Lirica libre, el lugar de las letras de un escritor novel que día a día, trata de ser mejor...

Esta es la historia de un hombre que continua luchando contra su destino... Y confia en que vencera.
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domingo, 2 de octubre de 2011

Botas negras.

Botas negras es la historia numero cuatro de una recopilacion de relatos que tengo llamada "cancionero". La historia sucede en el presente, dando un salto al pasado, en concreto al dia del 02 de Octubre de 1968, en la ciudad de México, al momento conocido como la matanza de tlatelolco.

Todo esto bajo las memorias de un viejo que sobrwvio a ese fatidico dia, y anotado todo bajo la pluma de un reportero que se jacta de que su "especialidad" es desmitificar grandes historias... como las de los legendarios "Botas negras".

Los botas negras no son algo veridico, son creacion mia (al menos en este contexto que los planteo. Para inspirarme use la cancion Botas negras, de Radio Kaos, la brillante y genial amistad de mi amigo Jose Miranda, alias el chino y bueno mi imaginacion y mi gusto por enterarme de este hecho tan triste... ojala sea de su agrado.


Este escrito por cierto, es mi orgullo, en un "Detras de..." ya dire porque.

Botas negras - Relato #04 de Cancionero.



"Aqui somos los botas negras, marchamos con temor"




Las aceras de la ciudad de México siempre me habían parecido de lo más aburridas que había visto desde que había retornado a mi país. Una vez que sales a conocer el mundo y te haces de la experiencia mundial, las cosas que dejas detrás dejan de tener el encanto que aparentaban antes.

Siempre he estado en busca de esclarecer toda clase de leyendas y mitos urbanos. No soy amante de lo fantástico, con leyendas y mitos, me refiero a cosas reales que pasaron y que la lengua y tradiciones han ido modificando a su antojo al grado de crear algo que suena místico y hasta irreal.

Eso me trajo de regreso al país, solo eso.

Un ex-compañero de la facultad me había dado el aviso hacia unos días, por medio de un escueto correo electrónico, de que gracias a varios movimientos de papeleo y demás, habían encontrado a uno de esos sobrevivientes de la matanza de Tlatelolco que gozaba de la fortuna de no haber sido hecho preso, en pocas palabras, uno de los pocos tipos que tenía "libertad" en esta podrida ciudad.

Sí, supongo que no suena interesante hablar de esto. Está de moda que se utilice el Dos de Octubre para cometer actos vandálicos en memoria de los estudiantes que murieron. Como dije, a esta ciudad del carajo no le veo ningún atractivo.
Pero lo interesante no era el que me encontrara con un tipo cincuentón que me contara cómo vivió y sobrevivió a Tlatelolco. Lo que me había hecho regresar a este infierno, era el hecho de que este sujeto, no era un cualquiera, era un "Botas negras".

¿Un Botas negras? ¿Qué es eso? Nadie sabía a ciencia cierta quiénes eran los Botas negras, por qué se habían formado en esos tiempos caóticos (y a su vez, organizados) o cuál era el origen real. Sólo se tenía constancia de una serie de personas con las cabezas rapadas, que portaban botas negras y asistían con mucha frecuencia a las manifestaciones que se habían llevado a cabo en los buenos tiempos del movimiento estudiantil.

Esa era la historia que estaba buscando. Iba a ser el primero en tener la oportunidad de avivar o extinguir la llama de un mito urbano que había perdurado a más de cuarenta años, además, se acercaba el 2 de Octubre, de manera que tendría de mi lado la fecha histórica para darle más revuelo a esta nota tan interesante.

Así que ahí estaba yo, caminando por las aburridas calles de la colonia Narvarte en busca de lo que bien podría definirse como un fantasma moderno.
Me extrañaba que no viviera en los edificios de Tlatelolco, pero se me hacia lógico a su vez, ya que si se mantenía en donde había sucedido gran parte de eso, probablemente reviviría a sus fantasmas internos…aparte de que se exponía a ser encontrado por cualquier tipo de periodista o jovenzuelo con ideas "revolucionarias" de poca monta.
Yo ni por accidente era de ese tipo de personas. Siempre iba en busca de la verdad y en el estricto sentido de esa palabra. De hecho, mi pasión no es escribir historias para El semanario de lo insólito o El alarma, mi vida es desmitificar cosas que la gente exagera.
Sí, quizás pueda ser cruel tomando en cuenta que muchos mitos de héroes o de grandes personajes viven justamente de "buenas mentiras", pero a mí me encantaba llegar a la verdad de los hechos; la única forma que tengo para comparar eso seria con la de un futbolista de delantera potente que destruye los sueños de sus rivales anotando goles y haciéndolos perder, ese era mi tipo de pasión. Cruel, pero sincera y veraz ante todo.

Había llegado ya. Una casucha que parecía abandonada a los cuidados más elementales. Era una casa vieja, de esas que aparecen en las películas que apenas empezaban a tener color, pero aun así, conservaba su temple. Sólo esperaba que la persona que la habitaba, conservara sus memorias frescas y su temple también para lo que estaba dispuesto a investigar.

Di tres golpes con fuerza esperando respuesta del interior. Parecía que la madera estaba podrida de algunas partes. Un par de segundos me obligaron a insistir en el golpeteo de aquella puerta y entonces escuché una voz aguardentosa que gritaba que me callara, que ya iban en camino a atenderme.

La puerta rechinó como si jamás gota alguna de aceite hubiera tocado sus metales. Delante de mí, se plantó la figura de un sujeto panzón, medio calvo, con la cara llena de arrugas y unas ojeras que los muertos vivientes envidiarían. Vestía unos pantalones color caqui gastados con botas negras y una playera de tirantes blanca manchada de grasa de auto.

- ¡¿Qué quieres?!—exigió saber aquel tipejo panzón.
- Me imagino que usted es el señor José Miranda –dije pese a tener la certeza de que era él—, sobreviviente de la matanza de Tlatelolco y el único que aun vive del grupo de los "Botas negras".

La expresión de las personas casi siempre es la misma, pero, cuando tocas una fibra sensible, las diferentes formas que toman los rostros valen más que todo el oro del mundo, y este hombre no fue la excepción.
Su arrugada frente parecía que la estaban estirando con fuerza, abrió su par de ojos cafés apagados por los años como si se los trataran de sacar de las cuencas y sus labios delgados y rígidos se ensancharon con tal mueca de impresión, que pensé que moriría de un infarto.

- No me interesa como fue que te enteraste de mi pasado, muchachito –su fisonomía regreso a la gélida máscara de indiferencia que había mostrado antes –, pero hay cosas que no pienso desenterrar de mi pasado, y ésa es una de ellas.

Ya me había enfrentado a esa situación montones de veces. La gente siempre es cobarde y se quiere guarecer de los posibles daños del mundo callando sus sentimientos, sueños o dolores. Que estúpidas son algunas personas, como si de verdad eso te sirviera de algo.

Y como siempre, la mejor manera de alejar al mal (en este caso yo, el usurpador de sus memorias) era cerrando la puerta en mi cara, pero como dije, ya estaba de sobra acostumbrado a eso.

Sin permitirle que cerrara íntegramente la puerta, interpuse la suela de mi zapato y conseguí dejar una brecha. No cabía en ella mi cabeza, pero mi voz podía traspasarla con facilidad y a su vez, mantenía al viejo ahí a mi merced, así que seguí insistiendo.

- No tiene por qué portarse de esa manera – dije con toda la calma del mundo –. No he venido a importunarlo, al menos, no demasiado –no pude quitar el tono burlesco de mis palabras, pero no me arrepentía.
- No eres el primer chiquillo que intenta venir a sacarme información, pero yo no diré nada de esas cosas que viví en el pasado –dijo molesto el tipo-. Lárgate antes de que me vea en la necesidad de hacerte ir a la fuerza…
-No sería capaz de hacerlo- la confianza resonaba en mis palabras –. Ahora que le parece que me permita contarle al menos el por qué estoy aquí. Al menos permítame ser escuchado…no pido nada que usted no haya pedido antes.
-Golpe bajo y desesperado, niñito- su voz se oía más pasiva ahora –. Te dejaré pasar – la presión en la puerta cedió y se mostró nuevamente en el marco de la entrada-. Quiero ver que tontería me dirás…
-Créame que no lo defraudaré señor José –dije sacudiéndome la camisa gris desaliñada –. No soy la clase de jovencito tonto que busca héroes en la historia o vivificar un mito, no señor, a mí me mueve algo más grande.
-No me impresionas, niño –dijo don José mostrándose serio –. Hablar de esa manera no surte el efecto que esperas, al menos, no en un viejo como yo.

No me dirigió ni si quiera una mirada al decirme eso, en verdad tenía temple. Había conocido antes a otras personas que habían sido observadores de movimientos culturales similares al que este señor había pasado, pero pocos habían sido los que se mostraban en la forma en que él lo hacía. Sí, era un hombre viejo que quizá ya pasaba de los sesenta años, pero aun así, ese viejo hombre, tenía más temple que muchos muchachos de hoy día o de mi generación.

Me llevó a la sala de su casa. Por dentro parecía muchísimo más cuidada de lo que aparentaba el exterior. No era una casa de primera, pero se defendía bastante bien con sus muebles rústicos y sus paredes que se descomponían por la humedad.
Se acomodó en una mecedora, tomó unos cigarros de una mesita que estaba por ahí, tomó uno, lo prendió (sin ofrecerme ni por accidente uno) y me miró a los ojos.
Antes de que hablara, noté que sobre su cabeza, en una repisa, había varios pares de botas negras de diferentes tamaños y gastadas y manchadas de forma distinta…

- Cuéntame tu mentira, niñito – dijo meciéndose con calma.
-Es muy simple. Quiero hacer una historia sobre los Botas negras. Quiero saber la verdad que hubo detrás de ustedes y por qué estaban tan cercanos a los líderes del movimiento…es así de simple.
- Todo mundo viene a preguntar casi lo mismo, niño –dijo exhalando una gran bocanada –. Si quieres que hable, tendrás que esforzarte más o me veré en la necesidad de contarte desvaríos de un viejo de 57 años…
-Qué astuto de su parte señor José – dije sonriendo –. Pero yo no soy la clase de niño que se rinde fácilmente. No estoy aquí para rendirle tributo a la memoria de esos perros de los líderes estudiantiles y buscapleitos. De hecho, yo lo que busco es la verdad detrás de eso, me interesa de sobre manera saber qué clase de personas eran y por qué desaparecieron con la matanza de Tlatelolco…
-No eres muy listo- dijo el viejo para mi molestia –. Si desaparecieron no fue por cobardía o porque sean presos políticos, desaparecieron por que casi todos murieron ese día.
- Eso dicen, pero mire, aquí esta usted – estaba capturando su atención –. No me importa mucho que la gente crea que ustedes fueron algo así como héroes, pero no me gustaría que la verdad fuera distorsionada para hacer quedar bien a unos cuantos tipejos…
- Yo soy uno de los pocos que sobrevivieron…pero en algo tienes razón. Ellos no merecen ser recordados como unos hombres malos o demasiado heroicos, simplemente fueron valientes por que luchaban por lo que creían y murieron por seguir sus sueños…
-Ahora usted es el que me subestima –dije con tono irritado –. Eso es algo que todo el mundo dice para enaltecer a los que se han muerto.
-Bueno…supongo que tienes razón – concedió el viejo-. Pero aun así, creo que no me caería mal contarte la historia de Los Botas negras…Al menos, para poder hacer que desaparezcas de mi vista.
- Sabe que en el fondo lo hace por que lo carcome el ansia de contárselo a alguien, y yo soy su opción – dije con tono engreído, pero sincero.
-No niego que tenga ganas de contar nuestra historia – dijo con la mirada ausente-. Pero lo que me mueve a contrátelo a ti es el hecho de hacerte entender que las cosas no son como crees, quiero darme el placer, de ser yo el que te rompa las ideas…
-No me voy a ir a esconder ni saldré llorando –dije desafiante-. Así que andando, cuente su historia don José que yo lo estaré grabando.

De uno de los bolsillos de mi pantalón, sustraje con rapidez una pequeña grabadora que cabía en la palma de mi mano sin dificultad, apreté el botón de grabar y la puse en el centro de la mesa.

-México, D. F., a nueve de octubre del año 2008. Me encuentro en la casa de don José Miranda, para saber la verdad acerca de los míticos "Botas Negras" del movimiento estudiantil del sesenta y ocho.

- Bueno, comenzaré mi historia así que por favor no me interrumpas más – dijo don José tosiendo un poco para aclararse la garganta-. Eran los primeros días en que el movimiento estudiantil agarraba fuerza y había logrado organizar por fin los puntos petitorios que le exigía al gobierno…
En ese tiempo nosotros éramos estudiantes de preparatoria. Cursábamos el último año. Estábamos definiendo nuestras metas, las carreras a estudiar y esas cosas cuando el movimiento estalló. Al principio no nos hacía mucha gracia que los paros y esas cosas afectaran las clases, pero después, conocimos a un chico de la universidad, de la Facultad de Letras que estaba muy ligado a Cabeza de Vaca, el cual era uno de los líderes del movimiento.
Su nombre era demasiado común para él. Puesto que pese a ser una persona de apariencia simple y sencilla, tenía algo muy peculiar que lo hacía resaltar delante de todos los demás. Ese algo que siempre lo caracterizó por encima de todo, eran sus botas negras. A todas partes llevaba sus botas negras, de ahí se ganó el apodo de "Botas negras".
Bueno, él era un gran amigo de nosotros, en ese tiempo éramos cinco amigos, contando a Botas negras. Nosotros cuatro éramos amigos de la infancia de hace tiempo; nos conocimos en el primer año de secundaria y nos hicimos como uña y mugre al grado de terminar siendo casi como una familia o algo así, de tal forma que incluso en las reuniones familiares, se extrañaban nuestros padres si alguno de los amigos faltaba, a ese grado habíamos llegado.

Un instante se detuvo conteniendo la nostalgia que se desbordaba por su rostro. Noté como hacía un esfuerzo sobre humano por mantener a raya ese sentimiento. Me divertía mucho ver como en general, las personas luchaban contra sus emociones; yo había dejado tiempo atrás de hacer eso, y ahora, me divertía sádicamente burlándome de cómo los demás luchaban.
Pero traté de mantener esa perversa diversión oculta del señor Miranda y guardé silencio y le miré fijamente mientras cruzaba mis brazos y me recargaba en el respaldo de la silla, no iba a interrumpirlo, quería que me contara su versión rápido para largarme de ahí.

-Bueno –dijo al fin con voz tranquila-. Botas negras era un chico diferente en más aspectos que sólo su apariencia. Siempre estaba defendiendo a todos y buscaba de cierta manera que se hiciera justicia, era él una persona demasiado altruista…y bueno…

Recuerdo la vez que decidimos seguir su ejemplo. Ya era algo tarde y estábamos saliendo de una de esas reuniones que se habían organizado en la Ciudad Universitaria. Caminábamos con toda la calma del mundo por la avenida Universidad, cuando unos policías que estaban esperando aparentemente a muchachos del movimiento se le acercaron a unos estudiantes que estaban a unos pasos más al frente de nosotros y trataban de hacerlos presos.

- ¿Qué creen que están haciendo méndigos abusivos? – dijo Botas negras molesto.
- Los llevamos detenidos por atentar contra las buenas conciencias con sus ideas ruidosas de los presos políticos…- respondió el policía.
- ¡Ya lo veremos!

Con esas palabras, recuerdo como Botas negras se le fue encima a ese policía que ya tenía a unos de los muchachos sujetado firmemente por la espalda. Un puñetazo en la cara del policía bastó para derribarlo. El otro trató de ayudar a su pareja, pero rápidamente yo y los demás muchachos lo detuvimos a tiempo y lo sometimos dejándolos a los dos esposados en uno de los postes de señalamientos que se encontraban cerca de ahí y echamos a correr.
Jamás olvidaré la expresión de gratitud del rostro de los chicos a los que ayudamos, ni la de mis amigos cuando nos dimos cuenta de que, a pesar de haber ido contra las reglas, hicimos lo correcto dándonos a respetar, no solo a nosotros, si no también, las ideas por las que peleaba el movimiento…

Ese día, llegamos a una conclusión. Era muy simple, pero nos gustaba realmente. Decidimos que ayudaríamos a que se respetaran las ideas del movimiento y a sus seguidores a nuestra manera. No íbamos a ser vigilantes nocturnos o justicieros, simplemente, usaríamos la fuerza de nuestras voces para llamar la atención de los demás, y en el peor de los casos usaríamos los puños para defendernos…así nacieron los "Botas Negras", una de las brigadas más conocidas del movimiento.

Hizo una pausa, pero esta vez para hacer que su respiración se acompasara a sus palabras y pudiera mantener un ritmo estable su narración, pero aproveché ese momento y lo interrumpí.

-De manera que los Botas negras eran entonces un grupo de choque de los estudiantes, como decían algunas malas lenguas- dije más para mi grabadora que para don José.
- Para nada…- Me miró un instante con duda- ¿Cómo demonios te llamas escuincle?

Me reía a carcajadas por esa pregunta. No solía presentarme muy seguido con la gente que entrevistaba, no por que fuera mal educado o algo así, pero, simplemente, no me parecía relevante que ellos supieran mi nombre, así que me tenía sin cuidado andarme con formalidades baratas. Pero le di merito a su pregunta porque, una vez más, la expresión de su rostro me pareció la mar de divertida…

-Mi nombre no tiene mucha importancia, pero bueno, no pierdo nada diciéndolo – tomé la grabadora entre las manos y apreté el botón de "pausa"-. Francisco Olivares – de nueva cuenta, presione el botón de "grabar"-. Si no fue un grupo para crear problemas… ¿Qué eran entonces los Botas negras?- cuestioné con fingido interés.
-Éramos un grupo que apoyaba a los estudiantes de manera activa en todos los frentes. A las manifestaciones íbamos nosotros a los costados, a recaudar dinero salíamos casi cada que se podía, para alzar la voz y avisar de las próximas reuniones o volantear, estábamos siempre dispuestos – su mirada se clavó en la mía con fiereza –. Éramos un grupo que hacía todo por apoyar al movimiento y nada más.
-¿Hasta su trabajo sucio?- dije de manera acusadora.
- Nosotros no hacíamos nada que estuviera fuera de la ley – dijo notoriamente molesto-. No podíamos buscar un cambio haciendo nosotros las mismas barbaridades que el gobierno nos aplicaba, de manera que jamás nos vimos metidos en revueltas injustificadas… Nosotros éramos de los que sólo alzaban el puño para defendedse…

De cierta manera supongo que mi cara mostró lo abatido que me sentía. Una profunda decepción atravesó todo mi pecho hasta reflejarse en mis ojos. No podían culparme, realmente, todos respondían siempre lo mismo, "sólo nos defendíamos". Patético, eso es lo único que pude atinar a razonar en ese momento. Nunca me había topado con nadie que tuviera las agallas para decir abiertamente "sí, nosotros gustábamos de imponer, de abusar del poder", nunca había sido espectador de una despliegue de valentía para hablar con esa claridad, y esta entrevista no iba a ser la excepción.

- No te preocupes. Yo no miento – dijo serio pero con una cara más reconfortante, parecía como si hubiese leído mi mente-. Me imagino que siempre te has de topar con gente así, pero mira escuincle, yo no miento porque esos hombres que estaban conmigo, es decir, los Botas negras, eran derechos y no se andaban con mentiras…
-Sí, me imagino que sí- mentí con la mayor credibilidad que me permitía a mí mismo –. Debieron ser realmente los héroes que la gente dice…
-Realmente no. Simplemente hacíamos lo mejor que podíamos. Un héroe es diferente, él se entrega totalmente…Nosotros no llegamos a eso, por que éramos jóvenes y también teníamos miedo…y aun así – una delgada sonrisa de tristeza se dibujo en sus labios- la huesuda nos dio alcance…
- ¿Qué quiere decir con eso?- por primera vez me había agarrado de sorpresa un comentario suyo.
- Me refiero a que nosotros también teníamos miedo de las represalias que podía tener el gobierno sobre nosotros y nuestras familias, muchachito – su cara se tornó sombría de repente-. No creas que jugábamos a ser héroes como tú juegas a ser osado en la comodidad de mi casa- su voz tenía un timbre de ironía que no le preocupaba disimular-. Nosotros arriesgábamos no sólo nuestras vidas, si no también las libertades y el pellejo de nuestras familias…
-No creo en esas cosas –dije convencido-. Es verdad que todo el que va contra el sistema sufre las consecuencias de su insurgencia pero…
-Te digo que no sabes nada. Mira, plantéalo así: México en el año de 1968. Las miradas del mundo estaban sobre nosotros por ser anfitriones de las olimpiadas; el gobierno como siempre quería dar la mejor cara aunque fuera falsa ¡Y nosotros revelándonos a nivel mundial demostrando que aquí en México las cosas andaban mal!
-Eso de que el gobierno los perseguía se de buena fuente que no era a todos…Ustedes no eran tan importantes como para que se les buscara.
-En verdad no sabes nada –dijo entre decepcionado e irritado-. Me imagino que los Botas Negras eran tan poca cosa que sólo éramos conocidos entre los estudiantes y los que apoyaban el movimiento por pura suerte, ¿verdad?
-No creo que fueran más importantes que los líderes del movimiento…
-No lo éramos ni de chiste- dijo serio-. Por eso acribillaron a mis amigos en la plaza de las tres culturas…en cambio a los lideres, los hicieron presos y los mantuvieron en "Lecumberri". Otros terminaron en los campos militares para ser torturados y los que tuvieron más suerte y menos fe en el movimiento, terminaron en puestos de alto rango del gobierno para que se quedaran mansos y callados.
-Exagera- dije molesto por como me había denigrado con sus palabras previas-. Realmente me comería más la idea de que los quisieran matar por haber parecido la escolta de guardias de los lideres…
-¿Qué crees que veía en nosotros el gobierno?- dijo cansinamente- Nosotros siempre estábamos en las manifestaciones cerca de Cabeza de Vaca. Justamente por su conecte es que nos habíamos metido en eso y así es como queríamos agradecerle…ayudándolo lo mas que podíamos. Por eso el gobierno creía que éramos algo que no…
- Todo mundo sabía que los Botas Negras eran un escuadrón de élite del movimiento – dije con fastidio-. Por eso tenían un nombre especifico y eran conocidos por su intervención en las disputas de policías contra estudiantes… ¡Por Dios! ¡Eran los únicos que hacían frente a los militares!- me calmé un poco más, modulando la voz y la furia- Y usted quiere que me coma el cuento de que no eran mas que "estudiantes"…
- Botas Negras era el muchacho más bravo y valiente que jamás había conocido- dijo don José muy serio-. Ni si quiera los cuates de los últimos años del Politécnico se me hacían tan cabrones a la hora de repartir golpes o de ponerse al tú por tú con los opresores…pero no el Botas Negras. Él a lo único que le decía que no era al gobierno y a varias de sus prácticas, por lo demás, él no rajaba…-me miró a los ojos y me sonrió de manera amarga- Él no se la pasaba en la comodidad de su casa apoyando al movimiento, o gritando blasfemias contra el presidente en la multitud…él no callaba, ese fue su mayor error.

Secó el sudor que se escurría por su ancha frente. Las arrugas ya se le habían puesto tensas, tenía toda la pinta de un viejo que se aferraba a la vida del presente más que a las memorias del pasado. Eso me gustaba de la gente, era de lo poco que me hacía creer a veces que las cosas podían ser como las contaban. Pero aun así, no me simpatizaba el hecho de que creyera que yo era un hijo de papi que no buscaba la aventura…

Se levantó un momento. Me di cuenta que iba a buscar algo para remojar los labios por lo secos que se veían. Sin consultarlo decidí pausar la grabación y me levanté un poco para estirarme y perderme en los rincones de su casa. Trataba de mantener la concentración. Usualmente acostumbraba a responder a cualquier provocación, pero esta vez buscaba mantenerme pasivo. No quería darle el placer de mostrarle que su historia o que sus indirectas pudieran afectarme, al menos, no tanto como él quisiera.

Regresó con un vaso de algún tipo de licor que no reconocí realmente, pero no me importaba. Con un vaso nadie podía ponerse ebrio, de manera que mientras no afectara realmente sus facultades de habla…
Me senté nuevamente y sujeté entre mi mano derecha con pereza la grabadora. Seguramente atacaría de nuevo con sus exageraciones de los Botas Negras y trataría de encubrir con mentiras lo que realmente hacían en esos años. De tal forma, con esos pensamientos en mente, decidí ser más astuto que él y atacar con una nueva pregunta.
Una vez que se sentó, no di tiempo de que acabara de beberse su vaso de alcohol y arremetí sin miramientos…

-¿Qué me puede decir de la matanza de Tlatelolco?- dije con aire triunfante. Al mirar su rostro como palidecía, no pude evitar sonreír.
-No hay mucho que contar de eso- su rostro se tensó y mi sonrisa de victoria se borró al verle cambiar-. Simplemente masacraron a mis compañeros como si se tratara de criminales o de animales…- su rostro se tornó colorado y cerró con energía los puños- ¡Imagínate! ¡Ser perseguido por tus ideas o por expresarte libremente!
-Eso es el pan de cada día de los buenos periodistas de cualquier parte del mundo- dije altanero- Buscar la verdad es…
-Tú no sabes nada- dijo con tono gélido. Esta vez si me impuso respeto-. El gobierno no se limitó en nada. Los métodos de tortura que sabíamos que utilizaban daban miedo…choques eléctricos en tus genitales, brutales golpizas, amenazar a tu familia, cazarte como un maldito asesino…-sus ojos se entornaron sobre mí…y me miró con asco- Los periodistas saben a que se avientan…nosotros también lo sabíamos, pero jamás contamos con que por hacer algo así, realmente perdiéramos a nuestros seres queridos, la vida o peor…nuestra libertad.
-¿A qué se refiere?- dije intrigado en verdad.
-No te das cuenta por que estás joven, porque no viviste eso…pero conmigo es diferente. No nada más lo viví, yo vi morir a mis amigos, sentí amenazada a mi familia, vi como gente desaparecía y después reaparecía muerta, gente torturada que si salía a las calles de nuevo se orinaba con oír una sirena de patrulla…no sabes que tan duro fue…
-Me imagino que vivir eso fue duro- dije recobrando el temple-. Pero…
-Lo duro no fue vivirlo…lo duro es sobrevivirlo y cargar con ello en tu mente. Mira…no creo que sepas mucho sobre como fue todo el movimiento…
-Póngame a prueba- dije desafiante-. Me instruí mucho sobre la historia de México. Ya fuera la antigua, la de la conquista, independencia, revolución o acontecimientos modernos. Dejé el país hace mucho, pero no por eso dejé de ser mexicano ni de interesarme por mi país…así que pruébeme.
-Bueno- dijo con un suspiro-. El problema con el gobierno y las escuelas toca su fondo con un problema entre "los ciudadelos" y los "arañas", que libraron una pelea enfrente de una universidad privada incorporada a la UNAM y todo con el fin de aumentar la división entre estudiantes, puesto que, estos sujetos hicieron que alumnos del Instituto Politécnico Nacional combatieran contra alumnos de esta preparatoria…

Al día siguiente se intentó hacer algo similar, pero las fuerzas policiales arremetieron contra los muchachos provocando que todos se unieran en contra de un enemigo común: el Gobierno opresor.
No tendría caso contar todo lo que viví en el movimiento, puesto que tú quieres saber de los Botas Negras. Como Brigada que éramos, hicimos muchos movimientos de volanteo, de hacer conciencia en la población, de hacer mítines relámpago, defender a los compañeros, pedir que nuestras voces fueran escuchadas en fin…los mejores tiempos del movimiento transcurrieron en agosto y septiembre.
Justamente la idea del movimiento era ganarse a la gente, ganarse las calles, y eso lo conseguimos. Entramos en tres ocasiones al Zócalo y lo abarrotamos de estudiantes. Ya no había divisiones, muchachos del Politécnico, de la UNAM, de la Ibero, de Chapingo, (de la cual provenía Cabeza de Vaca) y de otras escuelas y estratos sociales más…toda esa gente estaba ahí apoyando al movimiento.
El Consejo Nacional de Huelga se había incorporado a la lucha y teníamos Delegados de cada facultad ahí. Esto se estaba convirtiendo en algo grande, por eso, no me extrañó jamás que el gobierno nos tuviera miedo… ¡Pero se pasaban de la raya! Muchas veces mandando al ejército a cercar las escuelas, que nos servían como cuarteles para planear nuestros movimientos. El ejército servía para proteger al pueblo, igual que la policía y como supuestamente debían serlo los gobernantes…nada más horrible que ver las bayonetas frente a nosotros y las voces de los soldados amenazándonos con darnos cuello.

Una vez más se detuvo para dar un buen sorbo a su vaso, del cual me pude dar cuenta emanaba el característico olor del mezcal, eso aunado al hecho de que ya había traído el viejo José la botella y la había puesto sobre la mesa.
Realmente me estaba interesando, ahora, aunque ya no hablaba de los Botas Negras, estaba hablando de los acontecimientos que habían marcado al movimiento, y eso también era importante. Aunque es historia antigua lo del movimiento estudiantil del 68 en México, si eso hacía que el viejo rescatara de las telarañas de su mente las memorias de los Botas Negras, me tenía sin cuidado repasar todo el movimiento estudiantil una vez mas, después de todo, saber la visión que él tenia del movimiento quizás ayudaría a entender cómo es que Los Botas Negras vivían en ese tiempo y en qué y quiénes creían.

- Me disculpo por tardar tanto, pero mi garganta y mis labios no son los de antes – dijo José sonriendo por primera vez en todo ese tiempo, al menos, de forma sincera-. Ya habíamos ido a Tlatelolco otras ocasiones, sobre todo recuerdo la del 7 de septiembre, fue inolvidable por la cantidad de gente que asistió...
De ahí continuaron todos los problemas que comentaba con anterioridad…las amenazas, muertos, desaparecidos. El CNH empezó a perder miembros que eran apresados y puestos bajo los techos del edificio más odiado de ese tiempo: Lecumberri. A veces iban a los campos militares, terminaban en las delegaciones o escondidos en departamentos clandestinos. La única verdad cuando entrabas al movimiento es que te estabas jugando tu libertad, pero no contábamos con poner en riesgo el pellejo de tanta gente, ni de las atrocidades que haría el gobierno.
Ese día que en Tlatelolco cometieron su crimen, yo estaba con los demás Botas Negras. Habíamos asistido para escuchar a los Delegados estudiantiles del CNH. La brigada de los Botas Negras sólo había contado con nosotros, nunca habíamos sido más, no por que no quisiéramos más miembros, si no por el hecho de que nos aforrábamos a veces tanto a las peleas en las que nos metíamos, que no queríamos ver a nadie más involucrado.
Beto, Leonel, Aldo y yo éramos los amigos de la infancia, Botas Negras era el nuevo amigo común que había cambiado nuestras vidas, así que siempre él era el centro de atención de lo que platicábamos. Justo a la espera de todo, él nos comentaba un poco de sus vivencias…

- Conocí a Cabeza de Vaca en la facultad de Letras. Yo estudiaba ahí, o bueno, perdía mi tiempo en las áreas verdes. Pero me hice su amigo, él confió en mí y de ahí empecé a jalar a todos lados con él, era algo así como su sombra. Nunca me pidió que le protegiera o algo así, jamás. Me propuse la tarea de ver por él ya que al ser un líder, necesitaba cuidar su vida como nadie, yo en cambio, era un peón más en esto, así que decidí seguirle el paso de cerca. Muchas veces nos vimos metidos en problemas, pero gracias a su tenacidad y a la mía, Cabeza de Vaca esta hoy sentado en ese edificio, porque es de los pocos que no ha logrado apresar ni ha podido comprar el hocicón.
-Con Hocicón – preguntó Beto- Te refieres al Presidente Ordaz, ¿Verdad Botas?
-¿A quién más podría referirse- dije yo- si no a ese pinche delincuente que trata de callarnos con la fuerza?…pero no va poder- dije con un orgullo que podías tocar-. Nosotros hemos ganado no nada más a la gente, si no a las calles, con esos dos factores, es cuestión de tiempo que nos tomen en cuenta…
-Ojalá así sea –dijo tranquilo Botas Negras-. Ya quiero estar en paz nuevamente. Mi familia se quedó en Texcoco, justamente en Chapingo, por eso creo que me lleve también con Cabeza de Vaca, finalmente somos del mismo pueblo. Como sea, quiero volver con mi familia después de esto…
-Pero no quieres acabar la escuela o qué onda- dijo con aire preocupado Aldo-. Eso estaría mal…
-Si esto se logra, si ganamos –dijo Botas haciendo comillas con los dedos-. Me daré por bien servido y me iré a trabajar al campo o algo más pasivo…yo sólo quiero que estemos bien.
-Bueno, al menos tendremos donde ir a vacacionar –dijo Leonel divertido-. ¿A poco no, mi Botas Negras?
-No lo pondría en duda Leonel- dijo Botas Sonriendo.

Nuestra amistad era de lo más llevadera que se pudiera imaginar cualquiera. No sólo compartíamos ideales, también teníamos afinidad de gustos y auque en la personalidad éramos diferentes y hasta contrastantes, siempre estuvimos bien juntos.
La plaza de las tres culturas estaba llena de niños, mujeres, adultos mayores, muchos estudiantes, había de todo ahí. Nosotros estábamos parados esperando bajo el sol de las cinco de la tarde, a que empezaran de una vez por todas las cosas.
Teníamos un cierto presentimiento de que algo malo pasaría, por lo cual, ese día íbamos "disfrazados" como los Botas Negras, con Botas, pantalones de mezclilla rotos, chamarras de cuero del corriente y rapados.
Por varias partes había personas con guantes blancos o pañuelos atados a sus puños, no entendíamos a que se debía eso, pero suponíamos que era demasiado raro, así que nos manteníamos en calma observando todo lo que pasaba.

Una vez más se detuvo para llenar el vaso, estaba empezando a preocuparme de si aquella bebida con la cualidad de volver idiota a la gente, no tendría efectos sobre el viejo. Para mi sorpresa, me di cuenta de que no le pasaba nada. Era como si bebiera rompope o algo con bajo grado de alcohol.

La historia estaba llegando a lo bueno. Tenía ya bastante material sobre los Botas Negras, y juntándolo con lo que él me había contado del movimiento y su perspectiva, intuí que realmente los Botas Negras eran todo lo que decía la gente, pero había algo que quería saber…una última cosa. De manera que una vez que acabó de tomarse la última gota de su vaso y servirse de nueva cuenta, sin darle tiempo a proseguir, ataqué con la que era tal vez, mí última pregunta para don José.

- ¿Qué hay sobre la muerte de los Botas Negras?- cuestioné por primera vez, sin tono agresivo- ¿Sobre cómo el Botas Negras más importante murió? Eso también sería sumamente interesante y enriquecedor si lo pudiera comentar Don José- finalicé con tono conciliador.
- Ya estoy por llegar a eso- me dijo con calma-. Permíteme seguir contando mi relato, agarrar el hilo nuevamente, y pronto esas y más dudas te quedarán claras para hacer con esas respuestas lo que quieras.

Su mirada me recorrió de cabo a rabo. No lo hizo como la última vez, en esta ocasión fue de forma relajada, como si esperara ver la aprobación manifestarse por mis poros.
Yo estaba a gusto con eso, si el viejo José quería hacerlo de esa manera, me llenaba más huecos de información y cumplía las expectativas que tenía. Aunque antes se había comportado altanero, cuando empezó a narrar a detalle todo, se volvió más accesible…

-Como dije antes, sospechábamos que algo andaba mal.
Ya había estado en varios mítines antes y ya hasta había perdido la cuenta de cuántas ocasiones tuvimos que darnos a respetar contra las autoridades y cuantos compañeros de movimiento habíamos visto heridos, o peor, muertos, pero esta vez era algo más feo lo que sentíamos. Estábamos en una plaza pública, un lugar abierto al diálogo, gente inofensiva estaba ahí oyendo, como los viejos, los niños correteándose o las amas de casa, gente que no tenía tanta relación con el movimiento.
Un ambiente de calma y hasta de alegría se respiraba…pero había algo que no cuadraba ahí, y ese algo eran los tipos con los pañuelos blancos en los puños.
Había sin duda preocupación porque el despliegue militar y de granaderos estaba presente, pero eso no nos iba a detener, no podían hacer lo que hicieron, era impensable, pero la realidad, muchas veces supera a la ficción.
Ya habían tomado la palabra varios compañeros, incluso los ferrocarrileros habían llegado con pancartas en ese intervalo de tiempo, para demostrar su apoyo al movimiento. No estábamos solos, nuestra fuerza eran las personas y nuestra arma las palabras que brotaban de nuestras bocas, pero aun así…se atrevieron a lacerar a la nación entera con ese acto despreciable.

Una vez más sus puños se cerraron con fuerza, fue tal el coraje que se le tornaron blancos los nudillos, la mandíbula se le cerró completamente por contraerla y sus venas se saltaban en la frente. Estaba furioso, pero pese a todos esos indicios corporales de ira, sus ojos estaban derramando lentamente las lágrimas del dolor y la impotencia que renacían de su memoria.
Por primera vez, sentí pena de haberme comportado como lo había hecho con Don José, pero no había marcha atrás, recuperé la compostura yo también y esperé paciente a que prosiguiera con su relato. Interesado más en saber que sentía que en hacerme con la nota de los Botas Negras.

-Unas luces de bengala aparecieron en el aire...
Al principio todos por instinto volteamos a ver qué pasaba, y entonces, los tipejos con las cosas blancas en las manos abrieron fuego contra la gente…al fin lo habíamos entendido…estábamos ahí atrapados, habíamos caído en la boca del lobo y con gusto lo hicimos.
Los granaderos eran la barrera a atravesar para escapar de las balas que apuntaban sin diferenciar niños inocentes de estudiantes o madres de familia.
Botas Negras no preguntó nada, rápidamente derribó a uno de los sujetos que estaba apuntando a un niño… ¡Un niño por amor de Dios!
Al tenerlo en el piso, le pateó con tal brutalidad la cara que jamás olvidaré como la nariz del tipejo ese tronó en mi cabeza, le arrebató el arma y le disparo a sangre fría a las piernas.
Al principio me alarme de lo que Botas estaba haciendo, pero después, entendí su coraje. El niño que había salvado estaba hincado en el piso chillando sobre el cadáver de su madre para que se levantara…El desgraciado del pañuelo blanco la había matado e iba a hacer lo propio con su hijito…

-No tienes suerte de seguir con vida –dijo Botas molesto-. De lo que tienes suerte es de que yo no sea un cobarde como ustedes- y con un pisotón en la cara, dejó inconciente al soldado disfrazado.
-¿Qué hacemos?- dijo Aldo histérico.
-Lo único que sabemos hacer – dijo Leonel protegiendo a unos niños entre sus brazos-. Vamos a proteger a la gente como siempre lo hacíamos…
-Eso no va ser muy difícil- dijo Beto mientras dejaba caer el lánguido cuerpo de otro soldado disfrazado de "paisano"-. Si usamos su misma fuerza contra ellos –con su mano derecha levantaba el arma asesina- creo que podremos hacerlo…
-Hagámoslo –dije con temor en mi voz-. Defendamos lo que creemos…
-No- dijo serio Botas Negras-. Vamos a defender a la gente. Sin gente no hay sueños- dijo quitando la mueca de odio y sonriendo para darnos confianza-. ¡Vamos!

Todos corrimos detrás de Botas entre la multitud. Muchos al vernos se apartaban para abrirnos camino. Al principio pensé que lo hacían con miedo por que Botas portaba el arma del enemigo en las manos sin miedo a que lo vieran y Beto cubría nuestra espalda con la respectiva arma que había tomado, pero no era por miedo, la gente nos abría paso porque sabia que éramos los Botas Negras y que caminábamos con temor entre ellos, pero aun así, caminábamos a encontrarnos contra el enemigo…
Estábamos ganando algo de terreno. Mientras que muchos huían, con justa razón, otros se quedaban a pelear una batalla que era imposible ganar.
De repente, una señora con sus dos hijos en brazos corrió despavorida a un lado de nosotros y un soldado le dio en las piernas derribándola.
Botas Negras trató de dispararle pero otro le atravesó el costado con una bayoneta, era un caos total. Beto se lo quitó de encima acribillándolo con balas. Botas aprovechó eso y se paró enfrente de la señora y sus hijos y recibió las balas de ese desgraciado, el cual sólo sonrió al ver como mataba a Botas.
No me contuve más y corrí sobre ese sujeto, una bala atravesó mi hombro pero no me detuve hasta que lo desarmé, entonces me miró atemorizado, pero no me detuve, lo tomé por el cabello y lo jalé con tal fuerza contra el piso que le arranqué cabello, aun así, no contuve mi brutalidad y lo estrellé contra las piedras que había por ahí escuchando como chillaba de dolor, hasta que al fin…lo maté.

-De manera que usted fue el asesino- dije asombrado-. Pensé que había sido…
-Pensaste mal- dijo serio-. Y si me dieran oportunidad de haber matado a cada uno de esos soldados, la habría tomado aunque costara que yo arda eternamente en el infierno- dijo con voz seca-. Jamás dudaría en matar a quien ha matado.
-Continué por favor –alcance a musitar-. No se detenga.
-Botas no había muerto para nuestra desgracia…estaba ahí tirado destrozado de todos lados pero con vida…

Miró a Leonel a los ojos y lo atrajo hacia su cuerpo que lentamente dejaba esta tierra para irse a encontrar a otro lugar.

-Huyan-le dijo a Leonel con voz clara, no tenía miedo a morir-. No tiene caso ser héroes en el panteón.
-No podemos dejarte- dijo Leonel sujetándolo por las axilas-. ¡No lo haremos!
-Tienen que hacerlo- dijo Botas molesto y se zafó de Leonel-. Yo ya voy a irme…pero ustedes…salven a la gente, protéjanse, vivan, son mas jóvenes que yo y…

Sus palabras quedaron en el aire. Sus ojos se pusieron blancos y su boca se quedó abierta y muda para siempre. Leonel lloraba a moco tendido junto a su cuerpo mientras que Beto sujetaba con sus dos fuertes brazos a los niños y Aldo ayudaba a levantarse a la señora.

-Larguémonos de aquí- dijo Beto con la voz entre cortada-. Déjalo ahí…murió haciendo lo que él quiso y merece ser recordado de esa forma…
-No lo dejaré así…-miré sus pies, sus botas cubiertas de sangre- Al menos me llevaré sus Botas para que lo traten como un estudiante más y no como un Botas Negras.
-Harás bien- dijo Leonel tomando a un niño en brazos-. Haces bien…

Con mucho miedo tomé las botas de mi amigo, las uní a las dos por medio de un nudo en sus agujetas y me las eché al hombro…titubeé al ver el arma que estaba a un costado de botas, pero al final me armé de valor y la tomé, y salí corriendo detrás de mis amigos.
Estaba harto de tantas malas cosas, y esta era la gota que derramaba el vaso, a los diecisiete años eres, muchas cosas, pero no éramos estúpidos y sabíamos que esto no era permisible, que incluso los peores delincuentes tenían derecho a ser escuchados y a nosotros eso se nos negaba como si fuéramos asesinos…como si fuéramos los que nos estaban matando.

Aldo caía al piso haciendo un tremendo ruido seco. Una bala le había perforado la cabeza y había atravesado a la vez a la señora. Los dos habían muerto sin si quiera sentirlo, sólo pude agradecer eso, que su muerte hubiera llegado sin tanto dolor como la de Botas.
Beto sin mediar su ira, atravesó al tipo que había matado a Aldo con la bayoneta, pero no en cualquier parte, le había sacado un ojo y sin miramientos, le sacó el otro antes de que el asesino se tirara al piso a revolcarse de dolor.
Era diferente ese Beto, él siempre era alegre, pero ahora ya no. Con una mano enérgica sujetó al tipo y lo puso al frente de él y le gritó enfurecido…

-Vas a servirnos de escudo para que salgamos con vida.
-Por favor no…

La bayoneta perforo por la espalda al soldado saliendo de sus entrañas. Me dio tanto asco que no pude reprimir el vómito y me hinqué junto al cadáver de mi amigo Aldo. Ya no veía bien, mis ojos estaban bañados en lagrimas de la impotencia, del miedo, del coraje…todo lo sentía en ese momento.

-Me da gusto que nos entendamos- dijo Beto con su voz fría-. Ahora andando Leonel, José.
-Vamos- dijo Leonel que me ayudaba a ponerme en pie-. No tenemos tiempo de…
-Sus botas –dije con la boca llena de residuos de vómito-. No lo dejaremos así.
-Yo se las quito- dijo Leonel-. Tú vete con Beto…
-Pero…
-¡Váyanse! – dijo llorando también- ¡Era mi hermano! ¡Mataron a mi hermano!

Beto me sujetó de la mano y me arrastró lejos de ahí, junto con los niños que estábamos salvando y la gente que se nos juntaba.
Todo pasó tan rápido…al final estábamos ya lejos de ahí, estábamos a salvo. Beto me dio el arma, me dio un abrazo y se despidió de mí regresando a la plaza y jamás volví a verle…

Sus ojos estaban rojos de tanto llorar sin detenerse. Ya no estaba enojado, ahora estaba sumido en una profunda tristeza. Me dio coraje haberle provocado eso, el viejo lloraba realmente, cosa que jamás había visto hasta ahora…Intenté quedarme callado, con suerte así acabaría esto…pero él siguió hablando.

-El 5 de Octubre…Leonel regresó con las botas de Aldo y Beto en sus manos. Ambas con sangre reseca en todas partes, las de Beto incluso, estaban rotas, se esforzó al máximo para sacar con vida a Leonel y entregó su vida por sus amigos antes que por sus ideales…

-De manera que entonces –miré a la repisa con botas- esas son sus botas.
-Así es- dijo el viejo que no hizo nada por secarse las lágrimas-. Están en orden de cómo murieron. Sólo quedan dos espacios ahí en la repisa…Leonel aun no ha muerto y mantengo contacto con él una vez al mes…y yo, bueno…yo sigo con vida para bien o para mal.

No lo pensé dos veces y apreté el botón de "alto". Tomé la grabadora y saqué el pequeño cassette que tenía dentro. Me reí un poco por lo bajo, con tanta tecnología y yo seguía usando una cosa así. Lo tomé entre mis manos y lo puse frente a Don José…
Él me miró molesto y con un movimiento marcado se levantó y me dio un puñetazo en la cara que me tumbo de la silla.

- Te conté la historia para que la publicaras…No para que me la regalaras escuincle pendejo- dijo molesto aun.
-Es su historia- dije levantándome con calma-. Pensé que…
-No sabes nada – dijo con una sonrisa de calma-. Quiero que quienes quieran que sean los que leen tus "investigaciones" sepan cómo fueron las cosas…No éramos héroes, no intentamos ser nada que no fuéramos, sólo quisimos hacer lo mejor que pudimos por los compañeros. Leonel me dijo cuando vino a dejarme las botas…que si teníamos oportunidad de contar como fue nuestra vida…debíamos hacerlo y bueno, yo lo hice contigo porque confío en tu excesiva confianza de hacer bien las cosas…
-Gracias- musité-. De verdad…
-No digas nada-dijo recuperando su temple-. Sólo salte de mi casa y no vuelvas más.
-Está bien –dije sonriendo-. Aun así le agradezco que se haya tomado su tiempo y que haya permitido que sus recuerdos ampliaran la historia.
-A mí también me gusta la justicia como a ti niño-dijo Don José-. Por eso te lo conté sin mentiras…confío en que harás lo correcto.

Sin mediar palabra más, me señaló la puerta. Tomé mis pocas pertenencias y me encaminé a su puerta. Una vez delante de esa puerta de madera casi destruida la abrí y me salí sin mirar atrás.
No digo que esa historia me había cambiado. Sigo siendo el mismo hombre de siempre, pero la diferencia radica en que entendí que a veces, la verdad que buscamos es más cruel que la mentira que mitificamos, y que, quienes llegan a sobrevivir a estos dos polos de verdad y mentira, son los que más sufren…
Toda la entrevista la publiqué en todos los lugares que pude aprovechando que la matanza del 2 de octubre de 1968 cumplía cuarenta años de vivir en la memoria de personas como Don José. No sé que tan bien estuvo, pero si de algo estoy seguro es de que, por como los recuerda don José, Los Botas Negras, estarán muy orgullosos de que su historia se sepa sin mentiras y sin glorificaciones falsas.
Eso sólo me hace recordar una cosa: "Si todos nos unimos y peleamos por un mundo mejor, las próximas generaciones con suerte estarán bien". Esa frase siempre la odié, pero ahora la entiendo…y todo gracias a un viejo anciano que jamás se ha quitado sus botas negras ni sus ideas de aquella cabeza rapada.


Para finalizar, tengo muchos pedos con la sociedad y la gente en si que hoy dia pulula por la Ciudad de México, pero, eso no implica que no pueda rendirle homenaje (muy a mi peculiar manera) a la gente de antaño, esa que si luchaba por lo que creia y no solo se sentaba a esperar que un cambio llegara.

martes, 6 de septiembre de 2011

Juego de 4

Vaya, casi puedo cortar la ausencia en este blof por el abandono y la falta de cuidados. No pienso dejarlo morir, no soy constante, no tengo disciplina y a veces hasta lo que mas me importa me lo paso por los huevos. Lastima que tambien escribir me encanta y aun lo seguire haciendo hasta que consiga fama. En fin.
Este es un escrito que hice para un concurso en Liga-Nintendo Fue bastante dificil si se me permite decirlo, y aunque aun no acaba la competencia, creo que no pasara nada que lo publique ya.

Las consignas para este ultimo escrito (oh si, porque es de la final) fueron las siguientes:

-Protagonista femenino.
-Que tuviera sexo.
-Que hubiese amor.
-Que contuviera Violencia.
- Finalmente, que fuese algo realista (nada de fantasia, ni realismo magico y demas).

Todo en 4 hojas. Podiamos pasarnos una hoja mas o menos, asi que de 4 a 5.

Fue dificil. Este escrito me gusta y a la vez no me deja del todo satisfecho. Por temor a cagarla me enfoque en el sexo, en la violencia y que la protagonista fuera mas bien ausente. Y claro hice casi 5 hojas. Falto amor, me falto espacio (o tal vez sintasis en mis letras) para hacerlo justo como queria. Eso fallo.

Lo que hace un logro esto, es que me encanto como esta la narracion, que no cai en algo vulgar o que tratara de dar risa y que, finalmente, no escribi lo que queria, pero aun asi dio un buen resultado.


Juego de 4



El lugar era el patio de las ciencias básicas en la Ciudad universitaria, cariñosamente reducido a C.U., la casa máxima de estudios del país. Este era el lugar por las siguientes razones.

Primero que nada no teníamos ni un solo centavo para ir a algún otro lugar, ya que somos estudiantes del 3er semestre y más que gente de dinero, se nos conocía como “estudihambres” por esta carencia.
Segunda razón y más sencilla, estábamos allí porque teníamos ganas de bailar y divertirnos, pero de una manera gratuita, y como cada viernes se armaba un sonido* y se abarrotaba de gente, pues era la opción ideal.

El problema es que yo estaba sola y eso no me gustaba nada, ni poquito.

No sabía cómo, pero mis dos mejores amigos se habían perdido o desaparecido, mejor dicho, y estaba abandonada en medio de una multitud de unas 300 personas.

Para llevarme la fiesta en paz, me senté en la fuente central del patio. Una fuente grande y que ya llevaba sus años.

De repente, rompiendo la posible armonía de la música de salsa en remix que violaba el DJ, alguien dio un grito señalando a un lado de la fuente.
Evidentemente por chismosa, como todo el mundo, voltee a ver a donde señalaba y entonces lo vi: era el punk-o.

Era como si todo pasara en cámara lenta, al mus puro estilo de película chafa de tercera.

Cuando preste atención realmente al punk-o, el tipo en cuestión dio un salto de la fuente al piso y con un golpe seco había derribado a un chavo que estaba luciendo unos pasos de salsa espectaculares. El golpe fue tan brutal combinado con el salto, que al momento de impactar en la sien del bailarín, fue como si le hubiesen cortado los cables a un títere de trapo, simplemente se desplomo.

El punk-o se levanto imponente, como el hijo de la chingada que era. Siempre me habían chocado esos hombres machistas y con cara de desgraciados, pero el punk-o era especial.

El era uno de los famosos cabecillas de esos otros hijitos de la chingada llamados porros. Era uno de los más fieros y barbaros de entre su selecta casta de perros. Y además corrían tantos rumores y mentiras de él, que solo aumentaban el miedo que sentían todos hacia él.

Solo un rumor me lo creía, me asustaba y tenía relación conmigo.

Se corrió el rumor por todos lados que su novia (a la cual el amaba de verdad y trataba como princesa) lo estaba engañando con un pendejete del tercer semestre. Había de donde escoger carreras sobraban, pero el rumor era que el estudiaba con su novia.

El problema de todo esto radicaba en que el pinche salvaje era capaz de madrear a quien fuera si lo veía con su novia y más en ese momento. Esto era un problema porque su novia era una de mis mejores amigas y justamente, estaría deambulando por ahí con mi novio. Éramos amigos desde primer semestre y bueno, no me agradaba la idea de ver el rostro de mi hombre batido en sangre por hacer algo tan inocente como bailar con la novia de un futuro presidario.

Volví a la realidad justo a tiempo. El tiempo corría normalmente y escuchaba con claridad como su voz se alzaba sobre el sonio de la salsa, que un temeroso DJ había disminuido en volumen.
Gritaba el nombre de su novia, de mi amiga. Lo hacía a todos en el lugar, detrás suyo dos hermanos de delincuencia coreaban lo que el perro alfa gritaba. Entonces, no me había visto. Perfecto.

Sin llamar mucho la atención me levante y me cole entre algunos amantes de la salsa que hacían caso omiso de la gritadera del porro. Solo tenía en mente pasar desapercibida, casi como si fuese una ninja, y encontrar a esos dos y ponerlos sobre aviso para largarnos lejos de ese bastardo.

Todo marchaba de maravilla hasta que justamente, me traicionaron mis pésimas tácticas de ninja y me tropecé con una pareja de bailarines que me hizo derribar al DJ y su mesita de trabajo.

Parecía una escena de película mexicana chafa. Se había apagado la música, todos pusieron su atención a donde antes había sonidero. Yo tirada sonriendo como una idiota muerta de la pena y el delincuente mirándome primero sorprendido y después ensanchando la sonrisa con un deleite criminal.

Sin dar las gracias por los caballeros que me habían ayudado a parar, eche a correr como si me estuviera persiguiendo un escuadrón de narcotraficantes o un violador de esos que saben que la condena máxima son 3 años, y eso si no pagan fianza y se portan mal.

Nuevamente me trate de confundir entre la gente, pero esta vez me deje de cosas frikis de ninjas y demás, entraba a base de empujones, rodillazos y pisotones para que me abrieran paso y a su vez, se lo cerraran a quienes venían atrás de mi. Realmente cabe aclarar que me estaban siguiendo y a paso veloz.

Di varias vueltas, me metí en jardineras y lugares de áreas comunes que estaban prohibidos y no los perdía. Al final termine regresando a la fuente central del patio de ciencias básicas. Me estaba muriendo de cansancio, necesitaba un respiro. Vi tras de mí y pude notar que les había sacado un buen tramo de ventaja a los lacayos, al líder no lo veía. Mejor.

Me escabullí entre el gentío una vez mas y a toda velocidad me abrí espacio hasta llegar al baño de las chicas, cerca de las aulas.

Era el escondite perfecto. Solo entraban a este sumidero de porquería a orinar los hombres y a veces, a tener sexo alguna de las parejitas calientes que casi ni se daban en la universidad.

Precisamente se escuchaba el suave vaivén de unas caderas en el baño del final, sin duda alguien estaba haciendo sexo sincronizado, o un “autoservicio” en verdad pesado y a dos manos, porque se escuchaba bastante.

Seguía preocupada. Tenía que encontrar a ese par para irnos rápido y sin que golpearan a mi novio o le dijeran puta a mi amiga. Yo confiaba en ella. Una chica dulce, con gran sentido del humor, agradable y un amplio corazón. No podía pensar nada malo de ella.

De repente, detrás de mi salió el punk-o. Me hizo con el dedo índice de su mano derecha la seña de guardar silencio. Pendejo, como si de verdad le fuera a hacer caso, pensé. Pero el fue más rápido que mis pensamientos.

De una patada abrió la puerta del último baño. No como en los duelos o series policiales que cede al darle la patada. La chingadera ni siquiera estaba cerrada, la patada solo hizo que rebotara y por la inercia se abriera… y vaya sorpresa.

La mujer en la que más confiaba se encontraba hincada en ese asqueroso piso. Entre sus dedos tenía el tallo del miembro de su compañero de juegos sexuales prohibidos. Cuando vio quien le abrió la puerta, solo se escucho el “plop” de su boca y pude ver sus ojos castaños de miedo y sorpresa bien abiertos.

Bueno, tenía derecho a serle infiel al cabrón este en cuestión, se lo merecía por ser un hijo de la chingada. Además, ella también se lo estaba buscando por jugarle a la sabrosa teniendo a dos a la vez…

Cuando el punk-o la hizo a un lado y levanto de la taza inmunda del escusado a su compañero varón, se me vino abajo la fantasía. Yo conocía perfectamente a ese chico. El pelo castaño, los piercings en las cejas y oídos, el pelo rapado casi en su totalidad menos el fleco, la tez clara, los ojos pequeños llenos de miedo y la boca hermosa y falsa que hace solo media hora decía que me amaba y era lo mejor de su vida.

Era el desgraciado de mi novia, cogiéndose a la puta de mi mejor amiga y que además, se trataba de la novia de un porro de cuidado.

—¿Ya lo ves? —Me dijo el punk-o sonriendo con tristeza—. Lo lamento por ti.
—Esto es un error… yo te amo— se atrevió a decirme el hombre que un día ame más que a mi vida—. Debes entender que…
—Yo te amaba— dije mientras las lagrimas escurrían por mis ojos de frustración y dolor—. Ahora solo quisieras que te calles y afrontes como el disque hombre que eres esto.
—Bueno, bueno. Tu no vas a decir que me amabas y que esto es un error ¿Oh si?
—Tú no mereces nada de mí, hijo de puta— dijo la que alguna vez creí era mi amiga y miro con desprecio al punk-o, acto seguido, viro su vista a mí y me sonrió con esa boca de hipócrita lame vergas—. Amiga, yo solo quiero…

No pude aguantarme más. Eso último era un insulto, como se atrevía a llamarme amiga después de todo esto. Yo tenía otro tipo de valores y ella lo sabía, no tenía problemas con la sexualidad libre y darse un gusto, pero si yo tenía una relación la respetaba y esperaba que los demás lo hicieran, mas mi novio y mis amigas.

En tres pasos, me puse delante de ella, la levante con ambas manos y le metí una bofetada tan fuerte que hizo que rebotara contra la pared.

—No vuelvas a dirigirme la palabra.
—¿Me permites? —Pregunto el punk-o mirando a mi ex-pareja tratando de abrocharse el pantalón.
—Por mi haz lo que quieras.
—P-pero yo te amo, esto solo fue una tontería— la novia del delincuente exclamo con fastidio por ese comentario mientras se acariciaba la mejilla abofeteada—. Recuerda ese poema de Benedetti, ¿No? “y es que el cielo de tenerte/me parece fantasía…
—¡No sigas! —explote—. Lo que has hecho no tiene reparo, no caigo dos veces en lo mismo. Yo también te amaba, es más, aun te amo, con mi vida, pero sé que no es sano, se que está mal porque ya demostraste que tipo de imitación de hombre eres y lo más importante. Me respeto mucho a mi misma como para caer bajo otra vez o tener amigas falsas.
—P-pero yo…
—Ni te subas los pantalones carnal— el punk-o de un puñetazo a las manos de mi infiel ex-pareja, hizo que en vez de acomodarse los pantalones se los bajara, quedando en ropa interior.

Entonces, sin miramientos, le sonrió con siniestra alegría y le propino dos patadas en los testículos y en su arma del delito. El pobre bastardo solo se retorció y vi como brotaban las lagrimas de sus ojos y se arrodillo por el dolor.

Mi vieja amiga, espantada alterno su vista entre el bastardo en el piso y el hijo de la chinga que seguía sonriendo como demonio. Se pego a la pared lo más que pudo, como si su boca llena de semen se volviese invisible en esa pared asquerosa.

Él punk-o la miro con desprecio. Y le dio la espalda, pasó junto a mí y se detuvo en la puerta.
—No me considero un caballero, pero, no ganaría nada dándote una golpiza, aunque te la merezcas. Con esa bofetada tienes y con tu reputación de puta para llevar una vida de mierda. Yo te amaba, pero la verdad, con una vida llena de crímenes y violencia tengo suficiente como para tener una novia putota y que se da aires de ser mejor que eso.

Sin mediar palabra dio tres pasos más. Se dio la vuelta y de dos zancadas llego junto al infiel y le propino unas 10 patadas en el cuerpo (o sea, lanzo los golpes donde cayera) y después se fue. Y yo detrás de él, porque no quería hablar más con esas personas.

A pesar de todo fue un golpe brutal saber que dos de las personas en las que más confiaba me habían traicionado, pero no quería conciliar nada ni tratar de entenderlo. La persona a la que más amaba y la persona en la que más confiaba. Y pensar que a su modo a cada uno de ellos los amaba.

Seguí caminando, el baile y el sonidero seguían, después de que el vándalo se había ido todo continuo, como si jamás hubiese pasado nada de nada. Que curiosa es la vida y aun más la gente.

Pero esa era la maravilla de la vida justamente, porque a pesar de todo no importaba lo que pasara, porque la vida y el tiempo seguían corriendo. Y bueno, aunque tenía el corazón hecho mil pedazos y me sentía traicionada e incapaz de confiar en otro ser humano, sabía que tarde o temprano, volvería a estar bien.

Y entonces a pesar de todo lo malo, de que las lagrimas habían corrido mi maquillaje, de que me sentía destrozada por dentro, de que una gran parte de mi quería destruir al mundo con una bomba gigante, de que probablemente me veía horrible. A pesar de todo, sabía que mi alma sanaría y con todo lo malo que había pasado, pude sonreír y sentir que la vida seria mejor.

martes, 12 de abril de 2011

Detrás de… War4Peace.
(Relato #13 de cancionero).

Bueno, para empezar hablare del título, o la canción que da nombre al relato. La canción es el track #04 del disco Latin Ska Force de la agrupación musical de latin ska Los de Abajo. La rola habla precisamente de que no importa de qué país provengas, ni cual sea tu cultura y por consiguiente tu color de piel, lo único que importa es que todos somos hermanos, somos humanos y deberíamos apoyarnos y en vez de darnos puñetazos, extender las manos para ayudar.

Esta rola habla en sí de la tolerancia, el respeto, el no dejarse manipular, ser fiel a tus ideas y el apoyo o hermandad que debería existir no entre los latinos, europeos o gringos, sino entre los humanos como tal.

Esta canción siempre me inspiro a querer crear algo que demostrara que no importaba nada más que el ser tolerantes y respetar a los demás y esas cursilerías de las ideologías.

Todo se puede ver reflejado precisamente en el fragmento que cito de la canción para dar entrada al relato:

“¡No sé de dónde vienes pero eres mi hermano! Ya no hay violencia que perturbe a mi gente, porque el odio y el desprecio no nos caben en el alma. No hay limitaciones soy el dueño de mi mente. ”


Fue así que se me ocurrió hacer una historia basa en esa jodida discriminación que hay hacia las tribus urbanas, los gustos musicales y esas mamadas. Es simple, no siempre creí en esto, yo también fui idiota y creí que yo escuchaba X cosa mejor o que mi movimiento contracultural era mejor, pero gracias a Dios maduras con el tiempo.

Posteriormente, al leer el titulo se me ocurrió que decía guerra por paz, pero, la canción no habla de combatir (ni pacíficamente) a la gente que desprecia a los demás o corroe el alma con su sola presencia. El mensaje es positivo, centrándose en que tu veas a los demás como tus karnales, los apoyes, tengas las manos abiertas para que haya un intercambio cultural y que no te dejes envenenar por las guerras y la violencia. Fue así que nació la idea de meter a un personaje que detuviera todo, pero sin pelear.

De este modo nace el Leonardo de esta historia. Duro como el león o corazón de león son los significados de este nombre que implica alta nobleza (lo admito, me encanta el nombre) y por eso el principal se llama de esta manera. El acto más grande de su nobleza para mí no solo es que defendiera al débil o que no usara la violencia, sino en el momento en que detiene la cadena. Es herido, ese es el costo de entorpecer los pasos del enemigo, pero a pesar del dolor, logra detenerlos un poco.

Pero bueno, gracias a estas dos combinaciones pude crear la historia. No fue mera inspiración, trabaje bastante esta idea del tema central, el personaje de Leonardo solo fue un agregado que le dio (a mi gusto) más valía a la historia e incluso más peso al tema del respeto, la tolerancia, la paz y esas cosas.

Para hacer que un grupo de emos, cholos, rude boys (los que escuchan ska) y rastas se unieran, simplemente pensé en que los dos últimos basan su música y letras en estos temas y bueno, el cholo “bueno” es porque los cholos son una cara de la moneda de otro movimiento contracultural, pero quise poner que no todos deben ser escoria y los emos, bueno, serán y harán lo que quieran pero son personas que merecen el mismo respeto que cualquier otro. Estas ideas en conjunto las complemente con las varias marchas que se hacen por respeto y esas cosas en la ciudad, solo que lo hice a un nivel más pequeño con “niños”.

Los pintorescos amigos del personaje, bueno, me inspire precisamente en mis amigos de la escuela secundaria y en sus actividades deportivas. Yo jamás practique deporte alguno del estilo de combate, defensa personal o como gusten llamarle, pero al menos esos tres estilos de los que hablo (karate, lima-lama y capoeira) si los practicaban amigos míos en la secundaria. Siempre hago pequeños tributos o guiños a aspectos de mi vida de esta manera, metiendo datos o personajes así.

La historia finalmente es para mí como una especie de moraleja de que todos deberíamos hacer algo para que no ocurran estas cosas, y así aumentar la escala hasta no sé, utópicamente derrocar sin mucha sangre gobiernos malditos o a desgraciados narcotraficantes o mamadas así, como dije es utópico en apariencia, pero para mí ese sí que sería un mundo feliz.

A su vez opte por adolescentes porque son más fáciles para mí de trazar en sus estilos, solemos ser a pesar de todo lo que se diga, a esta edad (a los inicios de la adolescencia) más cuadrados por querer ceñirnos a una imagen o a un estereotipo, de tal forma que por eso sentí que los maleantes que molestaban al emo me quedaron “bien”, o que los ideales de Leonardo fueran tan limpios y el los llevara a su máxima consecuencia. Bueno y cabe mencionar aparte que a los maleantes los escogí de esas tribus urbanas porque, un año atrás a lo sumo, cuando los emos eran un boom en mi país, esas tribus urbanas (darks y punks) perpetraron golpizas contra los emos, por lo que ténganlo presentes amigos lectores, no fue de a gratis escoger a estos malandrines.

El final, o sea, la parte en la que ya todos están tranquilos disfrutando del triunfo de no haber tenido que apalear a nadie y demás, lo hice basado en que muchas veces entre mis amigos así nos hemos llegado a regañar por cosas similares, como dije, no es nada que no le toque vivir a una persona común, supongo. Pero bueno, el final con el abrazo y la gente vitoreando y haciendo bromas, se me figura a una típica acción de secundario por el hecho de que no piensas más que en el momento, y ese era un momento para festejar y estrechar lazos.

Bueno, de esta forma es como nació la idea del relato de Wa4Peace, no es tal vez la gran cosa, pero, al releer esta historia me llena de orgullo ver como pude crear un pequeño pedazo de mi paraíso personal, o de lo que sería mi paraíso personal. No porque sea una idea o sueño mío, sino porque a pesar del tono informal y hasta infantil, considero que tiene contenido.

En fin, nos estamos leyendo.

martes, 30 de noviembre de 2010

Retomando las letras...

Retomando las letras.


Es una tarea en vedad difícil como no me hacia una idea.
Dejar atrás algo tan emblemático como escribir y querer volver a él como si nada… es tan idiota como creer que puedes irte de viaje años, y regresar a buscar a una novia de la infancia (¡Aguas eh Leonardo!) y esperar que te siga amando.
Puede ser que dé frutos, que sirva o que se yo, pero, cuesta trabajo readaptarse a un ritmillo de vida, de estilo que dejaste atrás.
Eso me pasa a mí hoy día, he dejado de lado las letras por los juegos principalmente y no está mal. Me motivan los juegos a crea cosas geniales, a ver errores en los argumentos y no repetirlos o a darle otro enfoque a las ideas épicas. El problema es que me dejo absorber, y dejo las letras abandonadas.

Eso no está chido.

Las letras son un ejercicio exquisito que siempre será útil. Al escribir o leer amplias vocabulario, ayuda a expresarte mejor, a tener mayor repertorio de palabras, te hace mas culto y otras maravillas. Ahora ya no hablemos de la maravilla que es el saber redactar desde una lista de la tienda a un cuento. Simplemente es mágico.
Tengo muchos pendientes en mi vida, pero una prioridad que retomare poco a poco es escribir.

Hoy ya lo hice, retome del olvido “No me olvides” (precisamente), pero, en la parte de planeación. Hice un par de ajustes cronológicos, algunos bocetos de capítulos (bueno… en realidad hago “párrafos” con una idea principal y luego llego y me invento todo) y ajuste datos importantes que traía en la mente desde hace meses.
Eso es lo difícil, son un habito las letras. Tal vez no escriba, pero, siempre estoy pensando nuevas ideas de que escribir, que agregar, que inventar. Lo difícil es arrancar, descongelarme y empezar a dar marcha.

Pero, lo lograre, claro que si. Retomar las letras no es fácil, pero el esfuerzo es nada comparado a la recompensa.
Aprovechando hare oficial que ya tengo formspring

http://www.formspring.me/Kaiifan

Es una maravilla, no espero tener más cartas que santa, pero si espero tener que contestar algunas preguntas. Pueden clicar ahí o mas abajito del blog hay un apartado pa hacer las preguntas… así que denle gusto al cuerpo XD

Finalmente, estoy trabajando en proyectos como no me olvides, la pista de baile del diablo y claro, el amable y despabilador cancionero. Así que estén pendientes.
Y recuerden, comentar tal vez no ayude a salvar animales, a proteger el ambiente, a combatir el calentamiento global o a matar a algún político corrupto, pero, que chingados… es agradable leer comentarios XD

jueves, 11 de noviembre de 2010

Detras de... Cancinero.

Detrás de… Cancionero.
Y continuamos con esta parte de hacer la tarea de escribir un poco, de no olvidar el blog y de darle seguimiento a lo que podríamos llamar como apuntes de un escritor novel.

La grandiosidad de esto es que es mi blog y supuestamente puedo escribir lo que quiera, asi que hoy hablare de porque surgió la idea de crear una recopilación de mis relatos llamada cancionero.

Desde que tengo conciencia, siempre he sido un tipo que tiene ciertas habilidades, pero, que tiene mucha pereza. Recuerdo que en la primaria, vivía con mis abuelos paternos, y a mi abuelo le gusto siempre cantar y tocar la guitarra (cosas que espero de corazón todavía haga), el era partidario de esas ondas de los tríos (tres tipos tocando guitarra y cantando) y pues le gustaba mucho, por tanto le gustaba mucho a mi papá y pues a mí me parecía interesante.

El tenia muchos cancioneros, ya fuesen obtenidos por medio de su mano y esfuerzo o regalados (por ejemplo, en un cumpleaños mi papá le obsequio uno) así que, siempre hubo de eso. Y pues a mí me gustaba, siempre que mi abuelo cantaba o hablaba de las clases de guitarra, se veía animado, radiante.

Yo quería tocar, y aprendí en la secundaria por mi clase de música. Toque ligeramente bien la guitarra hasta que me dio hueva y reprobé la materia… pero recuerdo que igual cantábamos y tocábamos varias melodías, como por ejemplo la clásica y mexicanísima “Adelita”. Y esta clase me remitía también a los cancioneros, esos recopilatorios mágicos de esas melodías que llegaron para quedarse.

En la preparatoria escribía muchos ensayos para diversas tareas y materias, y me era sumamente fácil porque me gustaba escribir (yo lo hago desde la secundaria, y vaya que he mejorado eh) y porque solo se trataba de dar mi opinión, así que era muy fácil.

Después, me llamo la atención el crear historias, el permear a las letras de mis propias ideas pero a un nivel más creativo y no solo divulgativo, quería hacerlo enserio, quería crear algo grande, que llegara para quedarse.

Mi fuerte siempre han sido (supongo que a raíz de los ensayos y crónicas, sobre todo lo ultimo) las historias de un corte mas real, ambientadas en una urbana y colorida como mi amado D.F. y demás. Así que escribía, y escribía relatos de amor, aventuras de chicos de secundaria, y algún entretenimiento de historias de guerreros solitarios, espadachines malditos y demás.

Todo estaba desperdigado en el disco duro de la computadora de escritorio de mi papá. Al contrario de otros padres que seguro desalentarían los sueños más bobalicones de sus hijos, mi papá me orillaba a escribir, me daba pautas, me daba ideas (que hasta la fecha no uso XD) me daba instrucciones para hacerlo mejor, me decía que había X curso de X cosa como redacción, ortografía y demás…el estaba apoyándome.

Tanto así, que cuando se llegaba a llenar de virus la computadora y requeríamos hacer un respaldo, mi papá respaldaba todos sus documentos, y en discos aparte, los míos.

No sabría como agradecer a mi padre todo esto, que sin querer a influido rotundamente en mi.

Entonces, en esas épocas decidí que era momento de hacer de menos, una carpeta especial para cada tipo de relato (divididos en obras grandes o pequeñas, y a su vez cada cual con sus diversos apartados), ya se lo merecían mis historias.

Finalmente, tenía muchas historias con nombres de canciones, canciones que eran emblemáticas para mi, que eran parte de mi vida y expresaban simplemente muchas cosas de mi vida o que nada más me hacían identificarme.

Entonces, recordando todo el antecedente musical que había en mí y todo el antecedente de letras y tratando de hacer gala de mi creatividad, decidí crear un recopilatorio de relatos que uniera las maravillas de la música, en letras…

La elección era más que evidente, Cancionero era algo que de alguna u otra manera me acompaño en al menos 85% de mi vida y que además, era la amalgama perfecta de letras y música…

Un cancionero es eso finalmente, una memoria en letras de la música, una recopilación de historias que son narradas con música, lo más cercano a los antiguos bardos.

Mi meta, es que mi cancionero se vuelva algo así, una infinidad de historias que habrán llegado para quedarse en la mente o corazones de los demás, que sean capaces de tocar las fibras más sensibles y con suerte, trascender.

Espero que lo esté haciendo bien, no sé que opinen mis lectores (pocos, pero fieles) y amigos.

En fin ¿Algo que decir? Un comentario, créanlo, podría hacer la diferencia.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Detras de... Make you smile (quiero hacerte sonreir)

Detrás de… Quiero hacerte sonreír.


Bueno, esta es una de esas entradas de relleno en las que básicamente hablare de las motivaciones, inspiraciones y demás cosas que hay detrás de lo que escribo. De eso trataran las entradas “detrás de…”, para que ahondemos un poco en el “proceso creativo” que trabaja en mi mente al tratar de escribir.

Make you smile, de plus 44 (+44) es una canción de corte romántico. De esas canciones que te remiten a tratar de dar lo mejor n una relación. A su vez, a mi me suena a que es un rápido recuento de cómo se dio un amor determinado y demás, por eso digo que es romántica.
Permeada de pequeñas vivencias, make you smile es uno de esos temas que me arrancan una boba sonrisa de enamorado.

Primero que nada, me base en muchas cosas para hacer esta historia.

Las ideas de la chica para dejar a su novio, son uno de tantos motivos que en el pasado usaron mis novias para dejarme. No digo que todas, pero una en especial si lo hizo y pues, me agrado porque sonaba muy coherente esa idea con la edad y ciclo de estudios de los protagonistas.

El nombre de los protagonistas es simple. Travis es el nombre del afamado baterista de Blink 182, que es el mismo que toca la batería en plus 44, así que tome su estética (estilo punk , flaco, blanco, etc). Carol es el nombre de la chica que pone su voz en la canción y su estética y demás, me la tome prestada de una imagen que busque en google, solo puse “chica punk” vi un par de imágenes, me gusto esa y lo demás fue magia.

Que tratara de amor fue simple, la canción me remite a eso, al amor, pero que el tema fuese ruptura, rencuentro y demás también influyo en que la canción habla de no querer dejarle ir, de no dejarle dormir sola y finalmente, de simplemente hacerle sonreír si se quedan juntos un poco más. Por eso me pareció prudente hacer una historia de reconciliación. A la larga se darán cuenta que me suelen gustar los finales felices y emotivos, y esta historia no fue la excepción.

El ambiento es otra cosa fácil de descifrar, pero ahondaremos un poco más.
Primero, me base en preparatorianos porque siento que es en estas etapas cuando crees con más fuerza en el amor y demás.
Segundo, elegí la Escuela Nacional Preparatoria Ocho porque en esta lleve a cabo unas pruebas con varios de mis amigos a los chicos de esta escuela.
Tercero, elegí la ciudad de México, o séase, el DF, porque vivo en ella y la conozco mejor que cualquier otro lado (evidentemente) del país.
Cuarto, el ambiente de las calles de insurgentes lo describí así porque siempre es una calle llena de movimiento, en ciertas horas del día aumenta la intensidad del tráfico o se ve menguada, pero aun así, siempre hay movimiento y luces. Esta avenida tiene vida a toda hora, no duerme.
Cinco, el departamento de la muerte en el que situé la fiesta, y la fiesta como tal, fue una a la que yo fui con mis amigos. El departamento es mucho mas tétrico y se ve peor de lo que describí, la ubicación es lo más exacta que pude, el acomodo de las cosas en la fiesta fue como en la que yo estuve… o sea, TODO lo tome de mi vivencia.
Seis, los amigos que se odian. Eso a mi jamás me paso, que se ayudaran entre si un par de némesis de la talla de la Skatita y el Coralillo, pero, me pareció que daría un toque mejor al amor de Travis y Carol. Por cierto, la Skatita era una vieja amiga con la que me juntaba en la época que iba a tokines de ska, y el coralillo…el apodo lo tome de una amiga a la que así le decíamos, por víbora precisamente.

Un detalle extra, curioso, único o especial de cancionero, es que siempre trato de meter parte de la canción en los diálogos de los personajes, eso se puede notar en la parte final de la historia.

Esta canción, no es la primera que uso de base para crear una historia, pero lo cierto es que es después de un tiempo, decidí hacer un cancionero, finalmente, 90% del tiempo me inspiraba de oír canciones. De esta manera, Make you smile de plus 44, fue la canción e historia de inauguración de mi recopilatorio de relatos llamado “Cancionero”.

Curiosamente ya no se que mas poner, lo cierto es que creo que he abarcado todo a grandes rasgos y no podría irme a lo particular más de lo que ya lo he hecho.

Si tienen otra duda o quieren preguntarme algo mas, no duden en hacerlo abiertamente, ya saben que este blog, es para eso precisamente.

Un placer compartir un poco de cómo es que hago historias, digo quien sabe, quizá a alguien le sirvan estos humildes apuntes de un joven escritor amateur.

Saludos y estamos in touch.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Lección

Continuando un poco con el trabajo del kancionero, y de toda sus posibilidades y gama de colores, traigo este relato.

Es una cosa corta y simple. evidentemente, refleja parte de mis ideas, no censuro a la gente, por lo mismo, al no hacer callar a nadie, lo menos ke espero es que los demas puedan escuchar mas alla de sus pensamientos.

Y bueno, este escrito lo hice por el puro gusto, sin basarme en ninguna cancion. Se llama lección por el contenido de la historia y los dos personajes y bueno, finalmente, tambien lo hie para no oxidarme...ke aparte de eskribir la leyenda solo hago esto y bueno, no rifa del todo perder la practika.

Como sea, vamos a darle.


Relato #17 de cancionero: Lección
—¡No quiero ir papá!
—No me interesa, es un momento importante para tu madre y quiere que toda la familia este junta, así que iras y se acabo— dijo fulminante.
—Pero yo no quiero ir al funeral de la abuela, me da pereza y tú sabes que no creo en esas tonterías del cielo y Dios.
—Jovencito, escúchame bien, es la última vez que lo repetiré: iras y punto —y al terminar sus palabras, se dio la vuelta.
—Pendejadas —dijo por lo bajo el chico victima de la diatriba—. Solo son pendejadas.
—Te escuche eh cabrón —dijo pasando junto a él un joven un par de años mayor que él.
—Pinche chismoso de mierda que eres, hubieses abogado por mí en vez de solo ver a papá aburriéndome.
—Tienes que ir Fernando, no hay más. Es importante que acompañemos a mamá. Ya es mucho que a ti te dejen ir en esas fachas —dijo su hermano mirando sus convers gastados, sus pantalones entubados rotos y su chamarra de cuero—, en verdad deberías darte por bien servido con eso.
—Son mamadas eso de los funerales, para que ir a ver a un muerto si ya se murió—dijo fastidiado—, además, de nada sirve, como si de verdad se fuese al cielo y nos bendijera solo por ir a ver como meten bajo la tierra su arrugado cadáver.
—Bueno, velo de esta manera—su hermano arqueo la ceja derecha a la par que trataba de acomodarse la corbata del traje negro—vas para ayudar a mamá, para darle apoyo y ya. Si quieres no pienses en la abuela, pero ve por mamá. ¿Quieres?
—Ya veremos que se puede hacer—dicho eso, el chico se metió las manos en los bolsillos y se alejo.
—Se que estas en la adolescencia, pero esa actitud ya está empezando a desangrarme las bolas— dijo el hermano mayor y acto seguido, siguió forcejeando con su corbata.

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El panteón de Xoco era un lugar muy tranquilo, de hecho, podía respirarse esa tranquilidad antinatural que solo se puede percibir en los panteones o criptas. Estaba en el centro de la ciudad, a sus costados estaban dos de las avenidas más transitadas de la misma, pero era tan contra natura la calma de la que hacía gala, que al poco rato de haber entrado, el silencio se volvía sepulcral y lo invadía todo.
La procesión iba en silencio, o eso se trataba de hacer. Muchas personas, sin importar el género o su edad, lloraban penosamente por la pérdida de su ser tan querido y amado, y los que no lloraban, mantenían un silencio absoluto y en sus miradas se reflejaba una honda tristeza.
Bueno, exceptuando a Fernando, que iba mirando con desprecio y desaprobación a todas las personas que estaban ahí. Le irritaba como nadie podía imaginárselo el tener que haber ido a esa estúpida ceremonia, cuando podía hacer cualquier otra cosa.
Era realmente un fastidio, y aun faltaba lo peor por venir.

—Religión—dijo claro y lo más bajo posible—, la mierda más grande jamás inventada—su cara se transformo en una mueca de asco y echo hacia arriba los ojos con fastidio.

Habían llegado al fin a su destino. Pusieron el féretro en su lugar y mientras lo bajaban y echaban la tierra, el padre que habían contratado para dar el discurso religioso empezó.
Fernando escuchaba cada palabra con una molestia y fastidio sin precedentes. El pensaba en cada una de las razones que hacen más y más irritante el estar ahí, desde los chillidos y quejas de todos los presentes, el aburrido discurso del gran amor de Dios por todos sus hijos, que todos le miraban mal por ir vestido como se le daba su gana y más.
Lo cierto era que todos los que estaban ahí, para el eran un montón de idiotas, estaba claro. No tenían voluntad, eran más caras grises del montón sin personalidad ni ideas, eran simples borregos que seguían la palabra de un supuesto ente superior para ganarse su entrada al cielo.
La mayor pendejada que jamás debieron de haber inventado. Era odioso que esa gente no entendiese la maravilla de las grandes mentes de verdad, de las grandes doctrinas, y todo por seguir como fieles mulas a su supuesto amo.
Y entonces, por error una parte del discurso del sacerdote se coló entre su canal auditivo y pudo ser partícipe de unas cuantas de sus palabras.

—…porque no debemos estar tristes por la pérdida de un ser querido, debemos estar felices y regodearnos de júbilo de que encontró su camino a los brazos del señor.
—Esto no lo puedo soportar—dijo Fernando con voz clara y tono exasperado— ¿Cómo le pueden pagar a este hombre por decir semejantes estupideces?

Todos los presentes se giraron a verle, las formas de verlo eran multiples y variadas. Habia gente que le miro con asco, otro tanto le miraba con furia, un par descompuso su rostro en una cara de incredulidad y otros con pena lloraron con mas fuerza. La madre de Fernando se le acerco mientras se secaba sus lagrimas.
—Hijo, no digas esas cosas, retráctate por favor.
—No puedo escuchar toda la sarta de estupideces que este hombre esta diciendo. Ahora dice que debemos ser felices porque la abuela fue con “Dios” —dijo eso a la par que con los dedos hacia las comillas—, no somos idiotas mamá, todos sabemos que él no existe.
—Fernando basta ya—intervino su padre—. Puedes creer lo que quieras pero este no es el lugar ni el momento para hablar de eso.
—Cualquier lugar es bueno para abrirle los ojos a esta gente.

El ambiente realmente se había vuelto tenso y estaba al rojo vivo, incluso el padre había guardado silencio para que el “show” del muchacho pudiese continuar. Otros, en especial hombres, indignados decían cosas como “cállalo a golpes”, “llévatelo lejos” o “vergüenza me daría ser padre de ese muchacho”.

—Déjate de estas tonterías muchacho porque si continuas no responderé de mis actos—amenazo su padre.
—Espera un momento. Fernando, hijo, era mi madre de la que nos estamos despidiendo aquí, te pido que respetes un poco…
—No tengo que respetar a un muerto.

Su madre, herida profundamente por esas palabras, no pudo contenerse más y rompió en lágrimas sobre el pecho de su esposo. El padre de Fernando maldijo con su mirada a su hijo mientras consolaba a su mujer.
Entonces, su hermano se le acerco, puso una mano en su hombro y con una mirada le dio a entender a su padre que se lo llevaría para caminar un poco.
Se alejaron con calma de todos los ahí presentes. Fernando no tenía prisa, se sentía fenomenal de haber usado su libertad de expresión para demostrar su inconformidad contra esas sectas malignas que eran las religiones.

—¿Qué sucede contigo, Fernando? —rompió el silencio de la caminata su hermano.
—Pues nada, solo me exasperan todas esas mamadas que dice la gente Alberto.
—Te das cuenta de que eres un soberano pendejo— dijo molesto su hermano—, eres capaz de usar tu cabeza para pensar espero, y darte cuenta de que la has cagado ¿no?
—¡¿Por qué la he cagado?! ¿Por decirle la verdad a esa gente? ¿Por expresarme libremente?
—Decirle la verdad a esa gente eh— Alberto le miro arqueando ambas cejas— Se me olvidaba que a tus… ¿Cuántos dices que tienes? Dieciséis, ya eres un maldito sabio de la montaña.
—Pues no seré un sabio, pero a mis dieciséis se mucho más que todos esos rucos, o hasta que tú y tus veintiún años, digo, si es que crees en esas chorradas de Dios y el cielo.

Alberto se quedo literal con la boca abierta por lo que acaba de escuchar, realmente estaba perplejo.
Fernando se sentía poderoso, invencible. Se creía en ese momento, un maestro. Solo por haber expresado su punto de vista de algo en lo que todos creían, por ser un rebelde, por ir en contra del sistema. Era grande solo por eso, y estaba orgulloso.
Alberto cerró la boca y le miro molesto a su hermano menor. Cerró y abrió lentamente los puños y respiraba con ritmo para tranquilizarse. Estuvo a pocos segundos de romperle la cara a su hermano por ser tan retrasado mental, pero, Dios era tan grande que hizo que Fernando callara para que no se ganara un par de puñetazos.

—Está bien, niño listo—las últimas dos palabras, el pronuncio con tanto desprecio que Fernando le presto atención—, de manera que eres tan grandioso y usas tanto la constitución de México, que sabes todo ¿no? Bueno, dime en que fundamentas tus ideas.
—Por supuesto—Fernando recobro sus bríos nada más abría la boca de nuevo— Nietzsche dice que…
—Sí, claro: “Dios ha muerto”. No me vengas a recitar lo que lees en playeras o en grafitis, a mi dime de alguien más.
—Bueno, eh…
—Claro, has leído apenas un poco en wikipedia y ya crees que eres un filósofo. Cuando te hayas tomado la molestia de leer de Descartes, Kant, Aristóteles o hasta Schopenhauer hablaremos.
—Bueno pero las teorías…
—Tú lo has dicho Fernando, son teorías—Alberto dio un paso al frente y miro a su hermano a los ojos—¿Se te ocurre otra cosa? —cuestiono arrogante.
—¡No puedes hablar de esa manera de la ciencia! ¡Solo los idiotas negarían la ciencia por la devoción de la fe!
—¿Qué escolaridad dices tener?
—Bachillerato, primer año imbécil—Fernando se estaba calentando por la discusión—, pero, eso qué demonios te importa.
—Nada, solo quería comprobar que tu e-s-t-ú-p-i-d-a fe en la ciencia, así es, como lo oyes, fe idiota, tenía algún argumento más grande que el de creer ciegamente en algo, como tú lo insinúas de la religión.
—No es fe, es atenerse a las pruebas…
—Por favor, estas demostrando que eres tan pendejo que si te dan un placebo tú creerás que es medicina. El que un placebo te cure, es otro modo de fe tarado.
—N-no es lo mismo— mascullo con aire derrotado.
—No, por supuesto que no lo es. Para los científicos no lo es hermanito, pero para la gente como tú, que igual que esos religiosos, cree ciegamente en lo que les dicen, es lo mismo. ¿Ves? Ahora entiendes de qué lado de la obra estas.
—Aun así— Fernando jugo su ultimo as— Tengo derecho a expresarme libremente porque…
—No, no lo tienes.
—¿Qué? —Cuestiono incrédulo—. Es mi derecho.
—El respeto al derecho ajeno, es la paz— cito Alberto a Benito Juárez— Si no eres capaz de respetar las creencias de los demás, como lo has dejado más que claro allá atrás hace unos momentos—se encogió de hombres y miro con desprecio a su propia sangre—, no puedes exigir que te den derecho por algo que tu tampoco haces.
—Eso no es verdad…
—Tienes razón, la gente que no respeta el derecho de los demás existe y puede hacer lo que quiera, pero tiene nombres diversos. Dictadores, criminales, enfermos, estúpidos, fanáticos, intolerantes. ¿Cuál de todos esos eres tú? Digo, al menos si tienes tantas ganas de ir por la vida jodiendo a los demás, ten los huevos bien puestos para saber la clase de desgraciado que eres.
—¿Por qué me haces esto? — cuestiono con dolor Fernando.
—Porque heriste a mamá con tus ideas estúpidas. Todos respetamos que estas descubriendo tu camino y demás, pero si no respetas a nuestros padres, yo no te respetare a ti Fernando. Y no es amenaza, es tu primera llamada.
—Pero yo no creo en esas cosas…
—Está bien, entonces, no tienes problemas en que yo haga esto, ¿verdad?
—Tú me estas atacando, obviamente me caga que lo hagas…
—Y tú crees que lo que tú haces está bien, ¿no? Pero, si yo lo hago contigo está mal.
—Yo no hago lo mismo. Yo trato de abrirle los ojos a la gente…
—No claro que no…tú eres peor sin duda, porque tienes tan buenos argumentos como los fanáticos o los intolerantes, pero bueno—Alberto metió las manos en su pantalón y se dio la vuelta—. Esto puede que lo haga diario y a cualquier hora, así que estate pendiente.
—Pero ¿por qué?
—¿Por qué? Preguntas porque aun después de esto mi hermano— se dio vuelta y le puso una mano en el hombro— Porque quiero abrirte los ojos, quiero que veas la luz, quiero que sigas el camino que yo quiero, quiero que pienses como yo quiero…quiero que sientas lo que siento… quiero que veas que lo que yo te hare, es lo que tú haces y que, está bien, porque te enseñare la verdad, mi verdad.
—Eso está mal— dijo Fernando con la voz entrecortada.
—Así es hermanito mío, así es. Espero que en los siguientes días aprendas de lo que te diré, finalmente, velo como educación y nada más.
—Le diré a mamá…
—Y tendrás el descaro de verla a los ojos para acusarme, cuando no pudiste darle tu apoyo y acompañarla en su dolor. ¿Eso harás acaso?

Fernando se quedo callado, sin palabras. Miro a los ojos a su hermano y este arqueo una ceja en señal de insistir en su pregunta. Fernando metió las manos en su chamarra de cuero y miro apenado al suelo…
—Nada más falta que empieces a llorar—dijo Alberto soplando con desazón— Mira, ok, tal vez me excedí— se acerco a su hermano y puso ambas manos en sus hombros— Pero mira, el libre albedrio, la libertad de poder creer lo que quieras, es de todos y debemos respetarla. Mamá y papá te dejaron venir así porque respetan tus ideas, aun sin importar lo mal que los hagas ver ante los demás de la familia. Y venir a un funeral no es venir a ver un cadáver, es despedir a un ser querido y presentarle de esa manera tus respetos y ya. Has obrado mal el día de hoy, pero no empieces a llorar… si lloras, no podrás ver al frente y no sabrás como enmendar tus errores.

Alberto le dio un corto abrazo a su hermano, acto seguido se despego de él y en señal fraterna, le dio un leve puñetazo en el brazo izquierdo y le sacudió el cabello.
—Animo cucaracha. Espera a que te sientas mejor, ve y disculparte con todos, en especial con mamá y la abuela y listo, la vida continua— de su bolsillo saco una goma de mascar—. Total, la cagaste hoy, ya compensaras a mamá luego.
—S-si, tienes razón.
—Solo si tú crees que la tengo—dijo guiñando un ojo—. Bueno, me iré adelantando.

Alberto se alejo caminando lentamente y con sus manos dentro de los bolsillos. Tal vez no era la mejor forma de hacer entender a su hermano, pero, hacia lo mejor que podía, finalmente, errar era de humanos y el, ni su hermano, eran la excepción.

domingo, 14 de marzo de 2010

Deja Vu



Era un día lluvioso en la ciudad. Llovía poco, apenas lo que se conoce como “chispeando”. Era una lluvia agradable para los que aman las lagrimas del cielo y molesta para los que se la pasan quejando hasta de los mas mínimos detalles. Para todos los gustos y posibilidades daba cabida este día.
En la ciudad de México se daban miles de historias, en todos lados, en cada esquina, mínimo una por cada cinco personas. Este lugar no era la excepción.
Me encontraba en mi habitual puesto de trabajo en el centro de Coyoacán. Ahí donde la iglesia repiquetea con sus campanadas y sus años de historia o donde los mimos ambulantes y los vendedores de ramos de flores conviven a gusto mientras los transeúntes aprecian las jardineras y las baldosas de la plaza.
Trabajo en un conocido café del lugar llamado “Yellow” que está enfrente del mercado de Coyo (como le decimos de cariño al ancestral lugar de coyotes) y debo decir que en ese pequeño lugar me han tocado conocer un buen repertorio de historias.
A veces en un día no pasa nada fuera de lo común. Que si el divorcio, que si el café con la novia, con la amiga, que si la chela pa’ agarrar calor, que los chismes de comadres, en fin. Días sin movimiento inusual y días mágicos.
Hoy mientras llegaba al trabajo pensaba eso cuando me preparaba poniéndome mi delantal para atender a los clientes. Observaba con calma a mí alrededor y note tres historias interesantes.
La primera era de un joven que discutía con su ex-novia sobre lo pasado. La segunda era de dos amigos que se reencontraban y hablaban de un sueño. De la tercera historia tuve más noción de que trataba por el hecho de que la mesa estaba cerca de la barra de servicio.
En esa mesa estaba sentada una mujer que algún día había sido poseedora de una belleza radiante. No es que en ese instante fuera fea o estuviera acabada, pero algo en ella parecía agotado, cansado, ya no brillaba como antes; insisto, eso parecía.
Tenía el cabello largo y pelirrojo, con un par de ojos grandes y expresivos color café, una boca delgada como línea , de tez blanca como porcelana y una nariz recta. Su cuerpo era delgado y aunque su vestimenta era sencilla (es decir nada que resaltara su figura en exceso o fuera llamativa) su cuerpo lucia bien. Era una mujer hermosa, pero algo le faltaba.
Parecía triste y tomaba un café negro solo. Miraba la calle como si esperara que alguna respuesta entrara caminando y se le mostrase. Incluso sorbía su café despacio, como si estuviera a la expectativa.
Y da la casualidad, que su respuesta si llego de la calle.
Un chico de cabello avellana y parado en picos, pálido y larguirucho se le quedo viendo al pasar por ahí con las manos metidas en sus bermudas. Portaba unos audífonos de esos gordos como de DJ. Mientras la veía se despojo de los audífonos con una mano y la miro con más detalle y detenimiento.
Sus caras me sonaban de algún lugar, no sabría decir porque razón, pero me eran familiares. Me conforme con pensar que al trabajar en un café era muy normal tener esas ideas tipo Deja Vu acerca de los clientes, aunque, nunca me había pasado. Pero bien decían que para todo hay una primera vez.
El chico de pelos parados se decidió y entro al café. Se me hacia raro que fuera así, y más porque iba directo a la chica. Ella parecía aun en las nubes, como si mirara a través de él o no se percatara de que existía. El chico se acerco a su mesa y se paro enfrente de ella, titubeo pero al fin le dijo que si podía sentarse con ella.
Lo supe por su ademan de señalar la silla, ya que su voz apenas fue un susurro. La chica triste salió de su ensimismamiento y lo miro como si fuera la primera vez que lo veía en años. Algo dentro de mi presintió, por la sonrisa tan radiante que le dedico, que ese era el algo que la completaba.
Rápidamente tome una carta y me dirigí hacia ellos. Como para algunas personas las novelas o el cine es algo muy importante, para mí lo eran estas historias que se gestaban en el café, así que yo quería estar en primera fila.
Al llevarle la carta note rápidamente que eran desconocidos. No hablaban como si eso fuera un reencuentro inesperado, pero tampoco como si fuera amor a primera vista. Era una situación extraña.
Al estar más de cerca también note que la chica triste tenía una cicatriz que parecía reciente en la frente. No sabría decir si era de golpe o de una intervención médica, aun así, seguía siendo hermosa. El tipo la miraba tranquilo, pero sus ojos reflejaban algo más, parecía como si la extrañara, como si de verdad le doliera no poder rozar sus manos o sus mejillas. Era realmente extraño.
Regrese a mi puesto en vista de que nada inusual pasaba y de que tampoco ordenaba nada el sujeto. En el instante que llegue a la barra alguien me pidió con un gesto la cuenta y maldije por lo bajo.
La elabore a la mayor velocidad que pude y en un par de zancadas la lleve. Para evitar otras distracciones me espere al lado del cliente hasta que me diera el dinero. En el poco momento que había despegado la vista no había pasado nada aparentemente. Solo estaban hablando.
Aunque el solo era muy poco decir. Se trataban con cuidado, al menos el a ella. Ella parecía fascinada con él, creo que estaba enamorada, pero en su fisonomía adivinaba un poco de desconfianza, o extrañeza. Diría que en si era la segunda idea, ella estaba desconcertada. Como dije, ella trataba con cuidado, parecía que no quería decir o hacer algo que le hiriera. Me parecía raro.
El cliente pago y requería cambio. “¡Maldición!” atine a pensar, otra distracción más.
Sin dilatarme un solo instante tome el dinero en un puño y me apresure al mostrador a tomar el dinero. Una mirada de soslayo e tranquilizo al ver que seguían hablando tranquilos. Sujete las monedas, las conté dos veces y al ver que era el cambio correcto lo tome y con paso raudo se lo lleve al cliente.
Me quede ahí recogiendo, finalmente mi trabajo era primero, además, desde ahí veía aun mejor así que era un plus.
Al mirar de nueva cuenta a la singular pareja vi como el chico sonreía con amargura. Era de esas sonrisas de película, de esas que hacen los actores cuando mienten al decir que todo estará bien. Era el mismo gesto de dolor oculto en una falsa mascara de calma. Sus ojos de pronto se tornaron cristalinos. No derramo lagrima alguna, pero se notaba que hacia un esfuerzo contra natura para evitar que esa mezcla salada brotara de sí.
El chico hablaba para desviar la atención de la chica, lo hacía con calma para controlarse también. Ella le escuchaba atentamente, y observaba su boca, sus ojos, su pelo, lo analizaba en pocas palabras. Le miraba de la misma forma que un niño observa un juguete que tanto había anhelado, o como si se tratara de un sueño.
De cierta manera la entendía, quizá finalmente se hubiera enamorado del chico o algo así, a todas podía pasarnos. Finalmente, el amor llegaba de cualquier parte de donde menos podías esperarlo.
Finalmente recogí todo y lo lleve a la barra y de nuevo me propuse observar todo a detalle. Aun había gente en el local, pero todas parecían enfrascadas en sus mundos así que parecía tener campo libre para mi observación.
El chico parecía hablar de cosas más serias. Aunque su semblante se mostraba herido por soportar algún tipo de carga emocional, sus movimientos corporales indicaban que hablaba de algo de relevancia, incluso su mirada se había tornado diferente. Aun parecía contener un hondo sufrimiento, pero, había un brillo difícil de explicar.
El chico la miro nuevamente y se llevo una mano al bolsillo. Seguía hablando, esta vez tenía una cara de duda extraña, parecía alegre pero el temor ensombrecía un poco su rostro.
Saco de su bolsa un papel y una pluma. Anoto algo y se lo entrego a la chica.
Al levantarse arrastro la silla y sonrió, esta vez convencido y le dijo una última palabra. Se despidió con gesto de mano y se marcho.
La chica le siguió con la mirada y lo vio alejarse. Sentí algo de dolor, no acabo como esperaba la historia.
Hizo el ademan de que le llevara la cuenta y rápidamente lo hice.
Al estar al lado de ella me miro y sonrió ingenuamente.
-Sabes –Se detuvo y miro mi gafete- Vanessa, ¿No te ha pasado que sientes que conoces a alguien de hace tiempo? Recuerdas gestos, ropa y tono de voz pero, no el nombre. ¿Te ha pasado? – Me cuestiono tranquilamente.
-Sí, justo hoy- Respondí- Como un deja vu.
-Si algo así- dijo dubitativa- Siento que así fue con él. Toma- Dijo al darme más de lo que marcaba la cuenta- Por responderme.
-Gracias y que tengas buen día.
Todo estaba claro ahora. Calle el nombre de la chica porque todo vino a mí.
Ella había sufrido un accidente y había perdido la memoria, una buena parte de ella, y ese era su novio. Qué triste su dolor.
Había estado cerca de esa persona que le permitía ser radiante nuevamente y ni siquiera lo sabía.
Bien decía un célebre autor que no había mayor tristeza que no poder tener a la persona que mas amas cerca aun teniéndola tan cerca de ti.
Ahora entendía el dolor de aquel chico, y el porqué, ella y yo, habías tenido un deja vu.