Lirica libre, el lugar de las letras de un escritor novel que día a día, trata de ser mejor...

Esta es la historia de un hombre que continua luchando contra su destino... Y confia en que vencera.

domingo, 21 de marzo de 2010

Inmortal - Cuco

Si hay algo ke amo del blog, es ke no todos podran leer esto, sino solo la gente ke de verdad sea necesario ke lo lea. Esta es la primera vez ke, no me kejo de ke no todos cheken lo ke eskribo.

En memoria de un gran amigo y de una de las personas ke, desde ke le konoci, siempre me estuvo apoyando y moviendo. Hasta pronto Cuco.

Inmortal

“-No te olvidare.
-Eso es, lo que significa ser inmortal.”
Dialogo de la película “El Reino Prohibido”.

Fragmentos de historias, de recuerdos, de pasado glorioso, de cosas que ahora son lejanas, de lo que fueron alguna vez otras vidas, otros sueños. Todo eso se congrega en mi mente.

Hace unos días se había gestado una interesante discusión en cuanto a los límites de lo posible y lo imposible. Hay cosas que son intocables, cosas que no deberían ser tocadas por nada, y aun así son llevadas. Tantas cosas.

Transitábamos la calle de los insurgentes cuando yo cavilaba en eso. Realmente lo que todos sabían es que hablábamos de las diferencias que hay entre “mausoleo, cripta y derivados” haciendo énfasis en las grandes señas particulares de cada cosa.

Como sea, yo fingía estar en el momento, aunque magistralmente pudiera estar ausente.
Es difícil juntar tantas cosas en una lluvia de ideas y más si esta no es solo una lluvia, sino un granizo de ideas.

Se trataba de todo tipo de cosas, pero realmente en ese carro, pese a que íbamos varias personas, solo hablábamos él y yo de las criptas, era extraño que solo los ausentes, los que no vivieron con toda su magnitud las consecuencias, éramos los que más hablábamos.

Retazos de esa conversación sobre los límites del poder humano eran recurrentes.

Insurgentes invariablemente era una de las avenidas más vivas de la ciudad, siempre en movimiento, siempre caótica, siempre con gente, siempre viva en verdad.
Los rasgos que marcaban la diferencia entre cripta y mausoleo no terminaron en una conclusión seria, simplemente se dejo del lado el tema y así se zanjo la discusión.

Yo nunca había sido del tipo de persona que, (a mi manera de verlo) es cobarde y quiere regresar el tiempo, cambiar lo dicho, lo hecho, las decisiones. No, no era lo mío. Yo era orgulloso portador de mis cicatrices, decisiones y por consecuencia, de mi destino.

Pero el momento al que me acercaba, me hacia desear que jamás hubiera existido aquel fatídico día lleno de tantos sinsabores…

“-La muerte es irreversible”

Retumbo en mi una de las frases de esa charla y la mirada de él amigo que dijo eso. Llena de todo menos de calma, era como ver a alguien que tiene ganas de gritar, pero que, por recato moral se guarda sus palabras, ya sean buenas y malas.
Era la mirada de alguien que trata de mantener la compostura, y por error (uno de esos pequeños errores imperdonables, como dice otro amigo) sale de su garganta esa línea mal habida de una tragedia que esta fuera de lo establecido, nace esa frase que termina con el velo de “mantener la cordura”.

Yo me sentía así, yo estaba de esa forma. Yo estaba en una posición similar.
Yo detestaba esta situación, pero de todas las gamas de posibilidades, yo había elegido mi papel y me aferre a él. Deje de lado los quejidos y gimoteos y opte por el camino del orgullo, del recuerdo, el antaño, el que hiede a viejo. Opte por portarme como hombre.

En todo el tiempo que llevo caminando sobre este planeta (para muchos nada, como lo son los moradores de la eternidad, para los jóvenes bastante) nunca había sentido de esa forma tanto dolor y a su vez, jamás lo había confrontado con tantas y variadas formas de suprimirlo, de callarlo, de hacerlo menos, de no permitirle que me llenara y me hiciera su esclavo.

Yo me enorgullecía de que me portaba como hombre, pero realmente no sé si sea así. Nunca he creído en la critica u opinión ajena, pero en este momento (ayer, ahora y sin duda, mañana) me pregunto…No. Quisiera preguntarles a las personas cercanas a mí:

¿Lo he hecho bien?
¿Me comporte a la altura de las circunstancias?

Pero, temo oír la respuesta. Temo escuchar cosas que no me agraden, temo.

“No, si se puede contra eso…”

No son palabras textuales, evidentemente tengo el recuerdo de la conversación, pero jamás es tal cual, un recuerdo fiel en estructura. En esencia lo es ciento por ciento, en como lo recuerdo textualmente no.
Evocar no es uno de mis mayores atributos y menos de forma fiel, pero es agradable decir que siempre recuerdo la esencia detrás de esas palabras. Y jamás olvidare esa pequeña pero importante charla.

Llegamos al lugar. Llegamos a visitar a un entrañable amigo, no, a un querido amigo, colega y brodi.

Nunca había estado yo en una situación así, pero me dio pena decirlo así que me porte igual que siempre, después de todo, no había diferencia. Consciente o no de lo que me rodea, siempre suelo ir feliz por la vida sin temores y preocupaciones, ignorante de los designios que mi sino tenga deparado para mí.

Hoy si podemos pasar, se incrementa mi ansiedad. Todos vinimos a hablar con él, pero yo no sé qué decir. Incluso uno trae escrito lo que va decir y yo…yo no sé qué decir.
Es confuso, porque tengo tanto que decir, tanto que callar y a su vez, no sé qué podría decir, no sé que podría enaltecer esa visita, no sé de qué manera podría hacerla trascedente, que engrose a la lista de momentos importantes, no de mi vida, del universo.
Lo justo sería que el universo entero callara un minuto, que se detuviera el tiempo. La realidad es que somos nada y por nosotros, el tiempo jamás se detiene, excepto si estás muerto.

“Los amigos se encargan de que eso no sea así…”

No. Que error más grande cometí al pensar eso. El tiempo quizá se detenga si mueres, pero jamás lo hace si alguien te recuerda, si alguien te rinde, no una ofrenda o tributo de incuantificable valor, sino cuando un amigo te recuerda y te ofrenda sus lagrimas y recuerdos, sus alegrías y proezas, es decir, cuando estás en la memoria de alguien más, ni siquiera muerto puedes estar “quieto”.
Relativamente, claro está, pero ese es el consuelo para los que sigan en este lado.
Estamos ahí, de frente a él. Supongo que debí pasar primero, pero no sabía que decir, estaba hasta mareado de la zozobra de no saber nada.

De nosotros cuatro pasa uno. Toca y dice su nombre “aquí está el Mike” se hace presente y le habla de los recuerdos, de que lo quiere y demás.
Pasa el segundo de nosotros. Le habla de lo mismo, de que le extraña, de que lo quiere y demás. Finalmente todos dijimos lo mismo ese día.
Pasa el tercero. Lee lo que le había escrito. A todos se nos quebró la voz, pero aguantamos, fuimos fuertes. Le dice que lo extraña, le agradece todo y que lo quiere y recuerda.
Paso yo. Me rio como estúpido, le digo que no se qué decirle, pero en esencia, mis palabras dicen que le quiero, que le extraño y que lamento que no pasaremos más tiempo juntos y que me duele, como a todos.

Nos alejamos un metro o dos para ver su cripta, para hacernos a la idea de que esas cenizas, una vez fueron no polvo, sino un hermano, una parte más del gremio, de este gremio.
No lloro porque me parezca débil o porque crea que es de maricas, no lloro porque mi papel, el que al menos trate de llevar es el del tipo fuerte, el de que pese a las circunstancias quiere salir adelante, el que lleva con orgullo cicatrices y nombres grabados. El que quiere ser un hombre de verdad.
No lloro porque no quiero que los demás se derrumben y me sigan, es una especie de ley no escrita (una de tantas de esta vida) si alguien llora, los demás pueden sentir su llanto y acompañarlo. Por eso, todos nos mantuvimos firmes, se nos quebró la voz, pero de ahí no paso.

“Pero si está muerto, ya no está contigo”

Es verdad, ya no está. Lo extraño y duele un chingo. Nunca creí poder sufrir tanto más allá del dolor físico. Que iluso fui al creer que no se podía sentir peor.
Pero tampoco es verdad, es como las palabras, presente quizá ya no esta textual, pero en esencia, está en todos nosotros. Sin quererlo llenamos el hueco en nosotros adquiriendo algunas frases, actitudes o conductas del colega del gremio que se adelanto.

Nos llenamos a nosotros mismos, sin jamás llenar el espacio que dejo.

¿Por qué?

Porque Cuco siempre está ahí, el está con nosotros siempre. En un brindis, en un recuerdo gracioso, en una remembranza de llanto. Al reír Cuco lo hace con nosotros, al estar contentos Cuco estalla de emoción, al llorar él es ese aliento de consuelo, al dudar de seguir el es ese empujón que hace la diferencia.

Si, no está más entre nosotros, pero el dejo huella, el nos marco. “Deja tu huella en esta vida” dice una canción y Cuco lo hizo, no una vez, sino en cada persona que conoció e hizo algo aun más profundo que dejar huella, el toco corazones, el hizo amigos, el vivió, el fue un hombre él fue un chingón, el fue un hermano.

El se llevo muchas cosas, pero como en la alquimia, son estados equivalentes. Nos dio y brindo alegrías, risas, emoción, satisfacción, logros, afecto, compañía… Dio solo cosas buenas, por eso a su largo camino, se llevo eso, los mejores deseos.
Tuvo un legado también, nosotros somos la prueba de ello. Un nuevo acierto, una nueva nota alta, que alguien se supere, un proyecto que avance, un escrito que se publique en un blog, TODO es en honor a quien honor merece.

No era una persona que deseas emular, tampoco era alguien a quien vieras arriba o debajo de ti, el era un compañero de aventuras, colega de estudios, hermano de borracheras, el era eso y más, pero la palabra que lo define es que era un amigo.

“Es que ya no está, contra la muerte no se puede hacer nada”
“Si se puede, el puede seguir vivo en nuestro recuerdo, lo podemos llevar en nuestro corazón. El recordarlo, Cuco está vivo”

Jorge

Claro, esa no es la frase tal cual, pero en esencia, eso es lo que dijo.

No es la forma que me gusta de estar vivo, pero es verdad, el vive en nosotros, en nuestra memoria, a nuestra lado. Aun así, quisiera poder tocarlo, chocar copas otra vez, decirnos “pinche pendejo” y reírnos de que somos tontos, el hablar otra vez de psicología o de sus expectativas de la vida, ponernos una peda y cuidarnos entre todos.

Hay cosas que jamás volverán, pero aun así, es hermoso haberlo vivido aunque ya no sea posible y este dolor, aunque es algo horrible, jamás me perdonaría “sanarlo” a costa de jamás haber vivido un periodo al lado de Cuco.
Es preferible sufrir esto mil veces (aunque me haga llorar, me descarne o me destroce) a una vida sin jamás haber conocido y compartido con el buen Cuco.
Adelantarse “No es de cuates”, pero no pasa nada, en su momento estaremos lado a lado y teniendo tantas cosas que decir, solo te diré sonriendo “Pinche pendejo, te extrañe un chingo” y seguramente reiremos.

Un año ya sin ti, este cabrón. Con el tiempo será más llevadero, pero, mientras tanto, sufriremos solo un rato. Pero eso sí, no es para estar eternamente dolidos. Como tú has brindado tu cuidado a todos, bríndanos tu fuerza para seguir en pie y viendo al frente y recordando con alegría el pasado.
Un año, el primero de muchos.
Un pequeño tributo, un homenaje de mis memorias de lo que fuiste, no solo en mi vida, sino en la de todos los que te tratamos. Una pequeña y gloriosa forma de recordarte y decirte “amigo” que se, que donde quiera que estés, lo estás leyendo y estas pensando “Pinche Beto”.
Te extraño Cuco, te extrañamos todos mas bien, pero bueno, gracias por haber dejado huella en esta vida en nosotros, gracias por ser un ejemplo y motivo y sobre todo, gracias por haber sido tan buen amigo.

domingo, 14 de marzo de 2010

Deja Vu



Era un día lluvioso en la ciudad. Llovía poco, apenas lo que se conoce como “chispeando”. Era una lluvia agradable para los que aman las lagrimas del cielo y molesta para los que se la pasan quejando hasta de los mas mínimos detalles. Para todos los gustos y posibilidades daba cabida este día.
En la ciudad de México se daban miles de historias, en todos lados, en cada esquina, mínimo una por cada cinco personas. Este lugar no era la excepción.
Me encontraba en mi habitual puesto de trabajo en el centro de Coyoacán. Ahí donde la iglesia repiquetea con sus campanadas y sus años de historia o donde los mimos ambulantes y los vendedores de ramos de flores conviven a gusto mientras los transeúntes aprecian las jardineras y las baldosas de la plaza.
Trabajo en un conocido café del lugar llamado “Yellow” que está enfrente del mercado de Coyo (como le decimos de cariño al ancestral lugar de coyotes) y debo decir que en ese pequeño lugar me han tocado conocer un buen repertorio de historias.
A veces en un día no pasa nada fuera de lo común. Que si el divorcio, que si el café con la novia, con la amiga, que si la chela pa’ agarrar calor, que los chismes de comadres, en fin. Días sin movimiento inusual y días mágicos.
Hoy mientras llegaba al trabajo pensaba eso cuando me preparaba poniéndome mi delantal para atender a los clientes. Observaba con calma a mí alrededor y note tres historias interesantes.
La primera era de un joven que discutía con su ex-novia sobre lo pasado. La segunda era de dos amigos que se reencontraban y hablaban de un sueño. De la tercera historia tuve más noción de que trataba por el hecho de que la mesa estaba cerca de la barra de servicio.
En esa mesa estaba sentada una mujer que algún día había sido poseedora de una belleza radiante. No es que en ese instante fuera fea o estuviera acabada, pero algo en ella parecía agotado, cansado, ya no brillaba como antes; insisto, eso parecía.
Tenía el cabello largo y pelirrojo, con un par de ojos grandes y expresivos color café, una boca delgada como línea , de tez blanca como porcelana y una nariz recta. Su cuerpo era delgado y aunque su vestimenta era sencilla (es decir nada que resaltara su figura en exceso o fuera llamativa) su cuerpo lucia bien. Era una mujer hermosa, pero algo le faltaba.
Parecía triste y tomaba un café negro solo. Miraba la calle como si esperara que alguna respuesta entrara caminando y se le mostrase. Incluso sorbía su café despacio, como si estuviera a la expectativa.
Y da la casualidad, que su respuesta si llego de la calle.
Un chico de cabello avellana y parado en picos, pálido y larguirucho se le quedo viendo al pasar por ahí con las manos metidas en sus bermudas. Portaba unos audífonos de esos gordos como de DJ. Mientras la veía se despojo de los audífonos con una mano y la miro con más detalle y detenimiento.
Sus caras me sonaban de algún lugar, no sabría decir porque razón, pero me eran familiares. Me conforme con pensar que al trabajar en un café era muy normal tener esas ideas tipo Deja Vu acerca de los clientes, aunque, nunca me había pasado. Pero bien decían que para todo hay una primera vez.
El chico de pelos parados se decidió y entro al café. Se me hacia raro que fuera así, y más porque iba directo a la chica. Ella parecía aun en las nubes, como si mirara a través de él o no se percatara de que existía. El chico se acerco a su mesa y se paro enfrente de ella, titubeo pero al fin le dijo que si podía sentarse con ella.
Lo supe por su ademan de señalar la silla, ya que su voz apenas fue un susurro. La chica triste salió de su ensimismamiento y lo miro como si fuera la primera vez que lo veía en años. Algo dentro de mi presintió, por la sonrisa tan radiante que le dedico, que ese era el algo que la completaba.
Rápidamente tome una carta y me dirigí hacia ellos. Como para algunas personas las novelas o el cine es algo muy importante, para mí lo eran estas historias que se gestaban en el café, así que yo quería estar en primera fila.
Al llevarle la carta note rápidamente que eran desconocidos. No hablaban como si eso fuera un reencuentro inesperado, pero tampoco como si fuera amor a primera vista. Era una situación extraña.
Al estar más de cerca también note que la chica triste tenía una cicatriz que parecía reciente en la frente. No sabría decir si era de golpe o de una intervención médica, aun así, seguía siendo hermosa. El tipo la miraba tranquilo, pero sus ojos reflejaban algo más, parecía como si la extrañara, como si de verdad le doliera no poder rozar sus manos o sus mejillas. Era realmente extraño.
Regrese a mi puesto en vista de que nada inusual pasaba y de que tampoco ordenaba nada el sujeto. En el instante que llegue a la barra alguien me pidió con un gesto la cuenta y maldije por lo bajo.
La elabore a la mayor velocidad que pude y en un par de zancadas la lleve. Para evitar otras distracciones me espere al lado del cliente hasta que me diera el dinero. En el poco momento que había despegado la vista no había pasado nada aparentemente. Solo estaban hablando.
Aunque el solo era muy poco decir. Se trataban con cuidado, al menos el a ella. Ella parecía fascinada con él, creo que estaba enamorada, pero en su fisonomía adivinaba un poco de desconfianza, o extrañeza. Diría que en si era la segunda idea, ella estaba desconcertada. Como dije, ella trataba con cuidado, parecía que no quería decir o hacer algo que le hiriera. Me parecía raro.
El cliente pago y requería cambio. “¡Maldición!” atine a pensar, otra distracción más.
Sin dilatarme un solo instante tome el dinero en un puño y me apresure al mostrador a tomar el dinero. Una mirada de soslayo e tranquilizo al ver que seguían hablando tranquilos. Sujete las monedas, las conté dos veces y al ver que era el cambio correcto lo tome y con paso raudo se lo lleve al cliente.
Me quede ahí recogiendo, finalmente mi trabajo era primero, además, desde ahí veía aun mejor así que era un plus.
Al mirar de nueva cuenta a la singular pareja vi como el chico sonreía con amargura. Era de esas sonrisas de película, de esas que hacen los actores cuando mienten al decir que todo estará bien. Era el mismo gesto de dolor oculto en una falsa mascara de calma. Sus ojos de pronto se tornaron cristalinos. No derramo lagrima alguna, pero se notaba que hacia un esfuerzo contra natura para evitar que esa mezcla salada brotara de sí.
El chico hablaba para desviar la atención de la chica, lo hacía con calma para controlarse también. Ella le escuchaba atentamente, y observaba su boca, sus ojos, su pelo, lo analizaba en pocas palabras. Le miraba de la misma forma que un niño observa un juguete que tanto había anhelado, o como si se tratara de un sueño.
De cierta manera la entendía, quizá finalmente se hubiera enamorado del chico o algo así, a todas podía pasarnos. Finalmente, el amor llegaba de cualquier parte de donde menos podías esperarlo.
Finalmente recogí todo y lo lleve a la barra y de nuevo me propuse observar todo a detalle. Aun había gente en el local, pero todas parecían enfrascadas en sus mundos así que parecía tener campo libre para mi observación.
El chico parecía hablar de cosas más serias. Aunque su semblante se mostraba herido por soportar algún tipo de carga emocional, sus movimientos corporales indicaban que hablaba de algo de relevancia, incluso su mirada se había tornado diferente. Aun parecía contener un hondo sufrimiento, pero, había un brillo difícil de explicar.
El chico la miro nuevamente y se llevo una mano al bolsillo. Seguía hablando, esta vez tenía una cara de duda extraña, parecía alegre pero el temor ensombrecía un poco su rostro.
Saco de su bolsa un papel y una pluma. Anoto algo y se lo entrego a la chica.
Al levantarse arrastro la silla y sonrió, esta vez convencido y le dijo una última palabra. Se despidió con gesto de mano y se marcho.
La chica le siguió con la mirada y lo vio alejarse. Sentí algo de dolor, no acabo como esperaba la historia.
Hizo el ademan de que le llevara la cuenta y rápidamente lo hice.
Al estar al lado de ella me miro y sonrió ingenuamente.
-Sabes –Se detuvo y miro mi gafete- Vanessa, ¿No te ha pasado que sientes que conoces a alguien de hace tiempo? Recuerdas gestos, ropa y tono de voz pero, no el nombre. ¿Te ha pasado? – Me cuestiono tranquilamente.
-Sí, justo hoy- Respondí- Como un deja vu.
-Si algo así- dijo dubitativa- Siento que así fue con él. Toma- Dijo al darme más de lo que marcaba la cuenta- Por responderme.
-Gracias y que tengas buen día.
Todo estaba claro ahora. Calle el nombre de la chica porque todo vino a mí.
Ella había sufrido un accidente y había perdido la memoria, una buena parte de ella, y ese era su novio. Qué triste su dolor.
Había estado cerca de esa persona que le permitía ser radiante nuevamente y ni siquiera lo sabía.
Bien decía un célebre autor que no había mayor tristeza que no poder tener a la persona que mas amas cerca aun teniéndola tan cerca de ti.
Ahora entendía el dolor de aquel chico, y el porqué, ella y yo, habías tenido un deja vu.

viernes, 5 de febrero de 2010

No me olvides.

No me olvides es la historia de un guerrero posedor de grandes habilidades para el combate. Y se nos narran las aventuras que vive al tratar de llevar a cabo una una "empresa" que le fue encomendada hace un tiempo. Todo esto girando en torno a tratar de llevar a cabo esta "mision" y el cumplir una promesa...

Aqui dejo la mitad del prologo de la historia, sin más, vamos alla.

Prologo: Hacer como el qué sabe el Camino.

Parte Uno: Carta.





“Caminaba plácidamente por ese singular sendero al cual había caído hacia unos días por culpa de escapar de esos infelices asesinos que me buscaban antaño para hacer que mi cabeza dejara su puesto de vigía.

No tenían una razón aparente para matarme. Su mayor motivación probablemente era asesinar a cualquier sujeto que portara una espada, no se por que ni se a que se debería eso.
Yo siempre he tratado de ser un chico sencillo que no se mete con nadie, ciertamente busco estar siempre alejado de la gente precisamente para que no me meta en más líos de los que ya tengo.

Pero bueno, hay cosas de las que no podemos escapar, una de ellas sin duda alguna es el pasado y esas huellas intangibles y cicatrices imborrables que deja en el fondo de nuestro ser, o si, sin duda alguna el mas perverso de todos los carceleros es el bendito tiempo que juega a voluntad con nosotros…

Mi historia no trata sobre esa clase de menesteres, de hecho, mi historia gira en torno a situaciones e ideas tan simples que el más listo o el menos dotado de cerebro podría entender.
Me ataba a mi pasado una promesa, unas cuantas palabras que intercambie con una linda chica a la que yo conocía desde que era un niño. Me ata también a su recuerdo la vieja espada que porto en la espalda, pero sin duda alguna lo que mas atrapado al pasado me tiene es que esa niña es la mujer a la que yo amo y no quiero que me olvide…pero tampoco pienso mentirle.

No soy ningún tipo de heredero legendario de los que abundan por Terranova como suelen pensar muchos de los que me han de ver portando la espada, solamente soy un joven que busca un lugar tranquilo en el cual vivir…ese es el mayor defecto de mi vida, buscar una vida que sea sencilla y apacible, algo imposible hoy por hoy.

Mi historia sin embargo, me temo también, que es mas intrincada de lo que aparento, pero, aun así es una historia interesante que promete mucho, ya que es la historia de una vida llena de tormentos, sufrimientos y revelaciones que solo tenían una finalidad: “No me olvides”. Esas fueron las palabras que le dije a esa linda niña el día que partí a buscar aventura…hoy no se por que quiero regresar a su lado, pero de lo que estoy seguro es de que no puedo seguir con mas mentiras…

Contra el destino no debemos jugar y menos hacer las apuestas mas altas por que la mayoría de veces tenemos las de perder; sin embargo, el que no apuesta no gana y a veces hay que arriesgarlo todo para poder ganar todo también o en el peor de los casos, para perderlo todo.”

Así terminaba una carta que un aparente paria releía una y otra vez releía, siempre hacia lo mismo. Antes de mandar su correspondencia se la pasaba leyendo mas de una vez la carta que escribía hacia días, quizá lo hacia para mantenerse vivo, o para entender que era algo salido de su puño y letra…

Es así como un joven espadachín que no rebasa los 20 años de edad solía recordar como es que había terminado en ese abismo que lo atormentaba cada noche en la que corría con la desgraciada fortuna de pegar el ojo y poder soñar con su pasado…aunque esto le traía la esperanza de poder imaginar como forjar su futuro…y es así como empieza esta historia.

Caminaba el vagabundo con la espada atada con vigor a su espalda. Era en verdad un acero hermoso nacido sin duda de nobles metales y forjado con el amor de los mejores herreros; en el costado derecho de la cadera llevaba atada otra espada, esta estaba mas que gastada por el uso y había perdido toda su belleza dejando solo un negruzco mango a la luz.
En su mano derecha llevaba sujetada con esfuerzo una gran bolsa en la que aparentemente iban todas sus pertenencias y las cosas que pudo acumular a lo largo de su vida de nómada vagando de tierra en tierra en busca de su respuesta.

Llevaba varios días siendo perseguido por un grupo pequeño de sicarios que buscaban hacerse con su cabeza a toda costa, no importaban las penurias que tuvieran que pasar, por alguna extraña razón, su cabeza parecía valer mas oro que cualquier otra cosa, al menos en esos momentos de su vida.

Su indumentaria era algo llamativa pero no lo suficiente como para desviar muchas miradas. Un par de pantalones negros holgados de una tela que parecía ser mezclilla, una sudadera negra de manga corta abierta que mostraba solamente un peto de acero y unos pectorales y abdomen perfectamente trabajados. En el rostro una gran cicatriz le dividía la mejilla derecha y en el ojo izquierdo tenia otra gran cicatriz que iba de su ceja hasta por debajo del parpado en recta.

Un par de gafas sin embargo, cubrían esa cicatriz tan horrenda que llevaba el sujeto. Para hacer mas fiera su apariencia, unos dreadlocks que sobrepasaban sus hombros y tenían tonalidades miel y castañas le coronaban su cabeza, la tez blanca tostada por los días de sol y marcada por las pesadillas y malos tratos de la vida le daban un aspecto de moribundo, pero su complexión atlética y delgada decía todo lo contrario, además, con su imponente medida de casi dos metros, parecía todo menos un vagabundo común.

El joven era en verdad alguien misterioso. Caminaba altivo por donde estuviera, con gente o no en su camino. No cambiaba para nada la postura y parecía que estaba listo para matar en cualquier instante, siempre altivo, siempre alerta.

De repente, el joven se detuvo un momento delante de un pequeño paso de agua. Deposito su gran bulto cerca de ahí y se fue al agua. Una vez que el agua estuvo a dos pasos de el, se quito las sandalias y esas gafas obscuras que tenia puestas se las subió a la cabeza, se deshizo de la sudadera arrojándola sobre las sandalias y se alzo lo mas que pudo los pantalones y entonces se metió al agua…

--No hay nada más reconfortante que dejar que los pies reposen un poco caramba…--

El muchacho descansaba sus agotados pies en el agua. Pero mientras el disfrutaba plenamente de las bondades que la madre naturaleza le ofrecía, la banda de sicarios que le seguían salto de entre los arbustos y se lanzaron a darle muerte…

--Estaba conciente de que esto pasaría—Dijo con un pequeño suspiro—Solo me gustaría decir que un verdadero practicante de la espada no comete esta clase de imprudentes arrebatos de locura…--

Sin si quiera inmutarse mas allá de lo que había mostrado, con su mano izquierda desenfundo en un susurro el arma mas usada que poseía y con felino movimiento partió al mas cercano de sus enemigos por la mitad en un corte limpio.

Los demás sicarios se asombraron unos segundos, pero después se abalanzaron con fiereza sobre el vagabundo el cual seguía inmutable.
A todos los esquivaba con infinita facilidad, parecía que el ya estaba acostumbrado a los encuentros de espada contra numerosos enemigos, ya que sus movimientos mas que emular el recuerdo de una escena de batalla, parecían imitar las graciosas coreografías de algunas obras teatrales o de alguna danza grupal.

A medida que esquivaba y neutralizaba ataques del enemigo, el vagabundo también repartía estocadas con la espada y a su vez daba patadas y puñetazos como si sus extremidades fueran a su vez mazas poderosas, para tener una constitución no del todo imponente, (ya que a pesar de ser alto, su cuerpo aun marcado no era símbolo de dureza) el muchacho mostraba un gran poderío oculto.

Después de algunos minutos solo estaban en pie dos sujetos mas de los seis que le habían atacado. Dos estaban en el piso a sus pies, jamás volverían a levantarse; otros dos estaban en el suelo gritando de dolor, uno había perdido una pierna en un corte limpio y al otro con fino golpe de la punta le había sacado de su cuenca uno de los ojos el vagabundo y cortado de tajo el brazo izquierdo desde el hombro.

--Acérquense de una vez o lárguense—dijo frió el errante—Hoy no tengo ganas de oler mas su sangre de perros, así que les perdonare la vida si se largan…o acabare con lamisca si continúan aquí—
--Quien te crees que eres niño—Dijo uno de los sicarios con furia—El que nuestro jefe quiera tu cabeza no significa que por eso seas muy importante—
--Que irónico—Dijo el chico un poco divertido—Me lo dice un perro que me ha estado siguiendo desde que deje la capital de Lucrecia…--
--¡Calla ese hocico niñato!—Dijo el otro asesino empuñando en ambas manos su espada que tenia forma de media luna—Acabemos con esto de una vez. —
--Yo se los advertí…me porte a la altura de un caballero con ustedes…pero ese fue mi error—Su mirada cambio súbitamente—Porque uno no puede fingir lo que no es…vengan a enfrentar su muerte—

Los dos sicarios corrieron a la par contra el muchacho, uno de cada lado para al menos tener la posibilidad de herirle en un brazo o en una pierna y volverlo una presa más fácil de cazar.

El problema con los asesinos es que ellos querían hacer el trabajo que seis hombres en plenitud y buenos espadachines no habían hecho hacia solo unos minutos…

Con la espada el vagabundo se cubrió del primero, al segundo sujeto le propino una fuerte patada que lo alejo junto al cadáver de uno de sus ex-compañeros provocando que cayera de espalda contra el suelo.

El otro seguía dando golpes de espada que hábilmente el perseguido evitaba o repelía con su espada. En un momento de descuido del asesino que aun seguía en pie, el chico puso su espalda contra la suya y antes que otra cosa pasara le dio un fuerte golpe con el mango en las costillas…

Del golpe el asesino se doblo por la falta de aire, intento asestar un ultimo estoque a su enemigo, pero el de los Dread’s no se lo permitió atravesándolo con la punta de su espada desde el estomago.
Con fuerza descomunal lo alzo con ambas manos aun con la espada atravesada, y lo lanzo como si se tratara de basura junto al otro sujeto que miraba lleno de pavor que estaba solo, pues sus otros “compañeros” habían huido mientras se llevaba a cabo esa ultima escaramuza.

---Bueno…yo se lo advertí y no fue capaz de hacerme caso, muere por culpa de su necedad…igual que tu—
--No me mate por favor valiente guerrero—Dijo el sicario inclinándose—Yo solo quiero ganar dinero…te-tengo una familia sabes…--decía cada vez mas nervioso—Mis hijos…o dios como los amo…--
--Bien. Me gusta ver que aun hay gente entregada a su familia—Alza la espada y la apunta a la cara del asesino—Sin embargo no quisiste elegir tu salvación cuando te di oportunidad, por eso quiero que tomes tú espada y te prepares a pelear por tu vida…--
--Por favor…--De sus orbes brotaron lagrimas de desesperación—No me hagas esto…--
--Te haré solo lo que tu querías hacerme a mi asesino—Dijo el muchacho clavando sus pupilas en el tembloroso enemigo—Además, no me obligues a matarte con la espada de tus compañeros. Desteto a los cobardes y ni si quiera a mi “Espada Bastarda” le permito probar la sangre de cobardes como tu…Así que toma tu arma, ponte de pie y acabemos con esto…--
--¿Acaso tu no conoces la misericordia---Dijo chillando el hombre que aun temblaba presa de pánico-- ¿Qué clase de bestia eres tú?—
--No soy ninguna bestia—Dijo serio—Soy un hombre que te dio a elegir…creíste que sabias todo y que podrías matarme, pero no fue así. –Le observo unos segundos y empuño la espada—Ahora te enfrentaras a la muerte por haberte juzgado mas importante, por haber creído que sabias cual era el camino—
--N-no…no puede ser…--
--Así será. Ahora, enfunda tu espada…lo decidiremos todo con un solo movimiento y dependiéndole tu habilidad vivirás o morirás…--
--No eres quien….no eres quien para decidir si vivo o muero—
--No soy nadie tienes razón, por eso…será mas triste que un asesino sin nombre mate a un asesino aun menos importante—

Las palabras cesaron en esos momentos en el lugar, solo podía escucharse el hipnotizante sonido del agua del pequeño rió correr y el canto de algunos pajarillos que lentamente callaban ante un momento tan tenso como ese.
Los dos se alejaron unos metros, iba a ser uno de esos duelos de “desenfundar y golpear”. Era una de las formas menos bárbaras y dolorosas de arreglar las cosas, sin embargo, con todo y los métodos menos salvajes, la espada tomaría la vida de alguien en ese lance…

El vagabundo que se recocía a si mismo como un asesino también lanzo al aire la señal: una pequeña moneda de bronce, las de menos valor en el mundo de Terranova, pequeña y opaca.
La moneda giro en el aire, parecía que era eterno su movimiento, y entonces, empezó a caer lentamente cerca del cadáver de uno de esos sicarios…

A unos segundos de que cayera el sicario no pudo más; con determinación de loco soltó la espada y corrió en dirección contraria a su enemigo para salvar la vida…

El vagabundo simplemente emitió un leve suspiro, se inclino junto a uno de los cadáveres, tomo la espada que estaba a su alcance. Entonces dio un giro brusco de caderas, roto sobre si mismo dos veces y entonces lanzo la espada en dirección a donde había huido su “pareja” de duelo…

Habrán pasado apenas dos o tres segundos de silencio total y entonces se escucho un golpe atronador y el grito desgarrador de un hombre que se atragantaba con sus lagrimas de dolor.

El vagabundo camino sin importarle sus cosas o los cadáveres en esa dirección hasta que encontró en el suelo la espada apuntándole con el filo hacia el y el mango hacia el mismo sujeto de antes que se arrastraba para salvar la vida.

--Vaya…te tenia pensado herir atravesándote las rodillas…veo que calcule mal—Mintió el Vagabundo—Y te dio con el mango…--
--Por favor…por piedad…no me mates…--
--Bueno…--El Vagabundo tiro al lado del sicario la espada y se dio la vuelta—Va contra mis principios atacar a alguien herido y que se arrastra…puedes irte, ya no me interesa matarte—
--No sabes como te lo agradezco…--
--No lo hagas—Dijo serio el Vagabundo—Ambos somos asesinos, no hay mas que hablar en ese respecto…si no te mato es por que…no hay razón para hacerlo—Mintió por segunda vez el vagabundo—Ahora me iré y no quiero volver a verte…--

El vagabundo se alejo caminando tranquilamente entre la espesura de ese bosque otra vez sin mirar atrás, en el fondo, estaba en paz consigo mismo por haber tenido la oportunidad de haber logrado salvaguardar una vida (por mas inmunda que esta fuera) del yugo de su espada.

Si bien el chico había dicho muchas cosas con frialdad sobre el matar y el asesinar y el modo de vida de los sicarios, lo cierto era que en el fondo, el tenia pesadillas desde hace años, desde que había matado a su primer “enemigo” y no le gustaba matar, más que cuando era necesario…

--Bueno…al menos ya podré hacer el camino de regreso más tranquilo, no creo que pase nada mas…o al menos eso espero…no quiero que más sangre corra de manera innecesaria…sea de inocentes o no…--En ese momento el joven apretó los puños con fuerza hasta que perdieron el color—Por que finalmente…son vidas humanas las que trunco cada vez que mato…--

Su mano derecha toco inconscientemente la espada de su espalda que no había desenvainado, la acaricio y parecía que se podía leer en su semblante como la calma inundaba su ser una vez más…

--La “Espada Bastarda”…y la “Espada Templada”. Quién diría que al final yo sería poseedor de dos armas que no tienen comparación…y que a su vez me las darían dos personas también tan opuestas…la espada asesina me la dio el Maestro Grant, y la espada del héroe me la dio el Maestro Van…que cosas—

El Vagabundo soltó de sus orbes unas lagrimas otra vez, pero esta vez no eran llamadas por el dolor o el remordimiento al rostro del joven, esta vez, las lagrimas jugueteaban entre los contornos de sus mejillas del vagabundo por que el recuerdo había llamado a su memoria, y la melancolía había aparecido en su corazón, una melancolía y una nostalgia que hablaba de su pasado.
Un pasado triste y lleno de pruebas que le habían impuesto infinidad de personas.
Batallas que debió librar lleno de fe e inexperiencia, peleas que llevo hasta sus máximas consecuencias por el amor a matar, peleas que perdió por el miedo a tomar una espada, cicatrices que adquirió en su camino y a su vez cicatrices que hablaban mejor de nadie del joven.

--Bueno, ha llegado la hora de partir—Dijo el chico más entusiasta—Pero antes…--Observando a los cadáveres que aun estaban ahí—Habrá que enterrar a estos tres sujetos para que puedan descansar en paz y no perturbemos a nadie que llegue a pasar por aquí…--

Con algo de pesadez en su cuerpo, el joven tomo la espada más cercana y empezó a tratar de hacer una fosa. La espada servía excelentemente de palanca para mover piedras y para afloja la tierra, pero para sacarla el chico tuvo que deshacerse del peto que le cubría buena parte del torso y pecho para poder quitar la tierra. No escatimaba esfuerzos en hacer lo que él creía correcto respecto a los cadáveres…

Después de un par de horas de esfuerzo y dedicación de su parte a cavar la tumba de sus enemigos, el chico pudo tumbarse ante el sol que ya se estaba ocultando y descansar un poco.
Realmente estaba exhausto, ya lo había hecho antes y cada vez que le pasaba sabía que necesitaba comprar una pala en el pueblo más cercano, pero siempre se le terminaba yendo de la mente esa tarea, o era perseguido por alguna nueva panda de asesinos y terminaba huyendo de ellos, como ahora.

--Bueno ya todo está al fin listo…ahora si podría descansar—Sus parpados se cerraban lentamente---Y al fin…podré…descansar…--De un salto se levanta—Aun no puedo dormirme—Dijo el chico en voz alta—Debo ponerme en marcha a la siguiente ciudad y mandar esa carta…ya no me falta mucho…unos dos meses a lo sumo mas y estaré allá de nuevo—

El chico con algo de pereza aun en su cuerpo se levanto y empezó a lavar con sumo cuidado y esmero el peto que había usado de pala.
Parecía estar hecho de una interesante amalgama entre el orichalcum y un acero desconocido. En el frente se podía ver que en algún tiempo había tenido incrustadas piedras, pero ahora ya solo quedaban los huecos.

El chico seguía lavándolo con cuidado, al final de que lo dejo brillante (o eso pensaba el) se lo puso a la cadera con las cintas que lo ataban y se lo llevo ahí para que se secara.
Se echo encima su sudadera negra, agarro el gran morral blanco y se lo hecho a la espalda. Antes de irse enjuago también la espada asesina en el agua cristalina y recitos unos pequeños versos en honor a los muertos y emprendió su camino a la espesura del bosque.

La razón era simple, quería alejarse de la gente que lo seguía y así poder recuperar fuerzas. Llevaba incontables noches sin poder dejarse atrapar por los brazos del encantamiento del sueño por su temor a tener que verse metido en nuevas peleas y tener que verse en la necesidad de hacer correr nuevamente sangre que no fuera necesario derramar…

Pero no estaba seguro de añorar tanto a ese ingrato sueño, puesto que, cuando lograba cerrar los ojos y entregarse al poder de su inconsciente, siempre tenía las peores pesadillas que le pudieran atormentar a alguien con un pasado tan…peculiar.

Caminó por entre los árboles un tiempo indefinido, cuando su cuerpo no pudo resistir más la fatiga, se dejo caer de lleno sobre la gentil hierba y se acurrucó aguardando por el tan añorado e indeseado sueño…
Siempre hacia lo mismo. Cuando tenía ganas en verdad de descansar se fatigaba al extremo de que su cuerpo, no pudiendo resistir más, se “apagara” y cesara actividades, haciendo que él cayera inmediatamente. No era tan mal habito después de todo, pero su problema radicaba en que siempre terminaba golpeado, la única ventaja, es que esa práctica la hacía porque él ya conocía sus límites…