Lirica libre, el lugar de las letras de un escritor novel que día a día, trata de ser mejor...

Esta es la historia de un hombre que continua luchando contra su destino... Y confia en que vencera.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Una breve opinión: Después del anochecer

Titulo: Después del anochecer
Autor: Stephen King
Género: Fantasía/ terror/ suspenso/ misterio
Clasificación: Ficción, recopilatorio de relatos
Páginas: 440 paginas
Editorial: Randon House mondadori/ Debolsillo
Año de publicación: 2008

Lo que dice en la contraportada:
Una colección de trece relatos impactantes y escalofriantes. En su primer libro de cuentos desde “Todo es eventual”, Stephen King nos lleva por mundos fascinantes y terribles donde todo puede ocurrir. Misterios sin resolver, asesinatos y venganzas, accidentes y muertos que creen estar vivos, horribles experimentos farmacéuticos, una mujer que no para de correr para olvidar, una niña que cura enfermedades terminales... Con excepción de «El gato del infierno», escrita en los años setenta, King escribió estos relatos después de su famoso roce con la muerte, y la crítica los ha calificado como los mejores

Argumento.
13 relatos que nos llevan a distintas partes de lo peor que nos puede pasar. Miedos reales y mortales, situaciones peligrosas por lo letal y cotidianas que pueden ser y claro, terrores aparentemente inofensivos por ser fantasiosos o ficticios y que, desde luego, en esta obra se vuelven verdaderos y todo lo que conlleva que una pesadilla deje el mundo onírico y se instale a nuestro lado en la realidad.
Hay muchas cosas que decir al respecto de esta increíble recopilación de King, aunque la más obvia creo que sería esta: este es uno de esos libros bien escritos y que se van a disfrutar mucho. Gracias a que el autor ya tiene, genuinamente tras de sí, años puliendo su obra.
La aclaración anterior es una, digamos advertencia, de que este es un libro que dista mucho de su “hermano” “historias fantásticas”, tanto en cantidad como en calidad.
Todos los relatos son autoconclusivos. Pueden tener o no un final cerrado, ya depende del gusto del lector en turno. Aun así, estos relatos son eso, relatos. En ellos empieza y acaba la historia que se nos cuenta, nos guste o no. Cabe señalar que tienen una extensión entre 15 a 30 páginas, más o menos y que la mano del autor es más que evidente.
Los relatos que encontramos en esta recopilación son los siguientes:
Willa, La chica del pan de jengibre, El sueño de Harvey, Área de descanso, La bicicleta estática, Las cosas que dejaron atrás, Tarde de graduación, N, El gato del infierno, The New York times a un precio de ganga, Mudo, Ayana y Un lugar muy estrecho.


Personajes.
Como suele ser, no puedo abordar a todos los personajes principales y secundarios. Realmente porque me parece que no podría escribir tanto, no por no poder, sino por el hecho de que creo que haría pesada la entrada y en parte resquebrajaría parte de la magia de conocer a los personajes y sus historias, y un sello característico de estas entradas es el no atentar contra la trama.
Lo que sí puedo hacer, es comentar que sin lugar a dudas estos relatos contienen a algunos de los personajes más “humanos” o “coherentes” del autor. Ya sea que se les mire desde la óptica de cómo actuaría otro congénere de la especie y si de verdad creemos veraz sus actos. Al igual que si los miramos baja la lupa de cómo están construidos como personajes de ficción que tratan de anclar empatía en nuestra persona por ellos.
Y bueno, la respuesta es sí en ambos casos. Se cumple con creces en estos apartados.
Para cerrar este apartado, considero que todos los relatos tienen mucha tela de donde cortar pero, siendo arbitrario, para mí los mejores personajes los encontramos en los siguientes relatos: La chica del pan de jengibre, Willa, La bicicleta estática, Área de descanso, El gato del infierno, un lugar muy estrecho y N.
Especial atención a la protagonista de La chica del pan de jengibre, de lejos mi relato favorito (junto a Willa).


Estilo.
Los relatos pueden variar en cuanto al punto de vista del narrador o como son narrados pero, en general estaremos ante un narrador en primera persona que nos llevara de la mano con él para descubrir lo que sucede o con uno en tercera persona que nos hará el favor de no abusar de su poder de la omnisciencia y se fajara a relatarnos lo que sucede solamente a los protagonistas o datos puntuales de otras circunstancias o personajes.
En cuanto a la mano del autor, se nota bastante y en todo momento en cuanto a su prosa y la manera de narrar. Me gustaría destacar que en estos relatos, la narración, descripciones y el cuidado de los detalles, está sumamente trabajado. Tanto así que por ejemplo, el relato de la chica de jengibre es una cátedra sobre suspenso y el minucioso orden de lo que el narrador nos describe y como logra que funcione todo en armonía. N es por otra parte, una reminiscencia de esas obras obsesivas y enfermizas a la Lovecraft, que no es en ningún momento imitación, pero no deja de ser clara su influencia. Especial atención a relatos tales como Willa, en el que más que el terror o suspenso, en el punto álgido el lector logra ser engatusado por el autor para ser movido de otra manera, como la simpatía o el amor. Finalmente, el otro relato que requiere especial atención es las cosas que dejaron atrás, donde el autor logra llegar un paso más allá y genera un relato dual: empezamos con algo terror, que es nada más la antesala a la reflexión y a ser conmovidos o intrigados por lo que hay más allá. Lo que trato de ejemplificar, querido/a lector/a constante, es que en esta antología, King es versátil, es increíble y es el mejor King que he leído en mi vida. Y eso no es poco.
La maquetación con la que me encontré era una de esas tapas duras de pasta inexpresivas, claramente un cambio de la tapa original que seguro no soporto el ir y venir de mano en mano en la Biblioteca Vasconcelos. La fuente y tono de la letra va acorde al papel mate de la edición, ajustándose perfectamente a la lectura en todo lugar y momento, sumando puntos al ser una edición de bolsillo. Cada relato está claramente separado y señalado, y si en alguno se requiere, hay notas del traductor o del autor sobre X o Y situación digna de una anotación. Finalmente, y como siempre, mi parte favorita es que al final del libro, nos encontramos con anotaciones sobre cómo o de que forma el autor termino con las ideas para hacer estas historias. Este apartado es un extra magnifico por dos cosas: la primera es que te aporta algo más, sin importar si eres lector nada más o escritor. La segunda es que a nivel personal/humano, te permite ver la clase de ser humano que a veces debe ser King y así romper mitos, pues se comprueba que un ser humano con una (aparente) calidad humana altísima, puede ser también autor de cosas realmente horrendas.

Desarrollo.
Como tal, obviamente no hay un desarrollo a nivel libro, por su estilo de ser relatos sin relación entre sí y autoconclusivos. Eso no quita que podamos notar la progresión de los personajes en cada página y en cada relato. Sin ir lejos, en su mayoría veremos a muchos trasladarse de su estado típico de apatía provocado por la monotonía de su vida cotidiana que es tan corriente que harta… y paulatinamente por alguna situación o artificio clave, romper la barrera de la realidad y caer en medio de lo irreal y la locura. Esto sucede sin importar si el personaje es un asesino a sueldo o un hombre que cree que debería bajar de peso. En algunos directamente ya estaremos metidos de llenos en el caos y la confusión… y aun así todo irá en aumento.
Sin perder esa maravillosa costumbre, creo que los mejores relatos (con personajes más carismáticos, desarrollo más equilibrado de la historia, creativos y con un giro de tuerca si no increíble, cuanto menos genial o con buen ritmo), serían a mi gusto los siguientes:
La chica de pan de jengibre: Con esta historia abre el libro y ya te permite ver por dónde van los tiros. Una constante es que cualquier cosa puede torcerse, y si lo hará, será de forma macabra y mortal. Con un inicio lento que se compensa con un desarrollo a buen ritmo, un desenlace trepidante y un par de personajes dignos de recordar. Especial atención a como todo lo que se narra, se debe usar para que no sólo sea malgastar tiempo y tinta.
Willa: Un relato que llega de muchas maneras. Dependiendo de tu postura puede ser inquietante o reconfortante. Ese es su mayor encanto, su extra es la humanidad de sus personajes.
Área de descanso: Lo dicho, si algo se puede torcer así lo hará. En este caso lo grato del relato es que es una experiencia que le podría pasar a cualquiera de nosotros, incluso sin saber manejar.
La bicicleta estática: Este tipo de relatos es sin duda, el motivo por el que en ocasiones se parodia o se hace mofa del autor, pues todo es malvado o del diablo. En este caso, no hay ciertamente un porque de las cosas… pero el mal, usualmente no lo necesita.
N: Me gusta por la cercanía a mi gremio y por el hecho de que podemos atestiguar como, más de uno de los personajes, va perdiéndose entre los desvaríos de lo que parece ser su mente… o algo más. Además, un punto más a favor consiste en que el orden de la narración y como progresa aporta muchísimo al relato.
El gato del infierno: Un relato ligeramente “más clásico” del terror sobrenatural, acompañado de sus esperadas cosas misteriosas pero con un par de giros dignos de mención.
Un lugar muy estrecho: Con este, me quedo con una descripción de la wikipedia: “dos hombres llevan su rivalidad al límite”. Lo aderezo con la clásica cátedra King de: si algo se tuerce, lo hará de forma macabra. La corona de esta recopilación de relatos y de este seria que de la misma forma que inicia el libro (con un relato realista que deja a un lado lo sobrenatural para dar paso simplemente al ingenio y maldad humana), es como termina.

Recomendación.

La advertencia es la básica para una película de terror con violencia, en sí, mayores de trece años y eso con supervisión de un adulto. No que te les quedes viendo como acosador mientras leen, sino que tú también leas la obra y la comenten de manera grata y aclares cosas… algo tan simple como decir que los excesos son malos o que no está bonito intentar matar… detallitos, vaya.

Creo que sin duda a cualquier lector de King le gustara. Sin duda este es uno de sus libros de relatos que más me han gustado de principio a fin. No todo es perfecto, pero creo que en su “variedad” pese a pertenecer a géneros muy claros, puede haber más de un relato para sus fans.
Del mismo modo, cualquier amante del terror, de lo sobrenatural, del suspenso o del horror, se verá recompensado. Como mencione antes, dentro de estas vertientes del género, tiene algo para cada gusto.
A su vez, creo que alguien que busque adentrarse, ya sea a los géneros o al autor, encontrara un gran punto de partida en este recopilatorio. Desde el hecho de que en este libro encontramos un autor con más años pero más técnica o en el sentido de que los relatos pese a ser macabros, pueden tener un componente humano que les da un giro y los hace más cercanos.
Para alguien que tenga dificultades para leer “novelas largas” o “relatos inmensos”, este recopilatorio ayudara bastante. Desde leerlo en el transporte público y sumergirte al instante por la prosa, la caracterización o lo que se relata, hasta el simple hechos de que con historias cortas y auto conclusivas que puedes dejar pausadas y retomar en cualquier minuto libre.

Solo dos peros le veo: que no te guste el género o que no te guste el estilo del autor. Fuera de eso, realmente estamos ante una de las obras y recopilatorios más sólidos del autor y me atrevería a decir que del género, ya sea dentro o fuera de las fronteras del autor.

Por eso, “Después del anochecer” de Stephen King considero merece un 4 de 5 Kai´s posibles o un 8 en la escala Kaifan del 1 al 10 para medir algo.

Eso sería todo por mi parte. Simplemente me gustaría aclarar que esta es mi opinión. Si tú estás de acuerdo o en desacuerdo conmigo, es válido. Tú opinión es bienvenida siempre y cuando sea expresada de manera asertiva

Un saludo a la distancia de parte de su compañero de letras y lecturas, Kaifan.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Una breve opinión: Historias Fantasticas

Titulo: Historias fantásticas
Autor: Stephen King
Género: ciencia ficción/fantasía/Horror
Clasificación: Ficción/ relatos
Páginas: 246
Editorial: Random house mondadori/ DeBolsillo
Año de publicación: 1987

Lo que dice en la contraportada:
El maestro del terror vuelve a ofrecer unas páginas electrizantes escritas en su mejor estilo. Siguiendo la tradición de Poe, Stevenson y Lovecraft, King nos abre la puerta de acceso a un mundo de horrores inimaginables. Stephen King ha fundido aquí imágenes de terrores ancestrales con la iconografía de la actual sociedad norteamericana. Los relatos incluidos en este libro, originales y trepidantes, han cautivado a millones de lectores en todo el mundo.
Argumento.
Historias fantásticas (también conocida como skeleton crew, para los camaradas de habla inglesa), es un recopilatorio de trece relatos del autor. Estos varían desde cosas fantásticas e increíbles, horrores cotidianos o que rayan en la paranoia o el absurdo y uno que otro aire de ciencia ficción con, como no, algo de horror. Aunque no se trata de relatos de horror como tal, creo justo decir que la base de estos relatos son dos cosas: situaciones estresantes y personajes o sucesos que generan aversión.
Cada relato es en sí, realmente auto conclusivo. Ya depende del lector su tolerancia a los finales que se dan, ya que algunos son tan claros como la muerte y otros tan ambiguos como perderse en el espacio.
En sí, es una recopilación interesante. Por los “géneros” que abarcan loas relatos, por los temas que tratan y la forma en la que lo hacen, hasta en el formato. Llegando a tener algo parecido a una canción o poema llamado: Paranoia, un canto.
Finalmente, que sea interesante, no significa que sea para todos los gustos. Y esto es algo difícil de decir porque, pese a que tanto ame u odie ciertas cosas de la obra de este autor, me parecía (hasta antes de leer este libro), una recomendación para lectores primerizos que aseguraba su estancia en este mundo de letras.

Personajes.
En si opinar de este libro de la manera más neutra posible va ser difícil… ¡Que no se diga que me echo para atrás ante algún desafío literario!
La mayoría de los personajes, independientemente de edad o condición social, cumplen con uno de los dos requisitos previamente dichos: están en una situación estresante. Lo que cambia es que tan hundidos en esta situación están. Dependiendo de esto pueden ser observadores únicamente de una situación preocupante o protagonistas que buscan salvar su vida.
La mayoría, sin importar su posición, son personajes que sirven más como narradores que como personajes por los que podamos sentir empatía. Claro que cualquiera entenderá el miedo o la angustia pero, eso no te hará desear que tu personaje en turno salga airoso. Más bien leerás por curiosidad, por ver que hará el autor en la siguiente página, que por genuinamente saber que sucederá al personaje en turno.
Aun así, creo que los mejores personajes los encontramos en estos relatos: apareció Caín, el ordenador de los dioses, el hombre que no quería estrechar manos, la playa y ya.

Estilo.
Curiosamente, la mano de King y su mente se sienten aquí, en relatos tales como el ordenador de los dioses, siendo en el que el King de siempre (o tal vez el actual) se hace presente o en el relato del hombre que no quería estrechar manos. En los demás, más bien diría que encontraremos guiños o destellos al King actual. A ese autor que es conocido por mostrar seres retorcidos, situaciones grotescas y giros de tuerca realmente desquiciados.
Si mal no recuerdo, la mayoría de relatos están escritos en tercera persona, salvo uno que otro (como paranoia, un canto) que están en primera persona. El lenguaje empleado es claro y las metáforas y las descripciones cumplen, ahora bien, aquí el detalle es la regularidad de la narración. A momentos lo podrás leer de forma veloz y te sentirás incluso motivado a leer más y otros relatos, simplemente son lentos y burdos, casi torpes. Es realmente irregular en este apartado, y se nota muchísimo.
En cuanto a la maquetación de la obra, es lo más sencilla posible. Negritas donde deben ir, cursivas para las partes adecuadas. Un Índice al final del libro y cada relato es señalado por su titulo centrado y con un espaciado adecuado. La edición que tome prestada de la Vasconcelos era una a la que, presumo, le cambiaron las tapas blandas para ponerle una tapa dura. No sabría decir de la duración de las tapas, pero las hojas eran de calidad, pues se veían y olían a viejo, pero se conservaban perfectamente.
Finalmente, vienen notas sobre como idea tres o dos de los relatos. Todo eso cabe en una página y un párrafo… incluso en eso, el autor parece que le prestó poco interés. No solo por tamaño, sino en contenido. Decir el clima de una ciudad sonara más comprometido y emotivo que estas palabras del autor sobre su creación.

Desarrollo.
Tal cual mencione antes, este es uno de los libros más irregulares que he leído, no solo del autor, sino en general. Sin ir lejos, en todo es eventual, se siente más constante como escala la obra y sus temas y situaciones, y eso que esa recopilación de relatos se acomodo al azar.
De cualquier modo, obviando el pequeño detalle antes mencionado, estamos ante una serie de relatos fugaces y olvidables en su mayoría por muchos factores: porque son exageradamente comunes, muy clásicos, raros sin ser innovadores o simplemente desquiciados sin tener forma.
Podría tomarme mis píldoras de embaucador y tratar de escribir de una forma favorecedora y zalamera. Lástima que no sea el caso y estemos ante mi opinión. Claro que muchas cosas están siempre abiertas a interpretación, pero si ves una pared negra no dices que tal vez sea gris. Es negra porque es evidente su color. Aquí es lo mismo, habrá detractores o defensores de la obra. Créeme, lector/a constante, que yo creo ser neutral en esto (pese a que me encanta King en su mayoría), y mi neutralidad me exige ser fiel a lo que creo y pienso, más que leal a lo que me gusta.
Hay 3 relatos que considero son los mejores de la obra. Por su estilo, por ser los que creo más King contemporáneo, por las situaciones que presentan y desde luego, porque son los que atrapan.
Apareció Caín: es un relato que nos adentra en la visión de un hombre, no digamos malo, llamémosle cruel y que no se detendrá.
El ordenador de los dioses: Me recordó a la clásica dimensión desconocida, al clásico King que puede hacer cualquier objeto el móvil de una pesadilla y a esas bromas recurrentes de “el genio maligno/del mal”. Muy creativo, sumamente envolvente y en mi opinión, el mejor relato del libro.
El hombre que no quería estrechar manos: Este es más clásico. Nuestro protagonista y narrador, nos cuenta un encuentro peculiar que tuvo en una fatídica noche de juerga con un hombre, que cuanto menos podemos decir que estaba maldito.


Recomendación.
Esta si la voy a tener más difícil.
No me cabe duda que este es un libro pata los amantes del autor pues, para bien o para mal, te aportaran algo, tanto en lo referente a conocer la obra del autor como a su evolución misma como escritor y personaje conocido.
Creo que en definitiva este libro gustara a la gente que adora a King, a los que son cazadores de primeras obras (como lo soy a veces) o a los que buscan los orígenes de la gente que siguen en sus lecturas.
Creo que sería inspiracional para los jóvenes autores leer que de verdad, puedes mejorar con el tiempo.
La gente que gusta de leer algo ligero, ya sea en su ruta diario o mientras espera en algún sitio o salita, lo encontrara grato y fácil de llevar y leer.

Únicamente no lo recomendaría a la gente que guste de trabajos más sólidos, de la prosa y narración actual del escritor o que simplemente gusta más de las obras largas que de los relatos.

Ni siquiera creo necesaria una restricción de edad. Claro que hay “escenas” graficas, vaya, es King. Y aun así, a veces es tan flojo que no creo que impacte a nadie. Lástima que de todas las cosas que dejo atrás King, esto fuera algo de ello.

2.5 de 5 Kai´s posibles o un 5.5 (que sube a 6, por los pelos) en la escala Kaifan del 1 al 10 para medir algo se lleva esta recopilación de relatos: Historias fantásticas, de Stephen King.

Eso sería todo por mi parte. Simplemente me gustaría aclarar que esta es mi opinión. Si tú estás de acuerdo o en desacuerdo conmigo, es válido. Tú opinión es bienvenida siempre y cuando sea expresada de manera asertiva

Un saludo a la distancia de parte de su compañero de letras y lecturas, Kaifan.

miércoles, 27 de junio de 2018

¿Ficción con valor moral?

Me interesaría saber si consideras que la ficción tiene un valor moral con la realidad y, de ser así, ¿dónde trazas la linea?

Dos preguntas, que me han tenido pensando de forma activa o pasiva en ellas, todo este tiempo. Ya me lo cuestionaba desde hace un par de años, pero el verlas materializadas de forma directa, a través de los dedos de otro amigo y colega, fue curioso.

En una época en la que el cinismo, la crueldad y la falta de sorpresa ante los horrores del mundo, de la humanidad, se vuelven la respuesta natural a lo que sucede, aparece esta peculiar pregunta.

Puedo decir que, de alguna manera tengo presente (como muchos lectores de fantasía), que este género no es tomado enserio por nadie. No tratare de hacer un ensayo de porque o repasar aspectos históricos. Me basta con decir que este género literario tiene su propia orden de premios (Hugo, nebula, locus), que a su vez se comparte con la ciencia ficción. Y esto da un gran margen para abordar el tema desde donde se deseé, por la razón que se quiera aducir. La mía es que una novela de este tipo, no importa como sea escrita o como sea innovadora en su manejo del lenguaje, nunca ganara un nobel de literatura porque en este género no existe nadie que sea capaz de maravillar con sus letras. Vaya, básicamente la literatura de fantasía (porque hasta en eso, la ciencia ficción está arriba de la fantasía), es más que nada un hobby, algo de risa, de broma, infantil, pues. Y por tanto sus aportes no son serios, no valen mucho.

Esa impresión me da cuando he tenido la oportunidad de escuchar o leer a gente destacada en el ámbito literario. Y la cosa no mejora si escuchas al lector común.

Básicamente a lo largo de mi vida, cuando he dicho que leo, obtengo algún tipo de desaprobación. Desde miradas burlonas hasta comentarios directamente mordaces aludiendo a que pierdo mí tiempo leyendo cuentos de hadas (este último comentario, me lo hizo una familiar). Sé que no soy el único. Los lectores de fantasía (en cualquiera de sus géneros, ya sea fantasía de seda, épica, de magia y espada o simplemente protagonizada por perritos y muchachas), estoy seguro que tenemos que atravesar por este tipo de situaciones en reiteradas ocasiones a lo largo de nuestra vida. Y esto tampoco se trata de un discurso incluyente, ni de que esto nos genera carácter o cualquier nimiedad así de alguna agenda o lobby de moda (esto último, dedicado a los conspiranoicos del mundo).

Nada más alejado de mi intención. Esto es solo una breve introducción a como es, a mi parecer, que la fantasía (y la ficción, en general) tiene todos los permisos para no preocuparse de nada social o moral. La fantasía no necesita educar, ni enseñar, instruir o forjar valores de ningún tipo. Tiene tantas licencias que si bien lo quisiera, podría ser peor que la más siniestra crónica sobre terrorismo actual. Sin nada de esfuerzo podría mostrar un mundo horrible que ninguna distopia jamás escrita pudiera describir. Hay tanta libertad, que los peores miedos sobre el infierno, serían algo de risa.

Porque la maravilla de ser considerada una especie de hermano mayor de la novela grafica (que recordemos, la novela grafica es ese hermano maduro del comic que no quiere ser confundido con ese muchacho sin sustancia, que es el comic), es que no levantaras revuelo de ninguna manera.

No ser visto, es una de las maldiciones/bendiciones más grandes que puede haber.

La fantasía me parece un ejemplo excelente por la premisa anterior. Quedaría más redonda mi ejemplificación si adoptara la novela policiaca/negra o la tan de moda en el país, narco novela. Es más, podría colgarme de una obra audiovisual, en cualquier formato y sería mucho más concreto y demoledor. Y aun así, me parece que mejor ejemplo no puedo tomar que no sea la fantasía en cualquiera de sus maravillosas vertientes.

El compromiso que adquiere la fantasía/ficción con el lector es muy grande, independientemente de sus diferentes peros o contras. No se trata únicamente de presentar un trabajo de calidad y que sea aplaudido por critica o por el populacho (y en este ultimo me incluyo, soy lector de a pie como cualquiera, antes que ser psicólogo o un escritor amateur. Siempre seré un lector común, y eso está bien. Aclaro porque así lo siento, más que por evitar herir susceptibilidades), que trascienda su género, sea premiado o haga que su autor ascienda al Valhala de la literatura/ficción de turno.

Va mucho más allá, pues finalmente, la ficción (en su totalidad), es una forma de expresar, de manifestar ideas y emociones. Todo buen discurso tiene eso, y al final de cuentas, todo manejo de la palabra llevara una carga que le haga inclinarse a determinada postura.

En nuestra fantasía clásica, el bien peleaba contra el mal y era algo muy claro y simple. El mal quería hacer daño al bien. Y los agentes del bien no pueden permitirlo. Y es así como he resumido la trama de 70% de todas las obras de ficción hechas. Un 20% restante son esas crónicas de vida cotidiana o que parece que no llevan a ningún lugar, más que la anécdota. El otro 10% es ese cine de arte aburrido de alguien comiendo por 7 minutos pastel… Perdón, lector/a constante, me deje llevar.

La manera en que muestras/narras/presentas algo, es un indicador de tu postura. Y es la forma en que muestras tu visión respecto a ciertos temas. Aunado al hecho de que es así como lo ves y lo sientes. Yo por ejemplo, detesto el cine de arte. En el párrafo anterior eso se hace evidente. No me gusta, claramente no lo respeto (pues me burlo), pero es mi opinión. Una opinión que puede ser aceptada, rechazada y siempre cuestionada. Desgraciadamente a veces, esas opiniones o puntos de vista, hay gente que los toma enserio e incluso los tergiversa.

No tengo a la mano nombres pero aun así, querido/a lector/a constante, piensa en cualquier noticia sobre “alguien” tomándose demasiado enserio “algo” y justificando así un “acto horrible”. El lugar común son los fanáticos de apellido religiosos. Ahora piensa en los fanáticos de las armas, en los social justice warriors, gente que apoya una causa social de manera violenta, muchachitos o muchachitas influenciables que creen que ellos también son –agrega aquí el nombre de ese personaje moralmente cuestionable y claramente nocivo- en turno.

Muchas obras de ficción (series televisivas, películas, obras literarias, videojuegos), aplaudidas por la sociedad, por la gente a pie, se escudan en decir que los hechos que presentan no tienen relación con ningún personaje verdadero, y que sólo son ficción.

Y entre líneas podemos leer: “no te lo tomes enserio, no lo pienses mucho. Soy una invención, una mentirita, no hago daño a nadie. Disfrútame”. Y eso estaría bien la mayor parte del tiempo. Me atrevo a pensar que incluso antes era algo sumamente simple. Escribías lo que te daba la gana, ya habría alguien que lo aplaudiría, ya habría quien quisiera que todos lo conocieran… y en contra cara alguien escupiría en tu trabajo y otro alguien trataría de censurar tu obra.

Por suerte hoy estamos en una sociedad que (en apariencia, en mi humilde opinión), permite todo con total libertad.

Desgraciadamente, la nueva censura es pensar diferente a lo establecido. Y es “nueva” porque estar en contra de la “libertad” de otros es censurar. Que ojo, no es lo mismo diferir que negar. Como sea, me pierdo.

La fantasía tendría la libertad de ser lo más nefasto en las letras, de mostrar lo más repulsivo sin tapujos y además se podría dar el lujo de ensalsar los horrores más grandes y las conductas más deplorables. Por dos sencillas razones. La primera es que la fantasía es un género “de a mentiritas”, como decimos acá, o en palabras más complejas, intrascendente y nulamente influyente en la humanidad y su devenir en el mundo. La segunda sería más o menos así: teniendo la libertad de poder hacer lo que quieras y que nadie te detenga, sin importar a cuantas personas ofende lo que hagas o pueda parecer molesto o peligroso, tienes autorizado hacerlo. Todas estas ideas progresistas y modernas te respaldan… y cuidado que alguien opine lo contrario.

Hasta aquí, podemos responder lo siguiente:

¿La ficción tiene un valor moral comprometido con la realidad? No. El autor se puede deslindar de expresar valores socialmente aceptados para con sus lectores. ¿Hay alguna línea que trazar? No. El cielo es el límite, si yo quisiera, podría escribir sutilmente en una novela de misterio como crear veneno y dar las medidas y métodos exactos e insinuar, que así es como se derroca un gobierno.

¡Y pobre de aquel que se atreva a incriminarme o rechazarme por tener estas ideas!

Y aun así, lector/a constante, ya sabemos cómo es esto… ¡Ay, vaya que sabemos!
Permíteme abogar, no por las buenas costumbres o los modales más adecuados… o peor, por los valores en turno. No, querido/a lector/a constante. Dame la oportunidad de hablar a la parte más radiante de la humanidad. Ese sector en nuestro ser (que está conformado de lo que tú quieras y creas), que nos empuja a ser mejores, a buscar el bien personal y común, a dar la cara y demostrar que por efímeros que seamos, merecemos trascender y cada minuto que estamos en esta tierra.

Permíteme hablar de la confianza que tengo en que somos capaces de vencer males terribles como: ese miedo que paraliza y nos obliga a segregarnos, la antipatía de extender nuestra mano o prestar nuestro tiempo a otros, la vanidad de creer que ninguna causa merece que invirtamos tiempo o piel en ella, el desprecio por lo desconocido, el cinismo de querer presumir que nada nos asombra y que somos entes insensibles. Y el peor de todos, el odio. El odio a todo. A lo diferente, a los que nos rodean, a veces incluso a nosotros mismos…
Bríndame la oportunidad, Lector/a constante, de creer en que podemos hacer mucho más de lo que solemos hacer. Que en cualquier momento, y no sólo en puntos de quiebre, somos capaces de entregarnos y dar lo mejor de nosotros. De que en cualquier momento y por mero gusto, rompemos nuestras cadenas, nuestros límites y aspiramos a ser mil y una veces más de lo que somos.

Juguemos a dar el beneficio de la duda. Ese en el que pensamos cosas tales como: que la amistad a veces sobra y basta para atravesar las grandes adversidades, que las sonrisas son encantamientos que pueden calentar a la más fría alma, que un niño alegre es uno de los mayores logros de la humanidad y de los adultos a su alrededor, que sin duda los lazos y la buena voluntad son más fuertes que cualquier temor, desconfianza o incluso desprecio. Creer, ferviente, religiosa y con conocimiento de causa por experiencia e ilusión, que el amor todo lo puede en verdad.
El amor en toda su expresión. Desde transmitir o sentir la emoción por otros o con otros, hasta destilarla en cada palabra o cada trabajo. Esa fuerza que parece que nunca tendrá freno y será, en la ficción y la realidad, el as en la manga y comodín por excelencia de nuestra especie.

Soy un romántico, me gusta soñar y divagar pero, tengo las ideas claras, todavía.

Si uno se compromete, si uno se entrega a lo que hace, buscara hacerlo más allá de lo requerido. Y no para romper barreras, por el reconocimiento, los beneficios económicos o el prestigio o infamia. Sino por que disfruta lo que hace y cuando algo se hace con esa pasión, otra alegría es compartir (no presumir, distingamos esta “sutil” diferencia).

Si uno llega al punto antes mencionado, verá en su obra, en este caso la fantasía/ficción literaria, algo más, y entonces, hará algo más.

¿Qué sería algo más? Ir más allá de crear una novela vendida o gustada, sino tratar de darle más esencia, de brindar una sustancia más rica a este trabajo. No hablo en cuanto al cuerpo como lo sería una trama solida, personajes profundos o un desarrollo hecho en ritmo y tiempo que los relojes le tengan envidia. Me refiero a dar un paso más allá.
¿Qué puede ser todavía más allá? Que el autor impregne esa obra de su ser, no nada más en sus letras o ideas, sino en sus sueños, intenciones y creencias. Eso es transgredir lo establecido. Que lo que hagas no solo lleve tu firma y característica mano de obra, sino que también dejes en ello un pedazo de ti. Parte de tu ser, esencia, ideas, alma o como le llames a esa parte intima y personal de ti.

Al hacer esto, nutres tanto a la obra, como a su submundo y a la realidad. Al mostrar opciones, al dejar ver otras caras y como otros transitamos una misma realidad que se nos quiere vender como idéntica para los millones de humanos que deambulamos por aquí, cuando en realidad no es así.
Con eso, al tener una postura, al mostrarte en parte de cómo eres realmente, ya te estás comprometiendo, tanto con la causa, con el género como con la humanidad.

Al haber llegado a ese punto, puedes darte el lujo de mostrar sin tapujos tu postura ante diversas cuestiones, morales en este caso. Es evidente que la moral es algo medianamente colectivo y fundamentalmente personal, y al ser un ejercicio de todos y único al mismo tiempo, al mostrar otra cara de una sola idea, estás haciendo algo que va más allá.

Es en este punto, donde me gustaría retomar las preguntas.

¿La ficción tiene un valor moral comprometido con la realidad? Definitivamente. No porque este obligada al ser una visión del mundo, como un genero o porque el autor este forzado. No tiene ni tendrá nunca el deber o la responsabilidad de educar e instruir. Sin embargo, no puede obviar el hecho de que tiene una responsabilidad, chiquita pero existente, en que es una idea (por reducir la escritura a algo tangible y comprensible), que se transmite. Al ser así, no es su deber moral educar pero, su deber es mostrar una visión (la del autor) de la realidad y aludir (de manera evidente o velada) a la grandeza de nuestra especie, que en una sola palabra, podríamos llamar como lo bueno. ¿Hay alguna línea que trazar? No. Lo bueno, lo positivo en la mayoría de acepciones, no tiene porque ser frenado. No creo que exista demasiado amor que lastime si es bien llevado con otras emociones y raciocinio para sazonar. Ni tampoco creo que se deba suprimir la tristeza o la crueldad, es parte de nuestra naturaleza y censurar lo que somos res mancillarnos… ahora bien, censurar no es lo mismo, ni de lejos que aplaudir o cuestionar algo. Mucho menos señalar la flaqueza o porque cierta conducta o acto agrede a nuestra familia, la humanidad. No debe haber un límite inquebrantable. Debe haber una responsabilidad honesta y genuina con lo que se hace.

Así es como podemos escribir sobre actos atroces, como el homicidio por ejemplo, y a través de un personaje (no necesariamente un discurso tratado sobre el bien y el mal a la Nietzche) y sus acciones o palabras, señalar que los seres que atentan contra el bienestar de otros por razones egoístas (o a veces las más honestas y coherentes), no son apreciados ni bienvenidos.

Imagina por un momento una narco novela que se cimentara en esta última idea y deje de romantizar a los villanos y hacer apología a su estilo de vida o decisiones. Cambia bastante, ¿no?

Me gustaría creer que podemos hacer lo último. Escribir de lo que deseemos, pero con criterio al hacerlo.

Finalmente, se que no siempre es así. Y las dos posturas, convivirán eternamente (me atrevo a creer) con nosotros.

¿De qué lado estas, querido/a lector/a constante?