Lirica libre, el lugar de las letras de un escritor novel que día a día, trata de ser mejor...

Esta es la historia de un hombre que continua luchando contra su destino... Y confia en que vencera.
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miércoles, 20 de octubre de 2010

Lección

Continuando un poco con el trabajo del kancionero, y de toda sus posibilidades y gama de colores, traigo este relato.

Es una cosa corta y simple. evidentemente, refleja parte de mis ideas, no censuro a la gente, por lo mismo, al no hacer callar a nadie, lo menos ke espero es que los demas puedan escuchar mas alla de sus pensamientos.

Y bueno, este escrito lo hice por el puro gusto, sin basarme en ninguna cancion. Se llama lección por el contenido de la historia y los dos personajes y bueno, finalmente, tambien lo hie para no oxidarme...ke aparte de eskribir la leyenda solo hago esto y bueno, no rifa del todo perder la practika.

Como sea, vamos a darle.


Relato #17 de cancionero: Lección
—¡No quiero ir papá!
—No me interesa, es un momento importante para tu madre y quiere que toda la familia este junta, así que iras y se acabo— dijo fulminante.
—Pero yo no quiero ir al funeral de la abuela, me da pereza y tú sabes que no creo en esas tonterías del cielo y Dios.
—Jovencito, escúchame bien, es la última vez que lo repetiré: iras y punto —y al terminar sus palabras, se dio la vuelta.
—Pendejadas —dijo por lo bajo el chico victima de la diatriba—. Solo son pendejadas.
—Te escuche eh cabrón —dijo pasando junto a él un joven un par de años mayor que él.
—Pinche chismoso de mierda que eres, hubieses abogado por mí en vez de solo ver a papá aburriéndome.
—Tienes que ir Fernando, no hay más. Es importante que acompañemos a mamá. Ya es mucho que a ti te dejen ir en esas fachas —dijo su hermano mirando sus convers gastados, sus pantalones entubados rotos y su chamarra de cuero—, en verdad deberías darte por bien servido con eso.
—Son mamadas eso de los funerales, para que ir a ver a un muerto si ya se murió—dijo fastidiado—, además, de nada sirve, como si de verdad se fuese al cielo y nos bendijera solo por ir a ver como meten bajo la tierra su arrugado cadáver.
—Bueno, velo de esta manera—su hermano arqueo la ceja derecha a la par que trataba de acomodarse la corbata del traje negro—vas para ayudar a mamá, para darle apoyo y ya. Si quieres no pienses en la abuela, pero ve por mamá. ¿Quieres?
—Ya veremos que se puede hacer—dicho eso, el chico se metió las manos en los bolsillos y se alejo.
—Se que estas en la adolescencia, pero esa actitud ya está empezando a desangrarme las bolas— dijo el hermano mayor y acto seguido, siguió forcejeando con su corbata.

********************************************************************

El panteón de Xoco era un lugar muy tranquilo, de hecho, podía respirarse esa tranquilidad antinatural que solo se puede percibir en los panteones o criptas. Estaba en el centro de la ciudad, a sus costados estaban dos de las avenidas más transitadas de la misma, pero era tan contra natura la calma de la que hacía gala, que al poco rato de haber entrado, el silencio se volvía sepulcral y lo invadía todo.
La procesión iba en silencio, o eso se trataba de hacer. Muchas personas, sin importar el género o su edad, lloraban penosamente por la pérdida de su ser tan querido y amado, y los que no lloraban, mantenían un silencio absoluto y en sus miradas se reflejaba una honda tristeza.
Bueno, exceptuando a Fernando, que iba mirando con desprecio y desaprobación a todas las personas que estaban ahí. Le irritaba como nadie podía imaginárselo el tener que haber ido a esa estúpida ceremonia, cuando podía hacer cualquier otra cosa.
Era realmente un fastidio, y aun faltaba lo peor por venir.

—Religión—dijo claro y lo más bajo posible—, la mierda más grande jamás inventada—su cara se transformo en una mueca de asco y echo hacia arriba los ojos con fastidio.

Habían llegado al fin a su destino. Pusieron el féretro en su lugar y mientras lo bajaban y echaban la tierra, el padre que habían contratado para dar el discurso religioso empezó.
Fernando escuchaba cada palabra con una molestia y fastidio sin precedentes. El pensaba en cada una de las razones que hacen más y más irritante el estar ahí, desde los chillidos y quejas de todos los presentes, el aburrido discurso del gran amor de Dios por todos sus hijos, que todos le miraban mal por ir vestido como se le daba su gana y más.
Lo cierto era que todos los que estaban ahí, para el eran un montón de idiotas, estaba claro. No tenían voluntad, eran más caras grises del montón sin personalidad ni ideas, eran simples borregos que seguían la palabra de un supuesto ente superior para ganarse su entrada al cielo.
La mayor pendejada que jamás debieron de haber inventado. Era odioso que esa gente no entendiese la maravilla de las grandes mentes de verdad, de las grandes doctrinas, y todo por seguir como fieles mulas a su supuesto amo.
Y entonces, por error una parte del discurso del sacerdote se coló entre su canal auditivo y pudo ser partícipe de unas cuantas de sus palabras.

—…porque no debemos estar tristes por la pérdida de un ser querido, debemos estar felices y regodearnos de júbilo de que encontró su camino a los brazos del señor.
—Esto no lo puedo soportar—dijo Fernando con voz clara y tono exasperado— ¿Cómo le pueden pagar a este hombre por decir semejantes estupideces?

Todos los presentes se giraron a verle, las formas de verlo eran multiples y variadas. Habia gente que le miro con asco, otro tanto le miraba con furia, un par descompuso su rostro en una cara de incredulidad y otros con pena lloraron con mas fuerza. La madre de Fernando se le acerco mientras se secaba sus lagrimas.
—Hijo, no digas esas cosas, retráctate por favor.
—No puedo escuchar toda la sarta de estupideces que este hombre esta diciendo. Ahora dice que debemos ser felices porque la abuela fue con “Dios” —dijo eso a la par que con los dedos hacia las comillas—, no somos idiotas mamá, todos sabemos que él no existe.
—Fernando basta ya—intervino su padre—. Puedes creer lo que quieras pero este no es el lugar ni el momento para hablar de eso.
—Cualquier lugar es bueno para abrirle los ojos a esta gente.

El ambiente realmente se había vuelto tenso y estaba al rojo vivo, incluso el padre había guardado silencio para que el “show” del muchacho pudiese continuar. Otros, en especial hombres, indignados decían cosas como “cállalo a golpes”, “llévatelo lejos” o “vergüenza me daría ser padre de ese muchacho”.

—Déjate de estas tonterías muchacho porque si continuas no responderé de mis actos—amenazo su padre.
—Espera un momento. Fernando, hijo, era mi madre de la que nos estamos despidiendo aquí, te pido que respetes un poco…
—No tengo que respetar a un muerto.

Su madre, herida profundamente por esas palabras, no pudo contenerse más y rompió en lágrimas sobre el pecho de su esposo. El padre de Fernando maldijo con su mirada a su hijo mientras consolaba a su mujer.
Entonces, su hermano se le acerco, puso una mano en su hombro y con una mirada le dio a entender a su padre que se lo llevaría para caminar un poco.
Se alejaron con calma de todos los ahí presentes. Fernando no tenía prisa, se sentía fenomenal de haber usado su libertad de expresión para demostrar su inconformidad contra esas sectas malignas que eran las religiones.

—¿Qué sucede contigo, Fernando? —rompió el silencio de la caminata su hermano.
—Pues nada, solo me exasperan todas esas mamadas que dice la gente Alberto.
—Te das cuenta de que eres un soberano pendejo— dijo molesto su hermano—, eres capaz de usar tu cabeza para pensar espero, y darte cuenta de que la has cagado ¿no?
—¡¿Por qué la he cagado?! ¿Por decirle la verdad a esa gente? ¿Por expresarme libremente?
—Decirle la verdad a esa gente eh— Alberto le miro arqueando ambas cejas— Se me olvidaba que a tus… ¿Cuántos dices que tienes? Dieciséis, ya eres un maldito sabio de la montaña.
—Pues no seré un sabio, pero a mis dieciséis se mucho más que todos esos rucos, o hasta que tú y tus veintiún años, digo, si es que crees en esas chorradas de Dios y el cielo.

Alberto se quedo literal con la boca abierta por lo que acaba de escuchar, realmente estaba perplejo.
Fernando se sentía poderoso, invencible. Se creía en ese momento, un maestro. Solo por haber expresado su punto de vista de algo en lo que todos creían, por ser un rebelde, por ir en contra del sistema. Era grande solo por eso, y estaba orgulloso.
Alberto cerró la boca y le miro molesto a su hermano menor. Cerró y abrió lentamente los puños y respiraba con ritmo para tranquilizarse. Estuvo a pocos segundos de romperle la cara a su hermano por ser tan retrasado mental, pero, Dios era tan grande que hizo que Fernando callara para que no se ganara un par de puñetazos.

—Está bien, niño listo—las últimas dos palabras, el pronuncio con tanto desprecio que Fernando le presto atención—, de manera que eres tan grandioso y usas tanto la constitución de México, que sabes todo ¿no? Bueno, dime en que fundamentas tus ideas.
—Por supuesto—Fernando recobro sus bríos nada más abría la boca de nuevo— Nietzsche dice que…
—Sí, claro: “Dios ha muerto”. No me vengas a recitar lo que lees en playeras o en grafitis, a mi dime de alguien más.
—Bueno, eh…
—Claro, has leído apenas un poco en wikipedia y ya crees que eres un filósofo. Cuando te hayas tomado la molestia de leer de Descartes, Kant, Aristóteles o hasta Schopenhauer hablaremos.
—Bueno pero las teorías…
—Tú lo has dicho Fernando, son teorías—Alberto dio un paso al frente y miro a su hermano a los ojos—¿Se te ocurre otra cosa? —cuestiono arrogante.
—¡No puedes hablar de esa manera de la ciencia! ¡Solo los idiotas negarían la ciencia por la devoción de la fe!
—¿Qué escolaridad dices tener?
—Bachillerato, primer año imbécil—Fernando se estaba calentando por la discusión—, pero, eso qué demonios te importa.
—Nada, solo quería comprobar que tu e-s-t-ú-p-i-d-a fe en la ciencia, así es, como lo oyes, fe idiota, tenía algún argumento más grande que el de creer ciegamente en algo, como tú lo insinúas de la religión.
—No es fe, es atenerse a las pruebas…
—Por favor, estas demostrando que eres tan pendejo que si te dan un placebo tú creerás que es medicina. El que un placebo te cure, es otro modo de fe tarado.
—N-no es lo mismo— mascullo con aire derrotado.
—No, por supuesto que no lo es. Para los científicos no lo es hermanito, pero para la gente como tú, que igual que esos religiosos, cree ciegamente en lo que les dicen, es lo mismo. ¿Ves? Ahora entiendes de qué lado de la obra estas.
—Aun así— Fernando jugo su ultimo as— Tengo derecho a expresarme libremente porque…
—No, no lo tienes.
—¿Qué? —Cuestiono incrédulo—. Es mi derecho.
—El respeto al derecho ajeno, es la paz— cito Alberto a Benito Juárez— Si no eres capaz de respetar las creencias de los demás, como lo has dejado más que claro allá atrás hace unos momentos—se encogió de hombres y miro con desprecio a su propia sangre—, no puedes exigir que te den derecho por algo que tu tampoco haces.
—Eso no es verdad…
—Tienes razón, la gente que no respeta el derecho de los demás existe y puede hacer lo que quiera, pero tiene nombres diversos. Dictadores, criminales, enfermos, estúpidos, fanáticos, intolerantes. ¿Cuál de todos esos eres tú? Digo, al menos si tienes tantas ganas de ir por la vida jodiendo a los demás, ten los huevos bien puestos para saber la clase de desgraciado que eres.
—¿Por qué me haces esto? — cuestiono con dolor Fernando.
—Porque heriste a mamá con tus ideas estúpidas. Todos respetamos que estas descubriendo tu camino y demás, pero si no respetas a nuestros padres, yo no te respetare a ti Fernando. Y no es amenaza, es tu primera llamada.
—Pero yo no creo en esas cosas…
—Está bien, entonces, no tienes problemas en que yo haga esto, ¿verdad?
—Tú me estas atacando, obviamente me caga que lo hagas…
—Y tú crees que lo que tú haces está bien, ¿no? Pero, si yo lo hago contigo está mal.
—Yo no hago lo mismo. Yo trato de abrirle los ojos a la gente…
—No claro que no…tú eres peor sin duda, porque tienes tan buenos argumentos como los fanáticos o los intolerantes, pero bueno—Alberto metió las manos en su pantalón y se dio la vuelta—. Esto puede que lo haga diario y a cualquier hora, así que estate pendiente.
—Pero ¿por qué?
—¿Por qué? Preguntas porque aun después de esto mi hermano— se dio vuelta y le puso una mano en el hombro— Porque quiero abrirte los ojos, quiero que veas la luz, quiero que sigas el camino que yo quiero, quiero que pienses como yo quiero…quiero que sientas lo que siento… quiero que veas que lo que yo te hare, es lo que tú haces y que, está bien, porque te enseñare la verdad, mi verdad.
—Eso está mal— dijo Fernando con la voz entrecortada.
—Así es hermanito mío, así es. Espero que en los siguientes días aprendas de lo que te diré, finalmente, velo como educación y nada más.
—Le diré a mamá…
—Y tendrás el descaro de verla a los ojos para acusarme, cuando no pudiste darle tu apoyo y acompañarla en su dolor. ¿Eso harás acaso?

Fernando se quedo callado, sin palabras. Miro a los ojos a su hermano y este arqueo una ceja en señal de insistir en su pregunta. Fernando metió las manos en su chamarra de cuero y miro apenado al suelo…
—Nada más falta que empieces a llorar—dijo Alberto soplando con desazón— Mira, ok, tal vez me excedí— se acerco a su hermano y puso ambas manos en sus hombros— Pero mira, el libre albedrio, la libertad de poder creer lo que quieras, es de todos y debemos respetarla. Mamá y papá te dejaron venir así porque respetan tus ideas, aun sin importar lo mal que los hagas ver ante los demás de la familia. Y venir a un funeral no es venir a ver un cadáver, es despedir a un ser querido y presentarle de esa manera tus respetos y ya. Has obrado mal el día de hoy, pero no empieces a llorar… si lloras, no podrás ver al frente y no sabrás como enmendar tus errores.

Alberto le dio un corto abrazo a su hermano, acto seguido se despego de él y en señal fraterna, le dio un leve puñetazo en el brazo izquierdo y le sacudió el cabello.
—Animo cucaracha. Espera a que te sientas mejor, ve y disculparte con todos, en especial con mamá y la abuela y listo, la vida continua— de su bolsillo saco una goma de mascar—. Total, la cagaste hoy, ya compensaras a mamá luego.
—S-si, tienes razón.
—Solo si tú crees que la tengo—dijo guiñando un ojo—. Bueno, me iré adelantando.

Alberto se alejo caminando lentamente y con sus manos dentro de los bolsillos. Tal vez no era la mejor forma de hacer entender a su hermano, pero, hacia lo mejor que podía, finalmente, errar era de humanos y el, ni su hermano, eran la excepción.

domingo, 14 de marzo de 2010

Deja Vu



Era un día lluvioso en la ciudad. Llovía poco, apenas lo que se conoce como “chispeando”. Era una lluvia agradable para los que aman las lagrimas del cielo y molesta para los que se la pasan quejando hasta de los mas mínimos detalles. Para todos los gustos y posibilidades daba cabida este día.
En la ciudad de México se daban miles de historias, en todos lados, en cada esquina, mínimo una por cada cinco personas. Este lugar no era la excepción.
Me encontraba en mi habitual puesto de trabajo en el centro de Coyoacán. Ahí donde la iglesia repiquetea con sus campanadas y sus años de historia o donde los mimos ambulantes y los vendedores de ramos de flores conviven a gusto mientras los transeúntes aprecian las jardineras y las baldosas de la plaza.
Trabajo en un conocido café del lugar llamado “Yellow” que está enfrente del mercado de Coyo (como le decimos de cariño al ancestral lugar de coyotes) y debo decir que en ese pequeño lugar me han tocado conocer un buen repertorio de historias.
A veces en un día no pasa nada fuera de lo común. Que si el divorcio, que si el café con la novia, con la amiga, que si la chela pa’ agarrar calor, que los chismes de comadres, en fin. Días sin movimiento inusual y días mágicos.
Hoy mientras llegaba al trabajo pensaba eso cuando me preparaba poniéndome mi delantal para atender a los clientes. Observaba con calma a mí alrededor y note tres historias interesantes.
La primera era de un joven que discutía con su ex-novia sobre lo pasado. La segunda era de dos amigos que se reencontraban y hablaban de un sueño. De la tercera historia tuve más noción de que trataba por el hecho de que la mesa estaba cerca de la barra de servicio.
En esa mesa estaba sentada una mujer que algún día había sido poseedora de una belleza radiante. No es que en ese instante fuera fea o estuviera acabada, pero algo en ella parecía agotado, cansado, ya no brillaba como antes; insisto, eso parecía.
Tenía el cabello largo y pelirrojo, con un par de ojos grandes y expresivos color café, una boca delgada como línea , de tez blanca como porcelana y una nariz recta. Su cuerpo era delgado y aunque su vestimenta era sencilla (es decir nada que resaltara su figura en exceso o fuera llamativa) su cuerpo lucia bien. Era una mujer hermosa, pero algo le faltaba.
Parecía triste y tomaba un café negro solo. Miraba la calle como si esperara que alguna respuesta entrara caminando y se le mostrase. Incluso sorbía su café despacio, como si estuviera a la expectativa.
Y da la casualidad, que su respuesta si llego de la calle.
Un chico de cabello avellana y parado en picos, pálido y larguirucho se le quedo viendo al pasar por ahí con las manos metidas en sus bermudas. Portaba unos audífonos de esos gordos como de DJ. Mientras la veía se despojo de los audífonos con una mano y la miro con más detalle y detenimiento.
Sus caras me sonaban de algún lugar, no sabría decir porque razón, pero me eran familiares. Me conforme con pensar que al trabajar en un café era muy normal tener esas ideas tipo Deja Vu acerca de los clientes, aunque, nunca me había pasado. Pero bien decían que para todo hay una primera vez.
El chico de pelos parados se decidió y entro al café. Se me hacia raro que fuera así, y más porque iba directo a la chica. Ella parecía aun en las nubes, como si mirara a través de él o no se percatara de que existía. El chico se acerco a su mesa y se paro enfrente de ella, titubeo pero al fin le dijo que si podía sentarse con ella.
Lo supe por su ademan de señalar la silla, ya que su voz apenas fue un susurro. La chica triste salió de su ensimismamiento y lo miro como si fuera la primera vez que lo veía en años. Algo dentro de mi presintió, por la sonrisa tan radiante que le dedico, que ese era el algo que la completaba.
Rápidamente tome una carta y me dirigí hacia ellos. Como para algunas personas las novelas o el cine es algo muy importante, para mí lo eran estas historias que se gestaban en el café, así que yo quería estar en primera fila.
Al llevarle la carta note rápidamente que eran desconocidos. No hablaban como si eso fuera un reencuentro inesperado, pero tampoco como si fuera amor a primera vista. Era una situación extraña.
Al estar más de cerca también note que la chica triste tenía una cicatriz que parecía reciente en la frente. No sabría decir si era de golpe o de una intervención médica, aun así, seguía siendo hermosa. El tipo la miraba tranquilo, pero sus ojos reflejaban algo más, parecía como si la extrañara, como si de verdad le doliera no poder rozar sus manos o sus mejillas. Era realmente extraño.
Regrese a mi puesto en vista de que nada inusual pasaba y de que tampoco ordenaba nada el sujeto. En el instante que llegue a la barra alguien me pidió con un gesto la cuenta y maldije por lo bajo.
La elabore a la mayor velocidad que pude y en un par de zancadas la lleve. Para evitar otras distracciones me espere al lado del cliente hasta que me diera el dinero. En el poco momento que había despegado la vista no había pasado nada aparentemente. Solo estaban hablando.
Aunque el solo era muy poco decir. Se trataban con cuidado, al menos el a ella. Ella parecía fascinada con él, creo que estaba enamorada, pero en su fisonomía adivinaba un poco de desconfianza, o extrañeza. Diría que en si era la segunda idea, ella estaba desconcertada. Como dije, ella trataba con cuidado, parecía que no quería decir o hacer algo que le hiriera. Me parecía raro.
El cliente pago y requería cambio. “¡Maldición!” atine a pensar, otra distracción más.
Sin dilatarme un solo instante tome el dinero en un puño y me apresure al mostrador a tomar el dinero. Una mirada de soslayo e tranquilizo al ver que seguían hablando tranquilos. Sujete las monedas, las conté dos veces y al ver que era el cambio correcto lo tome y con paso raudo se lo lleve al cliente.
Me quede ahí recogiendo, finalmente mi trabajo era primero, además, desde ahí veía aun mejor así que era un plus.
Al mirar de nueva cuenta a la singular pareja vi como el chico sonreía con amargura. Era de esas sonrisas de película, de esas que hacen los actores cuando mienten al decir que todo estará bien. Era el mismo gesto de dolor oculto en una falsa mascara de calma. Sus ojos de pronto se tornaron cristalinos. No derramo lagrima alguna, pero se notaba que hacia un esfuerzo contra natura para evitar que esa mezcla salada brotara de sí.
El chico hablaba para desviar la atención de la chica, lo hacía con calma para controlarse también. Ella le escuchaba atentamente, y observaba su boca, sus ojos, su pelo, lo analizaba en pocas palabras. Le miraba de la misma forma que un niño observa un juguete que tanto había anhelado, o como si se tratara de un sueño.
De cierta manera la entendía, quizá finalmente se hubiera enamorado del chico o algo así, a todas podía pasarnos. Finalmente, el amor llegaba de cualquier parte de donde menos podías esperarlo.
Finalmente recogí todo y lo lleve a la barra y de nuevo me propuse observar todo a detalle. Aun había gente en el local, pero todas parecían enfrascadas en sus mundos así que parecía tener campo libre para mi observación.
El chico parecía hablar de cosas más serias. Aunque su semblante se mostraba herido por soportar algún tipo de carga emocional, sus movimientos corporales indicaban que hablaba de algo de relevancia, incluso su mirada se había tornado diferente. Aun parecía contener un hondo sufrimiento, pero, había un brillo difícil de explicar.
El chico la miro nuevamente y se llevo una mano al bolsillo. Seguía hablando, esta vez tenía una cara de duda extraña, parecía alegre pero el temor ensombrecía un poco su rostro.
Saco de su bolsa un papel y una pluma. Anoto algo y se lo entrego a la chica.
Al levantarse arrastro la silla y sonrió, esta vez convencido y le dijo una última palabra. Se despidió con gesto de mano y se marcho.
La chica le siguió con la mirada y lo vio alejarse. Sentí algo de dolor, no acabo como esperaba la historia.
Hizo el ademan de que le llevara la cuenta y rápidamente lo hice.
Al estar al lado de ella me miro y sonrió ingenuamente.
-Sabes –Se detuvo y miro mi gafete- Vanessa, ¿No te ha pasado que sientes que conoces a alguien de hace tiempo? Recuerdas gestos, ropa y tono de voz pero, no el nombre. ¿Te ha pasado? – Me cuestiono tranquilamente.
-Sí, justo hoy- Respondí- Como un deja vu.
-Si algo así- dijo dubitativa- Siento que así fue con él. Toma- Dijo al darme más de lo que marcaba la cuenta- Por responderme.
-Gracias y que tengas buen día.
Todo estaba claro ahora. Calle el nombre de la chica porque todo vino a mí.
Ella había sufrido un accidente y había perdido la memoria, una buena parte de ella, y ese era su novio. Qué triste su dolor.
Había estado cerca de esa persona que le permitía ser radiante nuevamente y ni siquiera lo sabía.
Bien decía un célebre autor que no había mayor tristeza que no poder tener a la persona que mas amas cerca aun teniéndola tan cerca de ti.
Ahora entendía el dolor de aquel chico, y el porqué, ella y yo, habías tenido un deja vu.

sábado, 2 de enero de 2010

Cancionero: Relato Trece "War4Peace"

Nuevo año, nueva historia dl cancionero y nuevas oportunidades.
Me pondria wmotivo y demas, pero en el face ya hice mi parte y aka namas veno a subir lo ke eskribo, asi ke lo haremos lo mas profesionalmente posible.

Inspirado en una rola de un grupo de ska mexicano, este relato trata de escenificar algo muy real de los ultimos meses: el abuso sobre un chico por ser diferente y tener ideas distintas. No es nada del otro mundo, tristemente, es algpo del diario.
Esto recuerda un poco a Héroes y Maestro de pelea, espero que solo recuerde y no sea igual.



Lo dediko para todos aquellos que tienen una vision positiva...y para aquellos cobardes (por que esa es la paslabra) Culeros (esta es aun mas acertada y mexicana, si no saben el verdadero signifcado investiguenlo) que perpetuaron las golpizas a varios emos...si tantos huevos haganlo kontra alguien ke si les pueda regresar el golpe.

Ke lo disfruten. [/quote]


Trece: Guerra X Paz




“¡No sé de dónde vienes pero eres mi hermano! Ya no hay violencia que perturbe a mi gente, porque el odio y el desprecio no nos caben en el alma. No hay limitaciones soy el dueño de mi mente. ”

El chico silbaba con calma una canción que había escuchado hace poco. Era buena, no solo por que el ritmo fuera pegajoso, sino porque la letra tenía un mensaje de respeto y era positivo. Le gustaba que la música de vez en cuando tuviera un contenido de mayor profundidad. Si, realmente le estaba gustando ese movimiento.

Ya estaba llegando a la salida de su secundaria. El tener 15 años en una ciudad de México y asistir a una escuela pública era amalgama de esfuerzo (para salir vivo y cuerdo) y placer (por el plus de conocer a gente tan variada). Y era aun más complicado si se le sumaba el detalle de estar en una escuela de la capital del país.

El reto era la diversidad de gente que suele toparse contigo en este camino. Podía ser una experiencia gratificante si eras poseedor de una mente abierta para tratar a todos y hacer buenas amistades y conocer más de sus vidas e ideas. La otra cara de la moneda, consistía en hacer malas compañías y comportarte como un estúpido.

Ninguno de los dos escenarios era el caso de este joven. El pertenecía al limbo: estaba en medio de ambas facciones. El era de las personas que tenía un puñado de buenos amigos con mentalidad abierta y tolerante, desgraciadamente, a su vez, estaba rodeado de muchos imbéciles (por que esa era la única palabra que definía a esas personas) en la escuela.

Realmente estaba en medio del fuego cruzado.

No importaba. Pese a todo, había logrado construir su camino en ese lugar y ya estaba en paz consigo mismo. Al menos, trataba de venderse esa idea para estar en calma y no meterse en líos.

Lástima que a esa edad, el ímpetu corre por las venas y muchas veces, tenemos la idea de que podremos cambiar el mundo.

Salió a esperar a sus amigos mientras sonreía alegre recordando la canción, cuando vio el zafarrancho que se traían sus compañeros entre manos.

Cuatro chico, de esos que por naturaleza están destinados a la categoría de idiotas, se encontraban molestando a uno de esos chicos emo de moda.

No estaba de acuerdo con las ideas de ninguno de los dos lados. Los emos le irritaban por su forma de comportarse y hacerse cosas en el cuerpo, pero, los maleantes eran sin duda peores en todo sentido.

Todo se reducía simplemente al hecho de que, por lo menos los emos no se metían con nadie (por miedo o desinterés, le daba igual) y en cambio esos idiotas que molestaban al emo, al no respetar transgredían lo más sagrado del hombre: la libertad.

Eso era algo que no podía pasar por alto. No tenía una forma concisa de explicar la razón de que no le gustara. Podía irse por el lado de que tenía derecho a expresarse, que le parecía una injusticia o que, simplemente, no le gustaba que abusaran de nadie.

Se acerco al grupo de maleantes y se paro detrás de ellos. Los tipos estaban molestando a un chico de un grado menor y por si fuera poca la superioridad numérica y de edad, eran más corpulentos que él.

-Oigan, ya estuvo ¿No?- Dijo firme.
-¿Ya estuvo? – Un darketo se viro a verlo- ¿Ya estuvo que cabrón?- Dijo molesto.
-Pus ya dejen a ese guey- Señalo al chico agredido- Aparte de que son más grandes, son montoneros no mames.
-Bueno, eso es algo que a ti te vale verga- Añadió uno de los maleantes con pinta de punk- Ándale, ábrete a la verga- Dijo con fastidio.
-Nel. Es de putos lo que están haciendo. Y a mí, los putos no me dan ordenes- Su voz sonaba desafiante- Así que ya bájenle a su desmadre mejor.
-¿Sino qué? ¿Nos las veremos contigo?- Dijo otro de los tipos, esta vez un clásico cholo- No mames que miedo- dijo con fingido temor- El nalgas miadas este nos va pegar ¡Ay no! ¡Sálvense! ¡No mames!- Se volteo bruscamente sujetando al emo- Vete a chingar a tu madre antes de que te le unas a este pobre pendejo.
-Déjalo, tiene huevos y eso me agrada- Dijo el último de los cuatro- Para que molestarte en salvar a una escoria como este escuincle- Señalo con la cabeza al emo- Mejor guarda energía y protege tu trasero alejándote. Ándale, te daremos chance solo por que al menos tuviste los huevos para dar la cara. Ándale, vete- Dijo conciliador el sujeto.
-No me voy a ir.- Dijo firme el chico.
-A ver- El cabecilla se dio la vuelta y se agarro la barbilla cavilando- No te vas a ir. A ver, suelta al emo.

Dicho eso el cholo soltó al emo. El chico adolorido y con miedo se desplomo en el piso y miro intercaladamente a su salvador y al cabecilla (aparentemente) de los gandules.

-Bueno, para que gastas esfuerzo en algo que sabes que a nadie le importa karnal. La neta lo sabes, estos basurillas a nadie le importan, por eso son emos. Manchan los espacios donde estamos, molestan a la vista y además dan ganas de madrearlos porque van gimoteando por ahí sin ninguna buena razón y no valoran lo que tienen- Arqueo las cejas e hizo un gesto cómplice- ¿A poco a ti no te dan ganas de darles una putiza?- Cuestiono.

Un hondo debate nació en ese instante en las redes cognitivas del chico.

Por un lado era cierto. Hay gente que no valora y dan ganas de enseñarles por las malas lo privilegiados que son. También era cierto que muchos emos por llevar esa moda tan rara se veían mal, realmente mal y daban ganas de meterlos en la basura. También estaba el hecho de que eran una moda molesta y que hacía que los adultos menospreciaran a la juventud tachándola de irreversiblemente estúpida. Era verdad, solo daban mal nombre a su estrato social (acorde a la edad) y no ayudaban en nada (como otros movimientos sociales, contraculturales o tribus urbanas) a la sociedad.

Quizá si merecían lo que les tocaba.

Seguía dudando. Todos tenían los ojos clavados en el, excepto el emo. El ya se sabía perdido y agacho la mirada mordiéndose los labios. Sabía que una nueva golpiza vendría en camino.

Su cuerpo temblaba por la incertidumbre y la duda. Muchas veces se sentía así, pero nunca le había pasado en un momento tan crucial. Apretó los puños y desvió la mirada a un costado. Había mas alumnos viéndolo, viendo lo que pasaba, y el, solo él se había detenido para hacer algo.

No dijo nada. Agacho la cabeza, se dio la vuelta y arrastro los pies al caminar.

Tenían razón. Su mente no había logrado dar con un buen motivo para detener eso, incluso él creía en las palabras del tipejo ese. No podía detenerlos pues una parte de él creía en sus palabras; sin argumentos no podía argüir en la defensa del emo y ni que decir de que si todo fallaba usaría la fuerza bruta.

Estaba totalmente desarmado.

Caminaba lento. Estaba decepcionado de sí mismo. Detrás de él las risas de los maleantes retumbaban en su cuerpo como el dolor de viejos golpes que no perdonan. Se sentía insignificante y estaba molesto consigo mismo.

De repente, a la velocidad en la que un rayo aparece surcando el cielo le vino a la mente una idea. Era simple, era de pocas palabras, pero era certera. Estaban mal. Todo lo que habían dicho estaba mal, y el, una parte de él, lo sabía y no lo iba a dejar pasar por alto.

La otra parte de su ser se aferraba a lo más natural: preservar su bienestar. Pero, la parte que tachaba de incorrectas esas acciones, se aferraba mas.

Si tenía argumentos. Discriminar era malo. Cuánto dolor no se había provocado ya por el racismo. Por una diferencia en el tono de piel. Cuanta gente no había sido masacrada por tener ideas diferentes. Gente perseguida, asesinada solo porque ellos decían preferir otra cosa. La única limitación estaba en la mente de todos, de aquellas personas que se cerraban y veían como malo o despreciable algo que no les afectaba.

Se detuvo en seco.

Existiendo tanta gente que robaba, montonales de asesinos que sacrificaban vidas por unas cuantas monedas, gobiernos corruptos que destrozaban países de miles por el bienestar de unos cuantos, religiones que ya tenían suficiente con sus guerras internas como para querellarse contra otras creencias y la lista aumentaba en su cabeza volviéndolo loco. ¿Y quién hacia algo contra esos problemas? Nadie.

Nadie se preocupaba por los problemas de verdad, querían tapar el sol haciéndole la guerra acosas mínimas. Se quejaban del acto de las personas importantes, y ellos, gente menuda, hacían lo mismo. Eso era lo despreciable.

El emo no era despreciable por expresarse, por vivir como él quería y sin meterse con nadie. Lo despreciable era meterse con el débil, discriminar sin escuchar a la razón y transgredir las libertades de los demás, eso no tenía un solo nombre, tenía montones de nombres y todos encaminaban al mismo lugar.

Apretó fuerte la quijada y sintió como su dentadura tiritaba de coraje. Se dejo engañar, fue cobarde y escogió el camino fácil. Se molesto consigo mismo.

Recordó aquella canción, su mensaje y con más razón se decidió a no dejar las cosas como estaban.

Dio la vuelta y nuevamente fue a darse encuentro con esos sujetos. Camino dando grandes zancadas y tenia los puños cerrados todavía con más fuerza.

La decisión brillaba en su rostro, no habría marcha atrás. Estaba bien, el podía vivir con una golpiza encima, pero no con la sombra de haberle dado la espalda, no a sus principios ni ideas, sino a quien necesitaba ayuda y a su razón, esa parte que marcaba la diferencia entre ser un animal más o un ser humano.

Se planto nuevamente enfrente y miro directamente a los ojos al cabecilla de los truhanes. No sabía que diría, pero no importaba, ya iría improvisando.

-Suéltalo- Ordeno.
-Y tu quien carajos te…-
-No estoy hablando contigo- Dijo serio sin mirar al otro- Suéltalo, no tienes derecho a tratarlo así. No lo merece, por más que quieras justificar esto, no lo merece.
-Se atrevió a callarme- Dijo molesto el cholo- Tú no tienes idea de quién soy yo.
-Eres un abusivo cobarde- Dijo molesto el chico- Y aparte un estúpido que no entiende el español. Te dije que te callaras-Dijo con voz de mando de nueva cuenta.
-Te crees muy cabrón y no eres ni la mitad de lo que piensas escuincle pendejo.
-Ya está bien. Tienes agallas niño, pero esto ya es demasiado de lo que puedo pasarte por alto. Tienes la oportunidad de largarte y salvar tu trasero
-Escuincle y niño, ¿eh?- Dijo frunciendo el seño el chico- Pero si no deben de sacarme tantos años y se andan con cosas de este tipo, que exagerados- Se encogió de hombros y sonrió sarcástico- No pienso irme ni darme por vencido en esto. Mejor ustedes dejen de hacer estas salvajadas y podremos estar todos en paz.
-Ahorita lo que va pasar es que te vamos a meter una santa putiza que te va a hacer chillar como marrano cabrón- Dijo el cholo aventando al suelo al emo- Ahora si ya te cargo.
-Tienes razón- Dijo el cabecilla- Te acabas de meter en un pedote como tienes idea. Me caías bien, pero ahora eres molesto, de manera que, te mandaremos a chingar a tu madre- Dijo con gesto molesto y cerró los puños- ¡Acércate y muerde el polvo mierda!
-Bueno, si va ser de verdad uno a uno, puede que pruebe mi suerte- Su voz sonaba confiada, pero sus emociones podían traicionarlo- Vamos.
-Hasta crees pendejo- Dijo con mofa el cabecilla- Si a ti te va tocar una madriza de cuatro por uno –Se burlo y le miro con desprecio- Ahora probaras la hiel del dolor.
-Huy si, la hiel del dolor- Se burlo un chico- Nombre, que miedo, corramos antes de que salgamos heridos- Miro con sorna al cabecilla- ¿De donde aprendió un idiota como tú una palabra como esa?- Llego por un costado y saco las manos de los bolsillos- Eh mierdecilla, habla.
-Tú quien chingados te crees para interrumpir así imbécil- La voz molesta del darketo sonó- ¡Te estoy hablando!

Sin decirle una sola palabra, el recién llegado le miro con fastidio y le dio un puñetazo a la cara. El darketo no lo esperaba, así que le entro de lleno el golpe en la nariz. Sin esperar otra reacción, un nuevo golpe se estampo en su cuerpo, esta vez en su estomago.

Por falta de aire el chico se doblo y termino en el piso.

-Las personas listas no le hablan así a un practicante de Lima-Lama, estúpido- Dijo el chico regresando a su anterior postura arrogante- Aun quieren jugar sucio, o será que ¿Ya les da mello jotos?- Arqueo las cejas y miro a todos- Y bien nenas, ¿Que pasara ahora?
-Abraham- Dijo el chico mirando al practicante de lima-lama- ¿Y los demás?
-Ya vienen para acá Leonardo. Solo me adelante por que escuche que había una interesante pelea, y supuse que tu, como siempre, estarías metido en medio de todo el lio pacifista-Sonrió con gesto cómplice.
-No importa quién seas- Dijo el punk sacando una cadena de sus bolsillos- Aun somos más nosotros, y tenemos mejores armas.
-Mis puños son mis armas- dijo Abraham tranquilo- Yo no soy tan marica como ustedes.
-Y ya no son más que nosotros- Dijo otro chico que venía acompañado de otro muchacho.
-Vaya, si es el Capoeiro- Dijo Abraham- Y vienes con el karateca también- -Silbo emocionado- Esto se va poner genial.
-No se atreverán a tocarnos siquiera cobardes de mierda- Dijo el cholo y se puso en guardia- Inténtenlo y quedaran en el piso chillando.

Leonardo estaba parado al lado del emo y le ayudo a levantarse. No parecía que le hubiera pasado nada grave. Si estaba golpeado y tenía muchas manchas de sangre, pero, todo parecía ser superficial. El chico estaba temblando, no hablaba, pero sus ojos llenos de gratitud miraban a Leonardo.

Sabía que había hecho lo correcto, esa mirada era la paga por sus acciones y se sentía bien consigo mismo.

-Mira, no queremos pelear con ustedes- Dijo Abraham- Solo, váyanse y ya.
-No nos iremos solo porque nos lo pides joto- Dijo desafiante el punk- Probaras tu sangre- Con esas palabras empezó a darle vueltas a la cadena- Ya lo veras.
-Mira- El karateca se puso al lado de Abraham- Entiende una cosa, no por que podamos partirles la madre somos más o menos hombres. Nosotros no necesitamos mostrarles nada, asi que, si les decimos que se vayan- Su cara calmada se torció con molestia- Es para evitarles la pena de madrearlos.
-Mucho ruido y pocas nueces- Recito el cabecilla- No nos dan miedo.
-Pues nosotros quizá no, pero da igual- Dijo el capoeiro encogiendo los hombros con indiferencia- De todos modos ahorita ya vienen los refuerzos.
-¡Ja! Para eso me gustaban jotos de mierda- El punk lanzo la cadena contra el emo- ¡Toma!

Leonardo sin pensárselo metió el brazo para proteger al chico. El impacto de la cadena se sintió terrible en su delgado brazo. Un intenso dolor le recorrió los nervios. Aun así, no le dio el gusto al punk de quejarse. Con la mano libre sujeto la cadena y empezó a tirar de ella.

-Veamos si cuando te quite la cadena eres tan valiente- Dijo mirando con desprecio al punk.
-Miren, la cosa es que falta uno de nosotros porque, le dijimos que fuera por mas gente. No pensamos iniciar una pelea, eso podríamos ganarlo tan fácil que nada mas de pensarlo me aburre.
-Si claro- El cabecilla se paro en medio de todos y miro serio al karateca- Si es así, para que necesitas refuerzos.
-Para madrearte no evidentemente. Sino para que…
-¡Para que entre todos los mandemos a la chingada!- Grito un chico que lideraba una gran aglomeración de alumnos.
-Es Damián- Dijo anonadado Leonardo- Y todos esos son… ¿Emos?
-Bueno, yo le dije que fuera por ayuda- Dijo Abraham- Pero no creí que traería a más emos.
-Ahora es cuando temes por tu futuro- Dijo el punk- Es ahora cuando…
-¡Cállate ya cabrón!- Grito el Capoeiro mientras daba un salto mortal de espalda y le propinaba una fuerte patada en la cara.
-¡Hersa!- Grito el Karateca- ¡No mames! ¡Dijimos que sin madrear!
-Bueno- Abraham rio con saña- Yo derribe a uno de esos putos.
-Pero…- Suspiro resignado- ¡Ay! No mamen.
-Ya cálmate José- Dijo Hersa- Después de todo es justo. Es lo mínimo que merecen por todo lo que le hicieron a ese chico.
-Pero la idea no era ojo por ojo- Dijo Leonardo- Y menos si eso implicaba lastimarme- Enseño sus manos irritadas por la cadena- Ese tirón casi me descarna.
-No seas llorón tampoco eh- Dijo alegre Damián que ya estaba a un lado de ellos- Yo ni sé que paso- dijo serio viendo a los que quedaban en pie- Pero estos karnales- Señalo con la cabeza a todos los emos detrás suyo- Vinieron con todos los ánimos de ver- Una sonrisa cínica se dejo ver en su rostro- Si también tenían los huevos de madreárselos a todos ellos, como a su compa.

Observando de cerca a todos los chicos que estaban ahí, era fácil notar que solo un par de ellos eran emos, los demás eran chicos de otras tribus urbanas que se habían unido a la causa nada más.

-Pero si aquí no todos son emos- Dijo el cabecilla, su voz ya sonaba temblorosa- Porque se meten en esto…
-Porque no es justo que mancilles a los karnales solo por ser diferentes- Dijo un muchacho que llevaba en su cinturón los colores rasta- El respeto es lo que debe gobernar, no la estupidez.
-Pero nadie se mete con ustedes…
-Hoy no- Dijo un muchacho con su cinturón a cuadros negros y blancos y que portaba una muñequera que decía “Ska”- Pero a nosotros ya nos toco pasar por esto y es una injusticia.
-No siempre podrán cuidarse…estarán solos tarde o temprano y entonces…
-Eso no pasara- Leonardo hablaba claro y con temple- porque siempre habrá para todos ellos un karnal aquí- se dio un golpe en el pecho- en el que puedan confiar.

Los cuatro tipos que estaban golpeando al chico emo sintieron un terrible miedo. Una cosa inexplicable. No por que pudieran golpearlos, era evidente que si eso pasaba estaban perdidos. Eso no les atemorizaba en verdad. De lo que tuvieron miedo de verdad era de ver que ahora, ellos eran los que estaban solos y esa soledad, era lo que más dolor provocaba.

Sin decir una sola palabra ya, se echaron lentamente para atrás. Todos los chicos ahí congregados les miraban, no decían nada, su mirada de desprecio lo decía todo.

-Ustedes nos están tratando igual, nos discriminan- Dijo el darketo.
-No seas pendejo man- Dijo el rasta- Mañana a nadie le importaran, nadie los tomara en cuenta. Nosotros no vivimos despreciando a la gente. Hoy los vemos culero, mañana ya nos darán igual.
-No compares que hasta pa’ los perros hay razas- Dijo un emo- Incluso nosotros no les diremos nada ni los veremos feo. Vive y deja vivir y ya. Cada quien en su pedo y ya.
-Putos- Dijo enojado el cholo- Eso es lo que son.
-Ustedes si- Dijo un cholo que estaba en la bola- Ustedes son los que le dan mal nombre al movimiento que representan. Ustedes son- Se contuvo- No tiene caso…ya saben lo que son.
-Vámonos- Dijo molesto el cabecilla- No tenemos ya nada que hacer aquí…
-Y que no se te olvide que estamos unidos- Leonardo recordó una frase de esa canción y la recito al vuelo- ¡Ya no hay violencia que perturbe a la gente, porque el odio y el desprecio no nos cabe en el alma!
-Así no iba karnal- Dijo el amante del ska y todos rieron.

Vencidos y con el orgullo roto, los vándalos se fueron con pena y sin una pizca de gloria, mientras que a sus espaldas, un grupo variado y pintoresco de chicos reía con ganas, por la alegría de estar unidos.

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-¡Cabrón!- Dijo Abraham a Leonardo dándole un golpe en el hombro- ¡La armaste en grande! ¡Tienes bien puestos los huevos!
-No lo alientes- Dijo serio José- A ver Leo, no mames. Tú ni pelear sabes cabrón.
-Y eso que mas da José-Dijo tranquilo.
-Que no mames- ¡N-o Mames!- Grito Hersa- Pudieron haber barrido contigo como con el emo- Dijo señalando en medio de toda la bola- ¡No mames!
-Guey, acaban de irse esos tipos, déjalo gozar de sus cinco minutos de gloria- Dijo Abraham alegre- Se los gano.
-No guey, es que ustedes están cabrones- dijo exasperado José- O sea no mames, esos gueyes te pudieron hacer cagada. Si no es por Abraham que cacho el pedo y acomodo todo, hubieras valido verga.
-Tuvo huevos Dijo Damian con calma- Eso merece un aplauso.
-A ver cabrón, ¿Qué hubieras hecho si se querían rifar a los putrazos contigo?- Cuestiono Hersa.
-Yo lo hubiera evitado lo más que pudiera- Dijo Leonardo apenado- Pero de ser necesario, le daba unos madrazos por defender a ese compa.
-Guey, tú solo eh.
-No importa, ese guey no merecía ser golpeado así. Valiendo verga, aunque hubiera terminado en el piso no lo dejaba solo.
-Gracias- Dijo el emo al que había salvado- Yo también me hubiera armado de valor y te habría ayudado- Dijo serio- Gracias por ayudarme.
-No es nada- Dijo tranquilo Leonardo- Somos colegas…no. ¡Somos hermanos!

Dicho eso, Leonardo le dio la mano y tiro de él para darle un abrazo de camaradas, mientras que en su cabeza retumbaban las burlas que ponían en duda su virilidad y como le vitoreaban por haber mostrado tanto valor.
En realidad el no escuchaba eso, solo sonrió mientras recordaba la canción y saboreaba el haber hecho lo correcto al final.
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viernes, 11 de diciembre de 2009

Quiero Hacerte Sonreir (make you smile)

Bueno esta ya es una klasika. Kiero hacerte sonreir es el primer "trabajo" ke hice pensando en el kancionero, se nota por la longitudy las palabrejas ke euso.

Es una historia de amor sin nada de especial, de hecho kreo ke a kualkiera nos puede pasar algo parecido. Eso si, ke no sea especial, no signifika ke no hable de un magnifiko amor...

Uno: Quiero hacerte sonreír.





“I Dont, Dont wanna take you Home. Please dont, dont make me sleep alone. If id could, I wanna make you smile. If you would stay with me a While”

“No, no quiero llevarte a casa. Por favor no, no me hagas dormir solo. Si pudiera, quisiera hacerte sonreír. Si tu te quedaras conmigo un rato”

-- No quiero que esto termine así—Dijo un chico con peinado “punk” de púas que le atravesaban de norte a sur la cabeza—Simplemente no puede ser de esa manera Carol--

--Nos guste o no Travis – Dijo la aludida con la mirada triste y perdida en los vans de Travis—Así tiene que ser, esto ya no puede seguir así. Tengo muchos problemas en mi casa por culpa de mis padres, en la escuela mi rendimiento bajo mucho desde que empecé la relación contigo y… ¡Carajo Travis! ¡Incluso mis amigos y amigas me están dando la espalda! –

-- Y lo mas sensato es que terminemos solo por eso…solo por que de todas las cosas que hay en tu mundo, yo soy lo que es mas fácil de cortar… –Hizo una pausa prolongada, trago saliva para contener las lagrimas, y entrecerró los ojos—O de plano soy lo que mas esta destruyendo tu vida…--

--Travis, por favor—

-- Déjalo así Carol—El chico giro un poco la cabeza, haciendo que con el viento sus bermudas largas se ondularan al vaivén de su playera de manga corta negra – Prefiero pensar que es por que soy algo mas fácil de eliminar de tu vida, y aunque no sea así, eso me tiene contento…--

--Travis, sabes que te amo muchísimo pero…--

El chico se dio nuevamente la vuelta. Sus ojos verdes como las hojas de un árbol lleno de vida, estaban húmedos, pero no permitían que las lagrimas se escurrieran. Miro unos instantes a la chica, antes de taparle con delicadeza la boca poniendo su dedo índice sobre sus labios.

--Déjalo así Carol –Dijo con un hilo de voz—No importa lo que tenga que hacer, pero, quiero que estés bien, aunque eso cueste tenerte lejos de mi…. —

--No quiero que mantengas en tu cabeza una idea equivocada sobre esto—Dijo ella casi en susurros para no permitir que el dolor saliera de sus labios—No quiero que tu…--
--Yo no quiero estar lejos de ti – susurro el chico—Pero como dije, si así lo quieres y eso te sienta mejor que estar al lado de alguien como yo, que así sea, no le temo a perderte…por que nunca te tuve…-- Nuevamente se dio la vuelta y empezó a caminar lentamente—Creo que esto es un adiós Carol—

-- ¡Travis! ¡Espera por favor!—Dijo la chica mientras le sujetaba con ambas manos de la mochila—No lo tomes como si fuera el final…--

--No lo tomo como si fuera el final—Dijo sin voltear, pero con el cuerpo temblando por la indecisión—Lo digo por que de momento es el final…--

--¿De momento? –Dijo la chica con sus ojos avellana confundidos—A que te estas tratando de…--

--No importa—Dijo el chico zafándose del agarre— ¡Me voy!—

Esta vez no camino con temor, al soltarse, corrió a toda velocidad dando grandes zancadas para alejarse de ella lo más rápido que pudiera, por que, entre más rápido la dejara, más rápido podría aclarar su mente y pensar en algo más, en algo diferente.
Además, no tenia caso mantenerse ahí, había tomado su decisión y un solo instante de duda podía tirar encima los pocos bríos que había demostrado en ese momento, no podía mostrarse así delante de ella, no ahora.

Ella simplemente observo como se alejaba corriendo la persona que mas había amado en ese medio semestre que llevaba de haber iniciado el quinto grado de preparatoria. No podía entender como era tan cobarde para alejar a alguien tan importante. Hacia oídos sordos al hecho de que quizás, si se hubiera comportado con mas agallas, pudiera haberse quedado con ese chico en vez de haberle permitido alejarse por su estúpido temor a afrontar los hechos.

No había mas que hacer, no tenia caso hacer nada mas, simplemente iba a dejarle irse corriendo. Miraba como sus bermudas de mezclilla y sus vans se movían más y más a prisa alejándose de ella, quizás para siempre y solo por su cobardía.
Una vez que le perdió de vista, se dio la vuelta y dejo que el viento jugara con su cabello rubio cobrizo que apenas y tocaba sus hombros, jugueteo un poco con el piercing que tenia en la lengua, y las lagrimas brotaron de sus ojos a la vez que se dejaba caer lentamente sobre el pasto de las “islas”.

-- Carol, eres una completa cobarde – Dijo la chica mientras sollozaba a la vista de unos estudiantes de Derecho—Siempre termino echando a perder todo lo bueno de mi vida.--

Carol se dejo caer contra el pasto de espaldas y empezó a llorar sin miramientos. Su falda de cuadros roja jugueteaba con el viento y dejaba notar el contorno de sus muslos que se veían muy bien por las mallas negras que usaba. Se tapo los ojos con sus manos al tiempo que empezaba a sollozar con mas fuerza, su playera de hombros descubiertos se le había subido por encima del abdomen dejando ver una “pequeña” panza, en el vientre bajo. No era nada del otro mundo, su constitución era delgada, pero a los diecisiete, a veces era inevitable tener problemas con esas partes difíciles de adelgazar.

***********
--¡Ese Travis maricón!—Grito a lo lejos un chico con la cabeza rapada a excepción de la nuca-- ¡Que pedo carnalito!—

--Nada pinché coralillo, acá nada pasa…como siempre—

--¡Con una chingada contigo!—Dijo divertido el Coralillo— ¡Anímate de una buena vez cabrón! ¡Ya basta de andar dando de putazos en las banquetas por pensar en la morra esa!—Con veloz movimiento, puso su brazo por los hombros de Travis—Al fin que ni la necesitas culero…--

--No mames Coralillo—El chico de mohicano se notaba triste nada mas de pensar en ella—Realmente me siento de la chingada. No he pensado nada para regresar a su lado, ya te la sabes, el primer día era normal, algo que a cualquier pendejho le pasa…pero después, pinché Coralillo, después estuvo de la chingada—

--Cálmate, si esa vieja fue la que quiso abrirse pa’ la verga, pues que así sea carnalito—

--Te digo que fue peor. Después del primer día sin ella, no pensé nada, normal…pues no…ya llevo un pinché mesezote entero sin poder pensar en nada para regresar con ella, estoy dado a la verga—

--Mira compadrito, pa’ que se te olviden las penas, vamos a hacer una cosita, checa loco—

De una de las bolsas traseras de sus pantalones “cholos” rotos, el “Coralillo” saco un papel bastante arrugado que parecía ser un “flayer” de alguna especie de fiesta. Con algo de exagerada preocupación, lo desarrugo lo mejor que pudo y se lo ofreció a Travis…

--No mames coralillo—Dijo seriamente irritado el muchacho—no tengo intenciones de irme a poner hasta mi madre para olvidarla o algo así…--

--No lo veas como una escapada carnalito—Las palabras del Coralillo sonaban hipnóticas con ese tono de voz que empleaba—Velo como una manera de hacer que el río de tus ideas fluya, que se libere carnalito, que lo dejes ser…--

-- Tu nunca dejas que se me olvide por que te decimos Coralillo Cabrón—Dijo sonriendo—Siempre has de tratar de jugarnos chueco pa’ que hagamos lo que quieres…-

--No me digas cosas carnalito –Dijo riendo con emoción el aludido—Que nunca les muevo para que hagan cosas que no les laten…--

-- Ha eres un cabrón –Dijo entre suspiros Travis—Me emputa que tengas la razón hijo de la chingada –Una sonrisa apareció en sus labios—Pero pues que importa verdad, solo es por esta vez…--
--Simón. Ya hace un chingo que no nos reventamos unas chelitas bien frías o unas agüitas locas, además no chingues, por 20 varotes nos están ofreciendo una casa donde podamos reventarnos nuestros alcoholes bien a gusto carnalito—

Travis se le quedo mirando fijamente unos instantes. Una vez mas, como había pasado hace un mes, un viento frió le movió sus pantalones de cargo que le quedaban tan guangos. Se quito el gorro de la sudadera negra para mirar mejor la dirección del lugar.
Era por la Condesa, cerca del metro bus. Sin duda debía ser uno de esos edificios de mala muerte que rentaban para hacer fiestas de ese tipo.

--Me viene poca madre Coralillo—Dijo con una sonrisa cómplice—Vamonos de una buena vez poniendo a las vergas para que este desmadre se arme verguerito…--

--Tranquilo Carnalito—Con su mano derecha planto su palma abierta delante de el—Ya todo esta bien organizado, media preparatoria se va topar ahí en todo el chintrolo edificio, tu ya te la sabes como funciona; “tú tranquilo y yo nervioso”—

--Siempre simplificas todo bien cagadamente Coralillo…pero, ¡Que chingados! Venga pues, vamos a darle vida a este pedo…--

--Mañana entonces nos vamos a lanzar Travis. Ya toda la flota sabe así que no hay pedo, solo encárgate de llevar buen varo pa’ las chelas y las “tellas” que se nos pudieran antojar—

--Ya estas pinché Coralillo, ya estas carnalito—


**********

El sol quemaba como no lo había hecho ya en muchos días, realmente parecía que todo iba a salir de maravilla en ese día, y realmente no podía haber mucha distancia de sus ideas a lo que la realidad ofrecía…o al menos eso parecía.
Realmente le estaba yendo muy bien desde que todo había terminado con el punk de Travis. Sus calificaciones habían mejorado, sus padres volvieron a sonreírle y a tratarle como antaño, sus amigas regresaron a su lado, en fin, ¿que otra cosa faltaba? Quizás, simplemente le faltaba tener a Travis a su lado para sentirse completa.

No era dada a tirarse al drama. Carol era una de esas chicas punketas que solían ser libres como el viento, pero, desde que había conocido a Travis, ya nada había sido igual.
Amaban el mismo tipo de música, tenían ideas muy afines sobre la sociedad y la política de México, llevaban un estilo de vida muy similar el uno del otro, y se deseaban y querían con tanta pasión como nunca hubiera sido concebible en una pareja de adolescentes.
No por que el amor a esa edad no existiera, si no por el hecho de que casi siempre a esa edad cualquier chingadera parece amor, pero el de ellos era diferente, realmente salían de la media establecida para ponerse en un extremo de las estadísticas…y aun así, aun así, con todo eso, ella había tirado al caño todo.

--Anímate mendiga punketita—Dijo una chica con el pelo en forma de “cola de pato” y pintado de rosa-- ¡Arriba esos ánimos Carola!—

--Ya no digas nada Jess—Dijo con tono melancólico—No quiero ir hoy y lo sabes…--

--No te me achicopales Carola—Dijo Jees sin importarle lo que había dicho su amiga—Mira, tu nada mas vas a venir con todas las chavas y nos vamos a poner bien borrachas para festejar tu renacimiento sin el tipillo ese…--

--Se llama Travis—Dijo con tono gélido—Y no me importa si vamos a hacerlo por que vas a ser madre o por que alguna de las otras se saco la lotería, simplemente no quiero ir—Dijo enfatizando las ultimas tres palabras.

--Te aprietas a ese cuate bien gacho. Velo, no te ha venido a buscar, no te ha llamado, y cuando de pura cagada se cruzan sus caras, tú te volteas siempre, siempre y siempre. Como si fuera la primera vez que le vez…--

--Es que no quiero verlo—Dijo suspirando—Es que es muy complicado…--

--Tu te complicas mujer, no el a ti. Mira, si tú quisieras, podrías ir a buscarle…pero no quieres. Si tu quisieras podrías olvidarlo, pero no lo haces. Si por mi fuera horita ya iríamos camino a emborracharnos… ¡pero te niegas!—

--No tengo intenciones de perderme en alcohol—

--No digas que no, antes bien que te gustaba ponerte unas buenas…--

--Aun así Jess, no me gusta esa onda de andarme emborrachando para olvidar mis males de amores…--

--¡No es por tu mal de amores!—Jess respondió con muchos ánimos—Es para que podamos celebrar que una vez mas, las golfas traidoras regresaron con nosotras…--

--Realmente tu eres la única que no me dio la espalda…--Musito Carol.

--Que te puedo decir punketita de mis entrañas—la chica de pelo rosado le planto su palma sobre la cabeza—Eres mi amiga, y aunque el Travis me caía en la punta del hígado, pues respetaba que fuera tu chavo…--

--No queriendo le has echado ganas y te has vuelto una buena amiga, mendiga Skatita—

--¡Ots! –Chiflo con alegría la Skatita mientras cerraba sus ojos—Que te puedo decir Carola punketona, te sacaste la lotería cuando me conociste condenadota—

Las dos chicas se quedaron viendo con una gran sonrisa en sus labios en ese instante. La punketita iba acorde a su podo, pantalones de mezclilla entubados, su pelo negro tipo plumaje de cuervo agarrado en una cola de caballo, sus converse rotos y una camisa negra con parches de sus bandas favoritas.
La skatita también iba acorde al apodo. Usaba bermudas de cargo marrón, con un cinturón de cuadros blanco y negro, unos vans grises sin calcetines, y una playera sin mangas blanca.
Ambas se miraron con sonrisa sincera y entonces asintieron al mismo tiempo, parecía que ya todo estaba dicho.

--Entonces que Carola, ¿Le entras al chanchullo? O ¿te vas a quedar namas viendo?—

--Nunca puedo decirte que no, pinché Jess…no se como lo haces, pero siempre me pones de buenas—

--Ya me lo agradecerás después—Dijo con sorna la chica peli-rosa—Vamos moviendo nuestras caderas para que lleguemos a tiempo, ¿te parece Carola?—

--Me parece perfectamente Jessica –

Y sin mas palabras que mediar por ese momento, las dos amigas caminaron calle abajo rumbo a la parada de los microbuses para abordarlos rumbo a una nueva aventura.
Aun así, pese a todos los buenos intentos de su amiga para animarla, en el fondo, Carol sabia perfectamente que Travis estaba marcado en su mente, y que hiciera lo que hiciera, ni esa noche, ni en esa semana, ni en ese mes, y quizá en ese año entero, iba a poder olvidar a ese chico.

************

La ciudad de México no era un sitio fuera de lo común a comparación a la mayoría de ciudades con problemas de población y de criminalidad, de hecho, caminar por la avenida de los insurgentes provocaba cierta sensación de alivio al estar esta siempre iluminada y con un flujo constante de gente, al menos hasta altas horas de la noche, puesto que la madrugada era su “hora cero” y la peor de todas…

Una banda de jóvenes caminaba alegremente entre risas, bromas pesadas y canturreos de canciones de desamor modernas. Cada uno llevaba en sus manos bolsas de plástico con botellas de cerveza tamaño “caguama”, otros mas llevaban alegres los refrescos de tres litros y otros llevaban entre sus brazos, botellas de distintos tipos de licores de baja calidad. Botellas de ron, una botella de Vodka de nombre impronunciable, una botella de tequila con otra mas pequeña de regalo y eso si, no podían faltar los inigualables embases de mezcal en sus botes de plástico, lo mas corriente y barato de lo mas bajo.

--¡Huy no mames! ¡Esta si va ser una pinché pedota y no mamadas carnalito!—

--No me cabe la menor duda—Repuso Travis—Pero por que siempre me haces cargar a mi los chescos…ya me emputa eso a veces…. —

--Es que para como vienes horita, eres capaz de tirar las botellas o las chelas y para que arriesgarnos—Dijo con tono burlón Coralillo—Mejor deja de pensar en eso y aprieta el paso para que lleguemos y empecemos nuestra pedita privada carnalito—

--Siempre eres tan, pero tan alcohólico pinché Coralillo…venga pues, metámosle pata a esta onda que ya quiero probar un juguito de cebada—

--Juguito de cebada. ¡Ya ni la chingas!, esa si que estuvo buena para que veas pinché Travis—

Dicho eso, a unos metros del lugar, todos los amigos se detuvieron al mismo tiempo al ver el edificio donde se llevaría a cabo la fiesta.

--Lo sabia—Murmuro Travis.

Había acertado completamente a sus expectativas del lugar.
En la contra esquina, se encontraba el congal de baile y atracciones exóticas, a un lado, un edificio que parecía servir de ferretería y en el otro extremo, un terreno baldío que hacia de estacionamiento para todos los lugares de ahí…
El edificio a donde habían sido llevados no era mejor. Este parecía abandonado hacia tiempo, con la pintura y el mosaico cayéndose por la falta de mantenimiento.
Una puerta de cristal y metal que, sorprendentemente estaba completa, era la que permitía la apertura a un agujero negro inimaginable de posibilidades incalculables.

Coralillo dio el primer paso para entrar, y detrás de el se metió Travis sin miedo. Estaba acostumbrado a meterse a esos lugares, lo que le preocupaba eran los demás chicos que podían chillar de miedo o hacer algo tonto.
El edificio por dentro era todavía más tétrico, perfecto escenario para una fiesta de día de muertos. Un pasillo oscuro llevaba a unas escaleras con apenas un foco en cada piso que alumbraba el camino. En cada piso, una puerta de lo que parecía ser un baño se encontraba ahí, algunas destrozadas y manchadas de sangre y otras marcadas por cosas irreconocibles, otras simplemente inexistentes ya.
Al llegar al tercer piso encontraron el lugar que buscaban, un inmenso departamento con una sala gigante vacía y varios cuartos de envergadura similar hacían el conjunto. Al centro del lugar dos mesas en las que estaban las cosas de los que ya había llegado y los licores, y una mesa a un costado más pequeña para que el DJ hiciera sonar sus peores mezclas…era el escenario perfecto para una borrachera de preparatorianos de la ciudad.

-- De ninguna manera pienso entrar ahí—Dijo una chica morenita y menuda a la Skatita. —No me harás entrar ahí—

--¡No pensaba obligarte wey! –Dijo notoriamente molesta—Si no quieres es tu bronca, yo si quiero entrar a ponerme unos buenos alcoholes—

--Pues bueno…no podríamos ir a…--

--No hay otro lugar—Atajo Carol—Solo tenemos aquí como único recurso para ponernos a beber sin meternos en pedos. —

--Vamos, no sean chillonas niñas—La skatita entro al lúgubre pasillo—Métanse de una vez, que se oye que ya hay ruido y ambiente allá arriba—

--Vamos, no hay que quedarse atrás—

Dicho eso, Carol se metió detrás de Jess al edificio y empezó a seguirle el paso para no perderse en la oscuridad. Se estaba haciendo la valiente, pero el lugar le inspiraba el mismo temor que a las otras dos chicas que se negaban a entrar, pero que a regañadientes, se metieron finalmente.

Realmente había un ambiente en ese lugar. El olor a marihuana era lo primero que sentías al acceder al departamento, seguido del humo de cigarro que irritaba los ojos por la manera en que se mantenía encerrado en el lugar, también apestaba a alcohol en exceso y la música era ensordecedora…era en verdad, el marco perfecto para que las chicas se emborracharan y olvidaran todo.

Los chicos estaban en una de las mesas aledañas al DJ, varias cervezas ya habían terminado tiradas alrededor sin su espumoso contenido, ahora, se estaban sirviendo salvajemente tragos de ron con refresco de cola, o mezcal con el mismo refresco, estaban cruzándose de una forma obscena, parecía que esta vez, en verdad querían lograr una congestión alcohólica.

--¡Pinché Travis!—Decía uno de los compañeros del chico mientras se le colgaba del hombro muy ebrio— ¡Por que no estas chupando cabrón!—Arrastraba las palabras al hablar.

--Por que alguien debe cuidarlos wey, no mames—Dijo Travis quitándoselo y recargándolo contra la pared—Quédate ahí y sigue chupando tranquilo culero…--

--El pinché pedo tiene razón—Dijo el coralillo mientras se acercaba dando trompicones—Debemos ponernos pedos carnalito… ¡y Tú! ¡Tu no has bebido ni madres!—

--Yo me chingue dos caguamas y llevo cuatro vasos de Ron pinché Coralillo. Tu eres el que debería bajarle cabrón—Dijo el Chico mirándolo con un aire de preocupación—Finalmente tu eres el que ya mezclo tres veces vodka, ron y mezcal en un solo vaso y con una pintadita apenas de chesco—

--Valiendo verga—Dijo el interpelado derramando un poco de su bebida-- ¡Valiendo verga hermano!—

--Contrólate pinché Coralillo—Dijo Travis agarrándolo de los hombros-- ¡Calma la bronca cabrón!— En ese momento, el chico se quedo mudo.

Delante de el, a solo tres borrachos de distancia y una de las mesas, se encontraba parada con otras tres chicas Ella.
Ahí estaba, luciendo su pálida piel de muerto que tanto añoraba poder sentir en sus manos otra vez. Su fina figura, su pelo que aun en esa penumbra brillaba por el color cobrizo…estaba enamorado, y el objeto de sus deseos estaba ahí, aquella lánguida figura femenina inalcanzable estaba a unos pasos de el…

-- ¿Qué pasho carnalito? – Coralillo a duras penas se mantenía en pie, con todo y que la mayoría de su peso estaba en Travis—Vamos a seguirle dando rienda suelta o que chingadas vergas…--

--Aguanta la vara – Dijo Travis mientras “depositaba” en un rincón a su amigo—Aguántala tantito, ya vengo…--

Travis salio caminando de la manera mas normal que pudo, para disimular el hecho de que su corazon estaba latiendo a tal velocidad que parecía el tambor de una banda de guerra, realmente estaba muy nervioso, pero quería hacer algo…

Coralillo cuando vio que Travis se alejaba tuvo un momento de lucidez, y entonces sonrió. Recordó el por que estaban ahí realmente, aparte de para alcoholizarse, estaban ahí por que el y una amiga de Carol, habían acordado hacer que esos dos se encontraran en ese lugar para decidir de una buena vez por todas que harían con su destruido noviazgo: si salvarlo o dejarlo morir.
No se simpatizaban en lo mas mínimo Coralillo y la chica de pelo rosa, pero algo tenían en común, querían ver a sus amigos bien yeso tenia un precio, muy barato relativamente, el cual había sido el tratarse un par de días para acordar todo a la perfección y después volver a odiarse como antaño.
Después de recordar brevemente eso, Coralillo puso nuevamente su cara de estúpido borracho y el efecto del licor barato volvió a ocasionarle estragos en el sistema, remitiéndolo a ser otra vez un borracho sin sobriedad…

-- ¡Carola, Carola! ¡¿Que no piensas beber punketita de mis pesares?!—Jess miraba con una falsa sonrisa a su amiga—Parece como si hubieras visto un muerto--

--Creo que vi a Travis por allá –Dijo la chica señalando con la cabeza y aun mas pálida que de costumbre – Vamonos Jessica…--

--Alucinaciones tuyas mujer—Dijo la chica del pelo pintado restando importancia—Habiendo tanta gente aquí, seria demasiada casualidad que tu punketon ese estuviera acá, mejor éntrale al chupe y relájate…--

--Pero estoy segura de que era el—

--Y yo estoy segura de que si te bebes algo te sentirás mas alivianada – Con su mano libre tomo una cerveza de una de las bolsas que había por ahí – No se de quien sea pero ya andan tan pedos todos que dudo que nos digan algo….anda, bebe. —

No del todo segura de lo que hacia, Carol empino el envase de cerveza obscura y empezó a beber. Primero Jessica sonrió al ver que su amiga se lo tomaba mas relajado, pero su sonrisa se iba borrando cada vez mas, en medida de cómo el contenido de la cerveza se terminaba y Carol no paraba de beber.
Le cerveza le escurría por las comisuras de los labios, lo estaba haciendo mas que por el placer, por la convicción de que necesitaba entorpecer a su cerebro un rato para poder estar tranquila. Finalmente, la caguama de cerveza se había terminado y Carol ya se notaba algo borracha y más desinhibida.

-- Oye…se que yo te decía que bebieras pero no era para exagerar…--

--No me importa Jessica – Sus ojos se notaban diferentes—Yo se lo que hago y por que lo hago…--

--Nada más te recuerdo que tu resistencia al Alcohol es muy mala Carola y que debes vigilar no tomar tan rápido. Aguantas poco y luego te lo metes de golpe, es mala idea por si no lo sabias…--

--No te preocupes por mi…yo se lo que hago—Sus ojos se llenaron despacio de lagrimas – ¡Hay! Este pinché humo ya me molesto…voy a salir tantito a las escaleras…--

--Te acompaño—Se ofreció la Skatita notoriamente preocupada.

--No—Dijo rotundamente Carol—Quiero estar sola un rato….nada mas poquito--

Sin mediar mas palabras, Carol se alejo tambaleándose con una nueva botella de cerveza en la mano y se fue rumbo a las escaleras para poder llorar tranquila y beber sin problemas. No era dada a hacer eso, pero algo en aquel chico que había visto, le hizo sentir la necesidad de embrutecerse para estar mas tranquila…a veces, cuando se es joven, no hay mejor manera de tratar con un dolor interno que fingiendo que no existe.

Travis estaba sentado media escalera mas arriba del piso principal de donde se estaba llevando a cabo la parranda. Estaba pensando en que hacer. En un principio dejo a todos sus colegas para ir y plantarse delante de Carol, pero a medio camino le dio miedo y se dio cuenta de que no sabia que hacer y se salio del lugar como rayo y termino ahí sentado con cara de susto.

Necesitaba unas buenas líneas, así como las que solían verse en las películas o leerse en las buenas novelas. No necesitaba algo cursi, algo meloso no, necesitaba ser franco e ir directo al punto…pero el problema, el problema era que el punto era meloso y como de película cursi.
El realmente quería verla feliz, el realmente quería ser feliz, pero importaba mas la felicidad de ella…por que en el fondo mas que amarla, deseaba que estuviera bien.

--No hay manera –Dijo el chico jalándose el cabello—No hay forma en que pueda hacerlo sin quedar como un perfecto tarado o como que me robo diálogos de película—

Las sombras le protegían de las pocas personas que salían. Se podía observar una silueta oculta en la oscuridad, mas sin embargo, no se alcanzaba a distinguir quien estaba ahí.

--¡Me lleva la que me trajo! –Rugió mientras daba un puñetazo a la pared—Mis mamadas…. —

--¡Oye! –La voz de una chica borracha sonó en el cubo de escaleras – ¡¿Puedes callarte un poco carajo?! Aquí abajo tratamos de beber tranquilos…--

Estaba sentada un par de escalones mas abajo, así que le daba la espalda, pero eso no era motivo para no fijarse quien era. Travis sintió nuevamente el vértigo característico del miedo, puesto que, aquella muchacha era Carol.

--¿Qué demonios haces aquí Carol? –Dijo Travis poniéndose de pie y bajando a donde la chica.

--¿Quien te dijo mi nombre tipejo? –La chica cuestiono con molestia, pero al voltear a ver a su compañero de “dialogo” los colores del alcohol se le fueron de las mejillas-- ¡Travis!—Dijo con grito ahogado—Lo sabia…--

--Yo también sabia que estabas aquí…de hecho, me di cuenta que me viste, pero te volteaste…--

--No te vi bien –La chica estaba nerviosa—Es que el humo de los cigarros no le hace bien a mis ojos—Su ebriedad parecía estarse perdiendo lentamente.

--Si, seguramente…sabes, cuando te vi por primera vez de igual forma fingiste no verme, y desde que terminamos cada vez que por casualidad nos encontrábamos no me veías ni por error… ¿tan malo he sido como para que hagas eso?—

--Realmente no—Dijo la chica sorprendida de escuchar como Travis esta vez no estaba triste ni nada por el estilo, mas bien estaba a la expectativa—En verdad no es así…--

--En otra ocasión te llame en la calle. Una sola vez lo hice y de nueva cuenta te diste la vuelta y te fuiste—Su voz no se quebraba, era suave y clara – Eres la única que realmente me ha hecho sentir como un criminal o alguien indigno de existir—

--Estas exagerando…-- La chica se estaba reponiendo de los efectos causados por la bebida—No…en realidad creo que si exagere estos días…--

--Esta bien, no te culpo. Pese a ser punketona y tener tus ideas raras, siempre fuiste una chica aplicada y tuviste mas amigas fresas que desmadrosas…eso esta bien, supongo que realmente yo no cuadraba entre tu circulo o con la gente que te rodeaba…pero quise echarle ganas de ser lo bastante bueno como para estar juntos…pero pues ni modo, supongo que hay veces que nada mas no podemos hacerlo por mas que queramos…--

El chico de ojos verdes se encogió de hombros y miro fijamente a la chica que estaba. Ahora, sentada junto de el. Realmente ya lo había dado por perdido todo en ese momento, no se le pudo ocurrir nada para salvaguardar su deseo de estar con ella, y lo justo era, que entonces, las cosas se quedaran como estaban, así seria lo mejor.

Por primera vez en mucho tiempo, ella pudo verle a la cara tan cerca como antaño lo había hecho y se clavo en esa mirada tranquila de ojos verdes. El color era lo de menos, lo que le gustaba no era eso, si no, que esa mirada hablaba de paz y esa calma se transmitía hasta ella y le hacia sentir tranquila y completa al mismo tiempo.

No podía dejar que acabara así, en sus manos, y solo en las manos de ella, estaba el poder salvar lo poco de bueno que aun existía en esa relación, pero aun así, algo la limitaba, algo le hacia no dar ese paso. Sintió el aire gélido recorrerle el cuerpo y por reflejo se froto con las manos los brazos…
Travis vio ese gesto y con un solo movimiento se quito la sudadera y se la echo encima de la espalda a la chica sin decirle una sola palabra. Ella le miro con cierta duda en los ojos, pero por respuesta recibió una calida sonrisa…

--Sabes –Travis se levanto y camino a la puerta del departamento—Hay algo que al menos hasta hoy, jamás he dejado de sentir por ti—Puso una mano en el marco de la puerta y lo apretó con fuerza, estaba ganando valor para decirlo—A pesar de todo, yo aun te amo—

Esas palabras retumbaron en los oídos de Carola como si se tratara de la vibración de las olas del mar. Le llego fuerte y claro el mensaje, pero no hizo nada. Se quedo ahí quieta y le miro con su par de orbes avellanados bien abiertos e incrédulos.
Travis noto que no había respuesta, una parte de el se sintió agraviada, pero el resto de su ser se sintió en calma por que ya había hecho lo que necesitaba hacer y ahora, ahora ya no dependería de el, ni en ese momento…ni nunca más.
Ella vio como el chico se volteaba nuevamente y noto que iba a meterse a donde estaba todo el desmane. No tenía ninguna idea en su cabeza, realmente no sabía que deseaba ni que quisiera hacer, pero eso no la limito y actuó, con torpeza, pero actuó.

--¿Qué dijiste—Atino a balbucear la chica mientras se ponía con torpeza de pie con un leve saltito.

--¿No me escuchaste?—Dijo Travis con un tono algo seco y la miro a los ojos al virarse nuevamente.

--No pude oírte por que…por que el ruido del DJ me dejo algo sorda, discúlpame—Mintió sin mucha suerte—Me lo podrías repetir una vez mas… ¿Por favor?—
-- Dije que te amo—Musito Travis—No entiendes…--

Travis había dicho eso ultimo por que la chica nuevamente se quedo quieta, como si se le hubiese amenazado de muerte y le dieran la orden de congelarse. No estaba rígida como tabla por miedo o por coraje, estaba sorprendida de lo que estaba oyendo y a su vez estaba llena de gusto que no cabía dentro de si, esa era su señal de que debía hacer algo…pero ¿Qué debía hacer? Por eso estaba quieta y sin decir nada, por que no quería estropearlo diciendo tonterías…

-- Te amo Carol –Travis parecía haber perdido todo miedo. Ya no tenía que perder al hablar y decir la verdad sobre sus sentimientos—Me gusta estar contigo, me gustaba cuando hablaban de nosotros y no de ti y de mi, me gusta como se ve tu cuerpo, me gustan tus ojos, ¡Caray me encanta tu figura! Aunque sea poca cosa comparada con la de chicas mayores, me gustan mucho tus emociones, me gusta mucho que me hagas pucheros…pero sabes…lo que mas me gusta de ti es que eres tu, que todo eso eres tu nada mas…y bueno –Se rasco la nuca y le tomo con delicadeza por los hombros—No me interesa que ya no vuelvas a estar conmigo, esta bien, no pasa nada…yo no quiero tenerte a la fuerza ni nada, yo…chale suena de película pero, realmente de todo lo que me gusta de ti, lo que mas amaba era tu sonrisa…y yo, yo Carol, quiero que seas feliz, yo solo quiero hacer eso por ti, solo quiero hacerte sonreír nuevamente--

-- Travis…es que muchas veces siempre fuiste tan distante, tan lejano de mi—La chica son darse cuenta empezó a llorar—No por que fueras malo, es que tu siempre estabas feliz, tratabas de darme ánimos, me levantabas si me caía, me cuidabas y no se…eres tan raro, no te comportas ni como punk ni como un wey de 16 años…--La chica tembló de pies a cabeza, no por frió, si no por temor—Siempre estuviste tan lejos de mi idea de un chico normal…creo que por eso te amo tanto Travis –Por primera vez, ella busco su mirada.

--Siempre me mantuve lejos de ese tipo de cosas por que no quería arrástrate a la miseria, además…nunca lo he pasado mal…bueno, mas que estando sin ti, pero en realidad…contigo nunca lo pase mal…--

-- ¿Te quedarías conmigo nuevamente? –Dijo sin rodeos la chica—Estarías dispuesto a soportar algo así de nuevo…--

--Claro que no –Dijo serio Travis—No tengo planeado volver a vivir algo como esto nuevamente, jamás quiero que vuelva a pasar, por eso yo…--

--Te entiendo—No le dejo terminar—después de lo que hice y como me porte comprendo que no quieras estar conmigo…--

--No me dejaste acabar –Dijo Travis acariciándole con ternura una mejilla—No quiero que pase esto de nuevo, por eso yo, no dejare que pase de nuevo…No me pienso quedar contigo un rato nada mas, me pienso quedar contigo mucho tiempo…ya te dije, mi felicidad depende de esas sonrisas tuyas—

--Gracias por haber dado tiempo al tiempo y por regresar conmigo…--

--No digas mas –Dijo Travis con tono suave—Ahora es el momento de que vayas a tu casa y de que yo lleve a mis borrachos amigos a la suya…--

--No te preocupes—Coralillo apareció por la puerta arrastrando casi a uno de sus compañeros—Nosotros sabemos llegar solos a nuestras casas…tu, haz lo que quieras carnalito…--

--Gracias Coralillo—Dijo con sinceridad Travis.

--Déjalo así, te merecías un final feliz solo por esta vez…--

--Se lo merecían – Puntualizo la Skatita saliendo detrás del Coralillo y empujándolo—Me molesta tu presencia pinché Coralillo, pero me alegro de que hayas cooperado…--

--Siempre puedes contar con la serpiente mi reina—Dijo el coralillo burlescamente—Ahora nos pasamos a retirar parejita alocada…cuídense que la ciudad es peligrosa…--

--Nos veremos después punketita de mis pesares –Dijo Jessica y abrazo a la punketita.

Todos los que habían llegado con ellos dos se fueron bajando lentamente las escaleras para no caer y terminar rodando por ese siniestro departamento de mala muerte. Ambos chicos miraban como sus amigos se alejaban y se sintieron liberados de la carga de sus acompañantes, ahora solo eran ellos dos…

--Bueno…creo que nosotros también deberíamos irnos –Dijo Travis y se puso de pie.

--Aun no quiero irme –Dijo Carol sujetándolo de un brazo—Era enserio cuando dije que quería que te quedaras conmigo un poquito mas…solo hoy no me dejes ir, no me dejes dormir sola…quédate un poco mas…--

--Tranquila—Dijo Travis sonriendo y sentándose recargándose en la pared—Yo voy a estar para ti el tiempo que sea necesario – Tomo con delicadeza la cabeza de Carol y le recargo contra su pecho—Si eso te hace sonreír para mi…eso haremos—

Los dos jóvenes se quedaron ahí recargados en las escaleras de aquel edificio casi en ruinas de la colonia condesa, el la abrazo con fuerza y ella simplemente sonrió por que su mundo estaba recuperado su forma. Se fundieron en un delicado beso, después, ella recargo nuevamente la cabeza en su pecho mientras el le acariciaba con delicadeza el cabello…y entonces ambos sonrieron con tranquilidad…finalmente estaban juntos. Ella sonreía por que nuevamente se sentía en paz y con el podría decirse que completa, el sonreía por que estando con ella era feliz, y haciéndola sonreír, el lo era aun mas.


domingo, 1 de noviembre de 2009

Cancionero: Relato cinco "Violencia"

Notas:

Bien este sera un relato corto, de no mas de tres cuartillas de word. Lo importante no es en si el relato, sino de que lugar se deslinda, es decir, cancionero.

Cancionero es una especide de "lugar de recopilación de relatos" que tengo basandome en letras de canciones. Digamos que es mi antologia de relatios breves.

Violencia, no es otra cosa mas que un relato que hice basandome en una historia que alguien mas me conto. Modificado a mi antojo casi todo, solo respete la idea central y bueno, este es el 5to relato de una gama de mas de 10 historias hasta ahora a medias, escritos o por escribir.


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Violencia.

La ciudad de México es conocida a nivel mundial por muchos de sus atractivos que son bastos y varían en diversidad tanto como las especies de flora y fauna que habitan al país entero en si. Se podía escuchar hablar de lugares tales como la plancha del zócalo capitalino; también era famoso el palacio de bellas artes no solo por que la construcción era de mármol, si no por su estilo arquitectónico; como pasar por alto a su vez la alameda central, que aunque estaba vieja y descuidada, aun lucia hermosa como para pasear unos minutos bajo la sombra de sus árboles.

Muchas cosas había que ver y admirar en la capital del país, pero no todo era un retachado de virtudes en esta, una de las ciudades más pobladas de todo el mundo. También tenía sus lugares malos, como por ejemplo el barrio bravo de tepito. Del cual se decían infinidad de cosas, o de los arrabales que circundaban el centro de la capital, y justamente, es en una de estas callejuelas que existen desde la época colonial, donde tuvo lugar un acontecimiento, común.

Común usualmente se considera a ciertas cosas, comportamientos o situaciones que son típicas de ver en determinado lugar, algo que ya no asombra a la gente, que ya no le sorprende, pues bien, este acontecimiento “común” que se estaba llevando a cabo en una de las calles escondidas del centro del Distrito Federal, para ser mas exactos a un costado de la plancha del zócalo, en la calle de “Republica de el Salvador”.

Un hombre joven que no rebasaría los veinticinco años caminaba con paso firme, recto como solo un militar lo estaría y con la mirada en alto en la hora pico de los asaltos. No parecía importarle donde estaba ni la hora en la que estaba llevando a cabo su paseo nocturno, puesto que caminaba con una parsimonia equiparable solamente a la de los seres que no conocen el miedo, o que suprimen sus instintos mas básicos de auto conservación.

Vestía de manera sencilla. Una playera de mangas largas blanca, un pantalón de mezclilla de corte recto, un cinturón de hebilla normal y de remate un par de zapatos de color café eran todo su atuendo. Su tez morena resaltaba a por el uso de colores que portaba, y su musculatura se veía definida a perfección a través de la playera, no era pegada, y el no estaba hecho un cúmulo de músculos, pero estaba definido y con tono la gran mayoría de su cuerpo. Lo característico del sujeto, además de lo antes mencionado, era que tenía el pelo cortado ínfimamente, era un corte casi militar, o más bien, como si el cabello estuviera creciendo después de un corte militar.

Como se dijo antes, el joven caminaba sobre aquella sucia acera de la ciudad, como si estuviera paseando por la calida arena de alguna paradisíaca playa, no parecía importarle en lo mas mínimo que un hombre de no mas de treinta años, con las manos metidas en su chaqueta de cuero vieja y sucia se le acercara con paso raudo para darle encuentro antes de que terminara de abarcar toda la calle.

El joven pese a todo noto la presencia del sujeto pero no se inmuto en lo mas mínimo, simplemente le vio con indiferencia mientras se le aproximaba.
-¡Arriba las manos hijo de la chingada!- Exclamo el hombre treinteañero mientras de entre su chaqueta sacaba una pistola- ¡Dame todo lo que traigas si es que valoras tu vida cabrón!-

-Vaya que la valoro- Dijo el joven moreno alzando sus manos con calma- Tanto como para darte mis bienes con tal de que me perdones la vida- Dijo apenas con un tono suplicante, que mas bien parecía fingido.

-¡Pues entonces dámelo todo maldito imbécil!- Rugió el asaltante.

-Pero tendría que mover mis manos para darte mis cosas- Sonrió perspicazmente el joven.

-Te sientes muy listo solo por que yo soy un ladrón, ¿no cabrón?- Acto seguido, con la culata de la pistola le propino un golpe al rostro- Quédate como estas grandísimo idiota y no te matare- Dijo confiado el delincuente.

El joven por el golpe había volteado el rostro, pero cuando lo regreso a la posición previa ya no sonreía y un hilillo de sangre nacía de su labio inferior partido y corría entre su piel morena.
Con su par de ojos molestos, miraba con paciencia el semblante del ladrón sin mostrar expresión alguna, estaba realmente molesto y temblaba, pero no se podría decir que lo hiciera por miedo, más bien daba la impresión de estar temblando por la ira que le había provocado la agresión previa.

El asaltante sostenía con firmeza en su mano derecha el arma de fuego apuntando al cuerpo del joven, mientras que, con su otra mano empezó a investigar cada bolsillo de los pantalones del chico extrayendo lo más que le permitía su torpe mano de criminal.

La operación le tomo un par de minutos que le parecían eternos, no era su primer asalto a mano armada del delincuente, pero aun así, siempre se encontraba nervioso por los contratiempos que se le presentaban en el “oficio”.

Finalmente, con una exclamación por lo bajo de victoria y alivio, el criminal logro conseguir hasta la ultima pelusa de los bolsillos del joven. Una vez terminada su labor, volvió a darle un golpe con la culata en la cara al chico y lo miro con desprecio.

-Así me gusta, que los riquillos como tu le tengan miedo a los de mi tipo, ustedes no mandan –Dijo poniéndole cañón del arma en la sien al chico- Aquí mandamos nosotros, los pobretones jodidos de mierda, ¿te queda claro?-

-Perfectamente- dijo secamente el joven.

-Y para que lo sepas estúpido – Decía el hombre mientras que con la culata le golpeaba con brutalidad el rostro al agredido- Tu eres el tercero de esta noche en donarme todas sus pertenencias- Detuvo el ultimo golpe y le escupió para rematar la humillación- Si algo me gusta de los de tu clase, es que son tan estúpidos-recalco la ofensa- que jamás se dan cuenta que no deben meterse en nuestro territorio ni con nosotros en absoluto-

El chico le miraba con furia que parecía que atravesaría sus ojos y perforaría al delincuente, era tan notorio su odio que si el ladrón se hubiese detenido en ese momento un instante para palpar el aire, hubiera sido capaz de sentir esa fuerte presencia de desprecio.

-¿Qué me ves todavía pendejho?- Dijo el criminal con sorna- Seguramente te guste – Con el puño que había usado para violar los bolsillos del joven, le dio un puñetazo a la ceja- ¡eso te pasa por putote!- Exclamo lleno de orgullo.

El muchacho una vez más por el golpe volteo el rostro hacia un costado y en ese instante exhalo hondamente. El villano escucho el sonido característico de un resoplido, pero no le importo, sintiese miedo a ira el muchacho poca cosa le importaba a el, ya tenia su dinero y lo estaba humillando por que el tenia el poder, el tenia la fuerza, el era mas chingón que el y por eso, lo trataba así.

-Bueno, ahora date la vuelta y vete lejos de mi vista tarado- Dijo el ladrón con aire despreocupado- No quisiera verte por aquí y tener que matarte, no me gusta dispararle a la gente- Dijo con saña y burla- Así que lárgate-

-Si, claro- Farfullo el chico.

-¡Ahora pedazo de mierda!-

El joven se dio la vuelta, bajo las manos y empezó a caminar de con un ritmo normal para alejarse del ladrón, peor lo hacia en silencio, estaba atento a los sonidos que emitía su atacante.

El delincuente confiando en su suerte se dio la vuelta y resguardo la pistola de la vista de los demás.

El joven estaba molesto, había gente ahí a los otros lados de las calles, mirando todo el crimen y nadie había hecho nada, estaba furioso, pero a la vez, le daba gusto que el criminal fuera estúpido.

Sin dilatar mucho sus acciones, de entre sus pantalones, a la altura de donde iba la hebilla de su cinturón, el joven sustrajo con calma una pistola, se dio la vuelta y dio dos disparos al delincuente.
Dos disparos se oyeron en toda la calle y calles aledañas a la republica de el Salvador, la gente emitía gritos y chillidos de miedo ante la brutalidad del ataque perpetuado. Un grito de dolor desgarrador abrumo a los demás alaridos. Solo una persona sonreía, y era el joven al que habían asaltado.

-Te sentías muy cabroncito, ¿No es así?- Decía mientras se acercaba al delincuente- Estuve sirviendo a los militares mas de lo que tu te imaginas escoria, por eso tengo tan buen puntería- Se acerco al delincuente y le piso con desprecio la herida que le había provocado recién con el arma de fuego- Tú error fue haberme robado, solo fue esa pequeñez, pero siéntete agradecido, si fuera apenas un cadete las balas pudieron haber errado y pude robarte la vida…y esa ni con todo el dinero del mundo la compras-
-N-no me mates-Suplico el delincuente mientras se sorbía los mocos por el dolor- Por favor no me…-

-Eres patético- Dijo serio el joven- La gente como tu me da asco- Miro a su alrededor y la gente se arremolinaba lentamente- Si se acercan no prometo que regresen sin balas en sus cuerpos- Amenazo y dicho eso el gentío se alejo rápido- Muy bien, así me gusta…ahora, dame lo que te robaste-

-Tómalo-Dijo el ladrón haciendo acopio de fuerzas para no llorar de nuevo- tómalo…-

-No.- El joven sonreía aunque su tono era áspero- Dámelo tu jefe, anda, se que puedes hacerlo- La presión de su pie se hizo notar en la herida del ladrón.

-¡Por favor!-Gritaba muerto de dolor el delincuente- ¡Solo agarralo y déjame!-

-¡Que me lo des hijo de la chingada!- El chico no e contuvo mas y con fuerza di un pisotón en la herida haciendo brotar la sangre-¡Dame tu botín pedazo de mierda! ¡Dámelo ya o te ira peor!- Grito el chico con los ojos saliéndose de las orbitas.

El ladrón empezó a proferir aullidos de dolor, pero con todo y eso el chico no quito el pie de la herida, así que con esfuerzo lastimero, el delincuente que paso a ser la victima en poco tiempo, tomo de sus bolsillos el fruto de su ultimo robo y torciendo el brazo y su rostro se lo puso en una mano al joven.

El chico lo miro con desprecio y quito el pie de la herida. Camino hasta ponerse enfrente de el, y con una mano alzo al ladrón del cabello hasta tenerlo a la altura de sus ojos.

-Que no vuelva a pasar, ten mas cuidado, es peligrosa esta ciudad, ya ves que no sabes ni para quien trabajas, digo mira- Le enseño en su otra mano lo que acababa de darle- Te acaban de “robar” y eso que tu eres el ladrón- Se mofo- Ah si y algo mas, nunca olvides revisar las pistolas de tus contrarios, así es como se le dice a los músculos que están arriba de las ingles, ahí es donde algunos militares, como yo, se guardan el arma. Ten mas cuidado, y casi lo olvidaba- Le sonrió- Que tengas un lindo día.-

Sin mucha importancia, el joven dejo caer la cara del ladrón haciendo que se estrellara contra el piso. Dio unos pasos y con una patada volteo boca arriba al sujeto, con la misma pierna que le pateo le saco el arma de entre la chamarra y se la llevo.

Y así, el cazador se volvió la presa por no haber podido mantener la suficiente prudencia para cuidar todos los detalles al mínimo. De esa forma, un delincuente perdía sangre lentamente en la calle de Republica de el Salvador y un joven Militar que estaba en un día de asueto, se iba tranquilamente de la escena en donde lo habían robado.

El destino es una cosa curiosa, y sin duda llega a serlo mas cuando no sabes para quien trabaja y mucho menos en favor de quien.