata. El protagonista ideal de una historia de aventuras y peligros de los escritores de la época. El vivía el sueño de ser un hombre de mar libre.
Por su parte, el filibustero era básicamente ese cuento de horror que dicen los padres para que la núbil hija no se arriesgue a salir de noche. A lo que le temen todos los hombres de bien que trabajan su tierra o sus naves honradamente. Si su nombre aparecía en algún papel, estaba relacionado a la recompensa por su cabeza más que a una obra en prosa de sus hazañas. El era la pesadilla del mar a la que tanto temían los hombres. El era la otra cara de esa resplandeciente moneda de oro que representaba el ser pirata.

—Bueno—interrumpió Donovan estirándose perezosamente—. ¿Ya estás listo? Necesito hacer un par de cosas más. Afianzar unos detallitos para que zarpemos lo antes posible. Después de todo, parece que el día será gentil con los que navegan.
—Que otra cosa puede hacer falta para esta empresa de muerte y locos.
—Bueno, sería hacernos con provisiones, un poco de carne de cañón o tripulación; como tu gustes decirles—una sonrisa de complicidad asomo en su rostro—. Finalmente, pero no por eso menos importante, quiero pasar a visitar a un afamado zahorí que vive en los límites del pueblo.
—¿Un rabdomante? —por primera vez dedos parecía genuinamente sorprendido con lo que su interlocutor decía—.Pensé que te bastaba conmigo.
—No te mongas celoso mon amour—la risa había pasado de ser cómplice a burlona—. Solo lo necesito para afianzar algunos detalles, nada serio francamente, pero no quiero dejar ningún cabo suelto.
—Está bien, no tengo "pero" alguno—el filibustero se ladeo y cayo de pie junto al tahúr—. Solo me parece demasiado extraño todo el tipo de molestias que te estás tomando.
—Bueno, quiero regresar vivo y además en excelente forma. Tú entenderás a que me refiero.
—Si te entiendo—dijo serio arqueando una ceja—. Pues toma tus cosas y tu casaca azul para irnos de aquí.
—Bueno este es un giro interesante, no esperaba que estuvieras tan de buen humor como para querer ir tan rápido a esta hazaña, y más por ser tu segunda ronda.
—Tengo mis razones para todo esto.
—Hablando de razones, todavía no has mencionado en que quieres mi apoyo.
—Ya lo descubrirás en su momento, pero no te apures, tu palabra la tengo en mente, y lo más importante, utilizare tu ayuda sin falta alguna— el inexpresivo rostro de dedos apenas se vio perturbado por una curva en sus labios.
—Creo que me causa más terror el verte serio al decirlo, que si te hubieses reído de manera macabra y retorcida.
—Bueno, en marcha.

Flogging resto importancia a la plática y sin miramientos paso junto a Donovan y se retiro del cuartucho de pensión que en otros tiempos hacia de armario para trastos viejos. El jugador observo con los ojos bien abiertos por el asombro cómo se retiraba su nuevo compañero de trastadas y desafíos.

—Qué fácil es para este tipo acabar una platica mañanera tan amena—dijo con desprecio y frunciendo el seño—. Vaya, por eso mismo jamás hablo con nadie por la mañana—su rostro se ilumino con una sonrisa mientras tomaba en sus manos un chaleco azul de vestir y su casaca azul larga con botones de oro—, ni siquiera con las mujeres que comparto el lecho.

El día realmente había amanecido radiante como había dicho el apostador. La luz del sol calentaba y acariciaba a todo el que caminara bajo ella, la brisa del mar permitía que a pesar de caminar bajo la luz de ese astro la gente estuviera fresca y el ir y venir de las olas hacia que se respirara calma. Era un día radiante, incluso para un lugar maldito como ese.

Donovan y Flogging anduvieron por todo el pueblo haciendo las tareas que el tahúr requería para poder tener un viaje más seguro desde su punto de vista.
Primero que nada pasaron a comprar los servicios de algunos piratas y marineros de cuarta que encontraron en diversas cantinas y tabernas de todo el lugar. Precisamente la mayoría de ellos eran lo que el jugador denominaba como carne de cañón, para usar y tirar a la basura.
Posteriormente, llevando a algunos de esos nuevos marinos con ellos, se dirigieron a la zona del mercado. Allí compraron todo tipo de provisiones. Barriles con agua y licor, cajas de carne y frutos secos, algunos utensilios para cocinar, y un par de barriles de galletas. Lo necesario para un viaje de tiempo indefinido, aparentemente.
Una vez que se hicieron esas compras, Donovan mando a los nuevos lacayos a dejar y dar acomodo a todo eso en la embarcación de Flogging. De ese modo quedaron solo ellos dos, prestos para llevar a cabo la última tarea, la que consistía en encontrar y contratar los servicios del rabdomante. Para llegar hasta ese momento, habían tardado gran parte de su día, de hecho, llegaron al lugar con la luz del atardecer.

La vivienda del rabdomante se encontraba en pésimas condiciones. La madera del pórtico se veía sumamente podrida y corroída por el tiempo. El techo tenia lugares donde faltaban tejas. La pintura que en algún momento de la existencia de la vivienda era café ahora tenía un tono grisáceo enfermo. La puerta estaba derruida y el único impedimento para entrar aparte de ese intento de freno era una tela que servía para mantener a raya a los mosquitos únicamente.

—Este es el lugar mein freund.
—Bastante acogedor y elegante— ironizo dedos.
—Venga pues, quiero tener listo todo para que por lo menos podamos zarpar esta noche, dado que gastamos todo el día en preparar lo demás.
—Bueno, yo no fui el que tuvo la idea de hacer todos estos arreglos— al decir eso dedos jugueteaba con su negra barba.
—Solo quiero asegurarme de que tengamos las mayores probabilidades de volver con bien de esa isla infernal dedos, no puedes culparme por ser precavido.
—Yo no te culpo ni nada por el estilo. Solo digo que pudimos hacer las cosas con mayor velocidad—la brisa del viento movió su cabello negro y lacio a un lado dejando ver íntegramente su par de ojos color miel—. Como sea, ya estamos aquí así que lo mejor sería entrar en este lugar y acabar con este asunto.
—Tienes razón— el jugador se ajusto el cuello de la casaca al tiempo que se echaba a un costado la coleta de caballo color rubio—. Venga pues. Después de ti pana.
—Siempre que escucho que mandan a alguien por delante, me da la sensación de que recibirá una estocada en el vientre o el plomo en el pecho.
—No lo averiguaremos, si no entras—dijo sonriendo divertido Donovan.
—Está bien, alguien tiene que comportarse como un verdadero hombre— al decir eso le dirigió una mirada burlona al rubio y poso la diestra con cuidado sobre el pomo de su acero.
—Dirás misa si quieres, pero, si de verdad alguien recibirá un golpe mortal, no seré yo. Ahora metete, yo cubro tu espalda.

Dedos miro con la ceja derecha arrugada al tahúr, era evidente que a pesar de bromear, hablaba enserio. Se encogió de hombros y expulso lentamente el aire por su boca, era su manera de relajarse. Midió mejor sus opciones y opto por soltar la espada, llevando su diestra a la cintura. De este modo sustrajo lentamente la pistola flintlock al tiempo que con la otra mano apartaba el remedo de puerta.
Sus pisadas crujían en el desvencijado piso con tal sonoridad que daba la impresión que en algún momento todo el edificio se vendría abajo. Sin importar nada, dedos continúo su andar por el estrecho pasillo al que habían entrado. Al final el mismo se veía la vacilante luz de vela alumbrando y una sombra amorfa, aparentemente la de una persona.

—Me imagino que el rabdomante debe ser ese que se ve en la pared.
—No te detengas amicus.

El filibustero sintió el temor en las palabras del jugador y lo entendía. Entrar a ese sitio se sentía como una emboscada o caminar a la boca del lobo, era una sensación aterradora. Aun así, el filibustero de oro sabía perfectamente que era en esas situaciones cuando se necesita más valor… eso y tener los ojos bien abiertos.

A pesar de los temores y resabios siguieron su estruendoso andar producido por la pútrida madera. Al llegar a la sala alumbrada, se llevaron una sorpresa.

El lugar era simplemente un cuarto convencional con una ventana sin vidrio, un estante lleno de libros notoriamente antiguos escritos en diversas lenguas, una cantidad asombrosa de péndulos y piedras repartidos y colgados por toda la estancia, una mesa con tres sillas en pésimo estado pero aparentemente estables y sentada en una de ellas se encontraba una mujer de piel morena.

—Tomen asiento, los estaba esperando. —dijo la mujer con tono cortes, aunque sonaba un poco forzado.
—Supongo que es una opción—dedos se sentó en la silla que daba enfrente a la mujer a la vez que postraba su mano y la pistola sobre la mesa apuntándole a su interlocutora—. No me lo tomes a mal mujer, solo estoy siendo precavido.
—¡Ay! ¡Amicus! Controla un poco tus ímpetus —Donovan tomo asiento de manera relajada e incluso cruzo la pierna derecha—. Disculpe madame, estamos buscando al rabdomante ¿Podría decirle que los piratas shamrock y dedos de oro han venido a buscarle?
—Yo soy "el" rabdomante—lo dijo lenta y enfáticamente la mujer.
—¡Que! Pero me dijeron que el amo y señor de esta casa era el magistre animus,
—No estás del todo errado rubio, exceptuando que sería ánima y no animus.
—El hombre de la pistola tiene razón. Yo soy ánima, y mis habilidades tratan sobre la radiestesia, rabdomancia y adivinación.
—No me esperaba que fuese mujer, esto podría poner en peligro el viaje entero.
—¿No estarás hablando de atraer la mala suerte por traer abordo a una mujer verdad? —cuestiono dedos.
—¿A qué otra cosa podría referirme mein freund?
—Esas son supersticiones tontas—dedos desvió su mirada un instante para ver a la mujer de ébano y miro nuevamente al jugador—. Todo lo que se está tratando aquí lo es.
—Mira quien lo dice—shamrock miro molesto por primera vez a su camarada de mar—. Tú dices que viste sirenas, las cuales se ha dicho por décadas que no existen y aun así, tú afirmas lo contrario.

Por un breve instante, tan fugaz como una explosión y tan efímero como la felicidad de los hombres, la cara de Flogging se desfiguro en un gesto de dolor profundo. Ese dolor que no es provocado por el sable del enemigo o la bala del arcabuz del rival, sino el tipo de dolor que produce el no tener, o perder, algo muy amado.
Tan rápido como apareció ese gesto, raudamente se reemplazo con una cara seca y seria que indicaba el desacuerdo con el comentario de su colega. El filibustero simplemente arqueo sus negras cejas, quito la pistola de la mesa y cruzo los brazos sobre su pecho.

—Bueno, eso yo ya lo viví. Y tuve la oportunidad de tener en mis naves varias veces a diversas mujeres y jamás se hizo peor o mejor el viaje. Por eso digo que es una vil mentira y mito idiota. Yo no tengo inconvenientes en tener a una mujer a bordo —dedos guardo la flintlock y se encogió de hombros—. Es decisión tuya, pero yo no tengo problemas con esto… Aunque no crea en ello—Finalizo mirando a la mujer.
—Tu argumento me parece suficiente—la expresión en su rostro se suavizo nuevamente—. Además, mi gran consuelo será que si todo falla, morirás—lo dijo con un tono entre sádico y burlón—. Es un hecho, queremos contratar tus servicios para ayudarnos en una pesquisa. El único problema es que involucra viajar a la isla del sentimental Johnny y todos los giros, vuelcos y problemas que pueda implicar esto.
—En pocas palabras y menos ostentosas—intervino el filibustero—, es una misión suicida y se te pagara al final, si es que sobrevives.
—Está bien—respondió secamente la mujer.
—Entonces tenemos un trato madame— cerro el trato Donovan a la vez que besaba la mano de la mujer de ébano.

De repente se escucho el golpe estruendoso de una puerta siendo pateada. Al instante la sombra de un encapuchado apareció en la estancia momentos antes de que la luz de la vela se apagara.
Rápido como un rayo, Flogging empujo a su compañero justo a tiempo para evitar una pequeña esfera de fuego. No era un ataque mortal, pero si lo suficientemente poderoso como para infligir quemaduras de un daño considerable en la piel.

El intruso tenía su palma siniestra levantada la altura de su pecho. Al ver que había fallado y los reflejos del filibustero se quito la capucha y su mano diestra intercambio lugar con la zurda para señalar acusatoriamente.

—¡Jamás permitiré que mi ánima vaya contigo a ningún lado! —Una nueva esfera de fuego se forjaba en su palma siniestra— ¡A menos que pases sobre mi cadáver!